PASEO PAISA

PASEO PAISA

A las cuatro de la tarde de un sábado, el Pasaje Junín está lleno de jóvenes, señoras de compras y hombres maduros... Ahí está la más completa muestra de lo que es Medellín, un público que llega de barrios donde no existen centros comerciales y convierte al Pasaje Junín en el más democrático lugar de encuentro, de compras y de exhibición. Lo que ahora se llama juniniar. Los antiguos habitantes del centro miran con nostalgia el Pasaje. Añoran aquellos tiempos en que iban los jóvenes a divertirse y enamorarse.

27 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Ahora se ha perdido gran parte de la tranquilidad como consecuencia de la misma evolución de la ciudad. Pero por la falta de espacios públicos en los barrios periféricos y comunas populares, el pasaje continúa como centro de referencia de la ciudad, así sea un espacio esencialmente comercial.

Es una calle peatonal de dos cuadras, entre la Avenida la Playa y el Parque de Bolívar, con piso de adoquines. Al lado y lado, docenas de almacenes y las entradas a cinco centros comerciales que, partiendo de Junín, van a salir a otras calles.

Hay de todo: muchos almacenes de ropa, joyerías, almacenes de cámaras fotográficas, venta de flores, reposterías, librerías, cuatro teatros, bancos, restaurantes de comida rápida y cafeterías que reemplazaron a los viejos cafés.

La carrera Junín o El Resbalón es mencionada desde 1786, pero en esa época sólo llegaba hasta la quebrada Santa Elena. En 1847 se extendió hacia el norte.

A fines del siglo pasado, Junín era una calle de casas coloniales de un piso. Para cruzar la quebrada Santa Elena, hoy cubierta y convertida en Avenida la Playa, había un puente de madera, en cuyo zarzo dormía el bobo del pueblo, que le tiraba piedrecitas a quienes pasaban por el lugar. De ahí surgió la versión de que habitaba un espanto.

Una fotografía amarillenta de 1910 muestra a Junín con varios arrieros enruanados, detrás de mulas de carga. La calle está compuesta por caserones de un piso, con inmensos portones y ventanas de gruesos barrotes.

Ya en fotos de 1940, el Pasaje se ve transitado por mujeres vestidas en forma elegante y hombres de paño y sombreros de fieltro; algunas casas coloniales blancas han sido reemplazadas por sólidas edificaciones grises, de estilo francés, con fachadas y cornisas bien acabadas.

En 1944 la Alcaldía, por decreto, le dio uso restringido como calle comercial y residencial en la que no habrá edificios industriales o fabriles .

Pero de los años 60 en adelante, su arquitectura perdió toda la unidad que le daban los edificios de estilo ecléctico.

Uno de los últimos episodios de repercusiones sucedió en 1967, cuando el viejo Teatro Junín, una joya arquitectónica inaugurada en 1924, símbolo de una época, fue demolido para dar paso a la construcción del Edificio Coltejer, nuevo símbolo de la pujanza industrial de los años 60 y 70.

También desapareció el Café la Bastilla que, según recuerda Uriel Ospina, en su obra Medellín tiene Historia de Muchacha Bonita, fue el sitio de tertulia de los intelectuales antioqueños como Tomás Carrasquilla, León de Greiff, Efe Gómez, Otto de Greiff, Luis Cano y Ricardo Rendón, entre otros.

En 1968 la administración municipal destinó la parte de Junín, entre la Playa y Caracas, como pasaje peatonal.

Pero con el derrumbe de las edificaciones de fachadas y portones cuidadosamente tallados, se acabaron los símbolos que unían ese espacio a la vieja clase alta de la capital antioqueña, que vivía en barrios como Boston y Prado, aledaños a Junín. Terminaron viviendo en Laureles y El Poblado, en la periferia de la ciudad, donde también se construyeron lujosos centros comerciales y supermercados.

Ahora, la arquitectura del pasaje está en función del comercio. Pero Junín, todavía permite caminar con cierta tranquilidad, porque es peatonal, y juniniar sigue siendo un programa delicioso, al que ningún turista puede sustraerse. ULTIMAS REFORMAS La arquitecta de la Universidad Nacional y master en urbanismo, Beatriz Gómez Salazar, ha dirigido varias investigaciones universitarias sobre el Pasaje Junín como hecho urbano.

Junín dice Gómez no funciona como conjunto arquitectónico, pero sí como espacio público. Sí suscita identidad, y la misma gente del comercio del sector ha tomado conciencia de lo que significa. La identidad que suscita no es tan recreativa como antes, cuando se paseaba con más tranquilidad. Pero sí hay puntos de encuentro. El concepto de pasaje es reciente en nuestro medio, algo novedoso de los años 60. Se rompe el esquema de manzana y se crea un espacio para el peatón. Ese concepto de pasaje peatonal llegó aquí con un siglo de atraso.

El Edificio Coltejer funciona como una antesala de Junín. La arquitectura del edificio no es la mejor, la plaza que conforma su parte baja apabulla, es de transición, de encuentro, pero no convoca nada. El Club Unión, es un patrimonio, es lo único que queda. Su fachada no le dice a uno tanto como su interior, que es muy agradable. Esa edificación es una islita dentro de todo lo que está destruído. Todo se fue dividiendo en locales comerciales .

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