LA TRAGEDIA DEL SUPERMÁN CALEÑO

LA TRAGEDIA DEL SUPERMÁN CALEÑO

En un cuarto de menos de cinco metros, en una casa del barrio La Rivera, de Cali, en encuentra un Supermán , débil y triste.

24 de enero 2005 , 12:00 a.m.

En un cuarto de menos de cinco metros, en una casa del barrio La Rivera, de Cali, en encuentra un Supermán , débil y triste.

Su saludo amable y una mueca que simula una sonrisa compensan la nostalgia que se respira en la pieza, donde un retablo con fotografías da cuenta de sus hazañas. Es lo único que queda de la historia del hombre de acero de Superlandia, el espectáculo cómico de los llamados enanitos toreros.

Desde el 15 de noviembre, cuando un balazo lo dejó parapléjico, él ya no es el superhéroe que, usando una muleta, embestía novillos y volaba sobre ellos, en espléndidas acrobacias que combinaba con chicuelinas, verónicas y pases, todo ello gracias a que fue aprendiz de la Escuela Taurina de Cali.

Como el verdadero Supermán, este también tiene otra identidad. Es John William Hernández, caleño por adopción, de 1,62 metros y chofer de un bus. Al arrancar cada temporada de toros, junto a su cuadrilla de 7 enanos toreros, cuatro cómicos y la banda de músicos, dejaba el bus estacionado y se metía de lleno en el show cómito taurino.

"Eran tres horas y media de espectáculo", dice el hombre de 32 años postrado en su cama, donde vive un drama al estilo del fallecido actor Christopher Reeve, protagonista de cuatro películas del Hombre de acero y quien a los 42 años quedó cuadripléjico en un accidente ecuestre.

El proyectil, según el Supermán criollo, un 7,65 milímetros, le atravesó una de sus vértebras, giró por el páncreas, el hígado y el pulmón derecho. Ahora permanece a un lado de una de sus costillas y es posible tocarlo a través de su piel. Esa bala le causa una paraplejia que él se resiste a digerir.

Tiene la esperanza de que cirujanos de Cuba le devuelvan la posibilidad de caminar. "Eso es todo en lo que pienso. Tengo tres hijos que sostener", dice.

El 15 de noviembre John William fue al control de una empresa de buses en el barrio Pízamos, donde guardaba el vehículo que conducía. Recuerda que alguien le dijo que Tatuaje , como es conocido un malandro del sector, lo iba a atracar.

"Yo lo enfrenté y le pregunté si me iba a robar, pero no me respondió", dice. Minutos después sintió un dolor eterno que lo tiró al piso.

Lo demás fue un trajín de once cirugías, de dolor e impotencia. Desde ese momento su capa azul, el traje, las botas y la muleta, dejaron de ser su gran tesoro. Fue el segundo golpe en su anhelo de salir por la puerta grande. El primero lo sufrió a comienzos de los 90 en una corraleja en El Bordo (Cauca), cuando no pudo matar un novillo que era más grande que él.

"Supe que no sería matador. Por eso me preparé como cómico y acróbata", dice mientras recuerda que emulando al superhéroe voló por 23 países y recorrió durante siete años los más recónditos lugares de Colombia.

Con voluntad trata de capotear su realidad de medicamentos, sondas, gasas, pañales desechables y una silla de ruedas donada. Gladis y Lida, dos vecinas, se han convertido en su mano derecha mientras sus padres y su esposa buscan recursos.

Se trata de una maratónica carrera para completar 11 millones de pesos que le cuesta la estadía en Cuba mientras los médicos lo valoran. El tiquete de ida y regreso fue donado por la empresa de transporte en donde laboraba. La cita en la isla es el 27 de enero.

FOTO.

John William Hernández, Supermán .

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