ECONOMIA LATINOAMERICANA: SE NIVELA POR LO BAJO

ECONOMIA LATINOAMERICANA: SE NIVELA POR LO BAJO

América Latina entró en 1990 con la idea de borrar los estragos económicos de los años 80. El objetivo era iniciar la última década del siglo con unos resultados que permitieran recuperarse de lo ocurrido en la famosa década perdida . Pero no se pudo. Y, lo peor, parece que en los primeros años de la década del 90 no se logrará. La lentitud en resolver los problemas de la deuda externa, los duros programas de ajuste adoptados por varios países, la alta inflación, los visos de recesión económica en varias naciones desarrolladas y el alza en los precios del petróleo por el conflicto en el Golfo Pérsico, imposibilitaron las metas; hasta tal punto, que la economía latinoamericana en vez de crecer, cayó en 0.5 por ciento, en promedio, el año pasado.

27 de enero 1991 , 12:00 a. m.

Ese comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) regional, que ha pasado un tanto inadvertido, es más preocupante de lo que parece a simple vista. No obstante las dificultades, durante 1989 la economía regional había crecido 1.5 por ciento y no registraba una cifra negativa desde 1983, cuando cayó en 2.7.

Los anteriores indicadores preliminares, revelados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), indican que cada día es peor la situación de los habitantes de la región. Por tercer año consecutivo el PIB per cápita registró un descenso y en diez años ha caído diez por ciento.

No podía ser de otra forma con un crecimiento económico promedio de 1.2 por ciento entre 1981 y 1990, frente a un crecimiento de la población que supera el dos por ciento anual. Incluso, hay que recordar que la situación no es peor gracias a que unos pocos países con buenos resultados han influido para que las cifras globales no sean más deprimentes.

Como es apenas obvio, hay buena parte de culpa del comportamiento económico mundial, porque la región depende mucho de lo que ocurra en Estados Unidos y Europa. Mientras que las proyecciones iniciales indicaban que la economía global tendría un crecimiento entre 2 y 2.5 por ciento el año pasado, apenas alcanzó a uno por ciento. De mal en peor Los resultados económicos de la región permiten concluir que no obstante las expectativas generadas para los años noventa, la situación parece ir de mal en peor.

El PIB de 1990 cayó en Argentina, Nicaragua, Perú y Brasil, entre 2 y 5 por ciento, en buena parte por los duros programas de ajuste que buscaban frenar la hiperinflación.

En las naciones en las cuales venía creciendo la economía, el proceso de recuperación se desaceleró, y solo hubo cifras aceptables en Venezuela, con 4.5 por ciento (venía de una fuerta caída en 1989), Colombia con 3.7 y Costa Rica 3.5 por ciento. Fueron los únicos que registraron un incremento del PIB por habitante, aunque solo de uno por ciento.

Son muchos los factores que influyeron en los débiles resultados económicos de la región. Uno de los que más pesa, la deuda externa, siguió creciendo. Al concluir el año sumó 423.000 millones de dólares, 3.5 por ciento más que en 1989, en parte por la demora en los pagos de 11.000 millones. También incidió la ya tradicional transferencia neta de recursos, que alcanzó a 19.000 millones de dólares, en parte por el freno en la inversión extranjera.

Quizás el principal problema, aparte de que creció el desempleo en casi todos los países, fue el alto costo de vida. Aunque se tomaron todo tipo de medidas para frenar la inflación, se logró muy poco y, por el contrario, mientras unos cuantos lograron tímidos resultados, en otros este indicador subió.

De una inflación promedio de 1.200 por ciento en 1989 se pasó a 1.500. Los culpables de este abultado indicador son Argentina, Brasil, Perú y Nicaragua, que no han podido frenar sus procesos hiperinflacionarios.

Obviamente también contribuyeron los países con tasas de costo de vida moderadas, donde hubo tendencias al alza. Eso ocurrió en Colombia, Costa Rica, Chile, Guatemala, Honduras y Paraguay, principalmente.

La situación económica no fue peor gracias a que las exportaciones aún superan las importaciones. El año pasado la región realizó ventas en el exterior por 120.000 millones de dólares, con un aumento de siete por ciento, en tanto que sus compras en el exterior sumaron 94.000 millones, 14 por ciento más.

Sin embargo, el superávit comercial de 26.000 millones hay que mirarlo con beneficio de inventario. Fue inferior a los 30.000 millones de 1989 y, además, 4.000 millones correspondieron a los mayores ingresos petroleros de Venezuela, México, Ecuador y Colombia. Nivel por lo bajo? Lo preocupante es que los resultados de los países que estaban más o menos bien ahora se nivelan por lo bajo. Casos como los de Chile, Colombia y Costa Rica, que eran las economías de mostrar , van en descenso y esa tendencia se puede agudizar.

Chile, que tuvo un crecimiento de nueve por ciento en 1989 solo logró el año pasado un dos por ciento, y las perspectivas para 1991 no son las mejores debido a la casi total dependencia de las importaciones de combustibles.

La llamada Suiza latinoamericana , Costa Rica, pasó de un crecimiento de 5.5 por ciento en 1989 a 3.5 y también parece que seguirá esa dirección, por su dependencia petrolera.

Y Colombia, el más destacado entre los que sostuvieron sus economías, registró un crecimiento de 3.7 por ciento, frente a 3.2 de 1989. Una vez más volvió a dominar el sector minero, aunque también ayudaron el agro y la industria.

Gracias a ese comportamiento, el país continuó como uno de los que más ha incrementado su PIB por habitante, con un acumulado en los últimos diez años de 16.2 por ciento. Le siguen Chile con 9.2, Barbados con ocho y Jamaica con dos por ciento. El promedio de la región ha disminuido en diez por ciento, frente a 8.4 de 1989.

Los analistas internacionales destacan que si las economías de estos países se deprimen más (Colombia sólo crecerá 2.5 por ciento), los resultados globales de 1991 y de los próximos años podrían ser más preocupantes.

Al parecer, no resultará fácil cambiar ese panorama. Ante la hiperinflación de algunos países y la tendencia a aumentar en los que tenían un costo de vida moderado, se han profundizado los programas de ajuste fiscal, con nuevas cargas tributarias, incrementos en precios de bienes y servicios públicos y recortes de crédito. Medidas que, sin lugar a dudas, acelerarán la tendencia recesiva de la economía en 1990.

Sobre ese negro diagnóstico nadie se atreve a lanzar cifras. Pero hay consenso en que la guerra del Golfo Pérsico, con la incertidumbre sobre los precios del petróleo y la recesión económica mundial, ocasionará una nueva caída en todos los indicadores. La tendencia será, entonces, nivelarse cada vez más por lo bajo.

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