REPOSO DE VOCACIONES

REPOSO DE VOCACIONES

Cualquier universidad con sólo dos graduados al año seguro quebraría. Pero a la Iglesia estos asuntos terrenales no parecen preocuparla. Porque en los 83 seminarios mayores que en Colombia pueden profesionalizar el sacerdocio, sólo 190 personas fueron ordenadas en 1989. Para el 88, la cifra fue de 171. Es decir, como dos sacerdotes por institución.

27 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Y algo similar ha ocurrido durante la última década en todo el país. Se puede hablar entonces de una crisis? El sacerdote Humberto Lugo, director encargado de la sección de seminarios y vocaciones en el episcopado colombiano, afirma que se trata de la educación de los ministros de la Iglesia, por eso los gastos son los primordiales.

Según los datos del episcopado colombiano, en todo el país existen 125 seminarios mayores y menores. En ellos, la cifra de seminaristas para 1989 alcanzó a los 3.833. Estas instituciones que dependen ya sea de las diócesis o de las distintas comunidades, tienen grandes gastos y pocas entradas.

Lo que pagan los estudiantes no alcanza para los gastos. En el Seminario Mayor de Bogotá, por ejemplo, cada uno de los 180 alumnos aporta el equivalente de 200 dólares (120 mil pesos) por semestre. Esto alcanza para un 40 por ciento del total, el resto corre por cuenta del seminario.

Para los seminarios menores la situación es similar. En el Seminario Menor de Bogotá, por ejemplo, del sexto al undécimo grado hay un promedio de 15 alumnos por curso. Entre todos no suman 120, y las mensualidades, que van de 7.500 a 8.500 pesos, no alcanzan para pagar ni el mantenimiento ni la nómina.

El sacerdote Alejandro Henao, su rector, afirma que de ningún modo podrían sostenerse con las pensiones y que no son subsidiados por la curia. Su mantenimiento se debe a donaciones específicas y venta de terrenos de su propiedad.

En Bogotá se pensó en modificar el sistema, pero las soluciones propuestas no dieron resultado. Se planteó, por ejemplo, que las parroquias sirvieran de base para la formación de jóvenes. Así, grupos vocacionales se encargarían de suplir la labor evangelizadora que a la vez serviría para desmontar algunos grados menores, pero ante la falta de organización, sólo quedó regresar al sistema tradicional. Además, un bajo porcentaje de alumnos entra en el seminario mayor a proseguir con su carrera. En seminarios como los menores de Popayán, Tunja y Pereira, por ejemplo, el promedio de alumnos que continuaron con sus estudios sacerdotales es de sólo ocho.

En los seminarios menores existe el sistema de internado, pues hay estudiantes que viven en pueblos cercanos o barrios muy distantes. En general son alumnos con pocos recursos. Además existe la creencia de que esta educación saca al alumno de su mundo. Por esto, la actitud reacia de muchos padres al no querer que sus hijos ingresen al seminario. A esto, el sacerdote Henao responde: Si se trata de retirarlo del ambiente negativo en que vive, mucho mejor .

Trabajan a pérdida pero siguen tratando de recibir sólo a aquellos que tengan alguna inclinación religiosa. Y esto también influye en las cuentas de cada seminario.

Para quienes se presentan, la aceptación significa una buena oportunidad. Pero continuar con la educación religiosa, es otro asunto.

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