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LOS CIEN AÑOS DEL CINE

LOS CIEN AÑOS DEL CINE

El cine está cumpliendo 100 años, los cuales se celebran con la mirada fija en el pasado, como si el cine, el verdadero cine, el que vale la pena evocar, se hubiese detenido en los años 50, antes de que se iniciara el forcejeo entre la pantalla grande y la pantalla chica. Tanto es así que los productores de Hollywood no ven otro camino para avanzar que volver a recorrer los atajos de antaño, realizando segundas partes de Lo que el viento se llevó , de Casablanca y de todas aquellas películas que siguen proyectándose en la nostalgia, tanto del público como de la industria misma. Qué pasó? Cuál es la causa para que el cine de hoy, multimillonario en recursos, sea incapaz de dejar huellas tan profundas en la sensibilidad colectiva como las que dejaron aquellas viejas cintas? A lo mejor no es justa esta apreciación. A lo mejor no hay tal de que el cine de ayer sea mejor que el de hoy. A lo mejor yo parto de una percepción distorsionada, debido, precisamente, a la nostalgia. Mi niñez

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
30 de junio 1994 , 12:00 a. m.

Eran realmente esas películas o acaso el recuerdo magnificado del espectador lo que hoy plantea tan rotundas diferencias de calidad entre el cine de entonces y el actual? Téngase en cuenta que los niños de los años 40 no teníamos mejor entretenimiento que la llamada pantalla de plata. Dentro de nuestras expectativas, los días de la semana y sus rutinas -sus madrugadas, el rigor del colegio, los juegos callejeros y las series radiales antes de ir a dormir- no eran sino compuertas que se iban abriendo para desembocar por fin en esos gloriosos domingos de cine.

La primera película que recuerdo haber visto fue La pequeña coronela con Shirley Temple, la prodigiosa niña de los rulos de oro y mi novia oficial, sin que ella se enterara. Creo que vi todas sus películas, como todas las de Chaplin, las de Tarzán -cuya selva africana recorrí no hace mucho en los alrededores de Acapulco-; las de los Hermanos Marx, de los cuales Harpo era mi preferido; los clásicos westerns con John Wayne, Clark Gable, Erroll Flyn, James Stewart y Gary Cooper como protagonistas, quienes, junto con Tyrone Power, Frank Capra y William Saroyan, a veces alternaban su indumentaria de cow-boys o de espadachines con los uniformes militares que los convertían en héroes cinematográficos de la guerra; no me perdí una sola película de la serie de Bill Barnes y de Tim McCoy; ni las argentinas de Carlos Gardel y Luis Sandrini, ni tampoco las mexicanas de Cantinflas, de María Antonieta Pons, o de la pareja romántica que formaban la bellísima María Félix y el apuesto Jorge Negrete.

Una de las películas que más me impactaron a los siete años fue El mago de Oz , y dentro de sus fantásticas escenas, aquella que muestra - en el lugar más azul del cielo - a los niños que aún no han nacido, apelotonándose para abordar la barca que los conduciría a la vida, niños entre los cuales yo trataba de reconocer a Percy, el hermano que me anunciaba mi madre para dentro de dos o tres meses. A partir de este hermoso filme -tal vez el primero que vi en color- sustituí en mi corazón a Shirley Temple por Judy Garland. Y de ahí en adelante ese cine, que empezó a abrirse paso como un riachuelo, fue creciendo junto conmigo, hasta desbordarse en las fabulosas producciones de Cecil B. DeMille, Los diez mandamientos , Rey de Reyes , Cleopatra y El mayor espectáculo del mundo . Ya el amor no era hacia una estrella determinada, sino hacia todas, porque cómo amar sólo a Ava Gardner sin provocar los celos de Rita Hayworth y de Greta Garbo... y de Liz Taylor y de Brigitte Bardott? Luego fue el cine italiano, las obras maestras de De Sica, de Fellini, de Visconti, de Antonioni, que impusieron su propio santoral, presidido por la Loren, la Lollobrígida y Mastroianni.

Será nostalgia, realmente, lo que le hace a uno decir que ni Stallone y los dinosaurios de hoy -con todos los maravillosos efectos electrónicos que los respaldan- logran sustituir en la memoria el recuerdo gozoso de aquellas viejas películas? Y será por eso también por lo que ahora el cine, para recobrar su viejo esplendor, tiene que recurrir a segundas partes, a pesar de que nunca fueron buenas?

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