Y QUÉ OPINAN LAS FF.AA.

Y QUÉ OPINAN LAS FF.AA.

Generales: Estamos perdiendo la guerra? . Así se titulaba una entrevista que hace dos años les hicimos con Plinio Mendoza al ministro de Defensa y al Comandante de las Fuerzas Militares en relación con la fuerte ofensiva que en ese entonces desplegaba la guerrilla. Las respuestas de los generales Samudio y Guerrero hoy en puestos diplomáticos no terminaron por convencernos del todo. En medio de argumentos serios, que no por archiconocidos dejan de ser válidos falta de presupuesto y medios, trabas jurídicas a su acción, poca solidaridad de la población, etc., se notaba una propensión a restarle gravedad al problema. Una insistencia en que el Ejército controlaba la situación y el país saldría adelante.

27 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Hoy, con una situación de orden público mucho más grave; ante una ofensiva terrorista sin precedentes, sería importante saber qué opina un Ejército que hace 20 años era considerado como modelo continental de contrainsurgencia. Si aún cree que controla la situación. Cómo explica y evalúa lo que sucede; qué respuestas tiene; qué recomendaciones propone.

No entiendo bien el silencio de las Fuerzas Armadas ante una crisis que tiene al país en ascuas. Por qué no dan su versión o convocan a la prensa para absolver inquietudes que están en boca de todo el mundo? Es un silencio que, sumado al del poder civil, no hace sino agudizar una ya generalizada crisis de confianza ciudadana en la capacidad del Gobierno para contener el acelerado deterioro del orden público. Da la impresión de que el Gobierno quisiera minimizar lo que sucede. Pensando tal vez que reconocer la gravedad del fenómeno equivale a magnificarlo, o a darles demasiada importancia a los autores del terrorismo.

Pero esta es la actitud del avestruz. Porque nos hallamos ante un problema inocultable y crítico, que amenaza con desestabilizar todo el programa de Gobierno. No creo que pueda haber apertura económica, ni inversión extranjera, ni planes de desarrollo, en un país al que le están dinamitando sus carreteras y puentes, sus redes de energía y comunicación, sus proyectos mineros y petroleros. No se ve una estrategia global, coherente y coordinada para enfrentar la subversión. Ni para lograr la paz. Que en el fondo son lo mismo. El Consejero para la Paz afirma que el ataque a Casa Verde del que dice no[qm]pestaba enterado es asunto de los militares y que hay que mantener abiertos canales de diálogo. El ministro de Gobierno descarta enfáticamente cualquier diálogo en las actuales circunstancias. Los militares, tras las triunfalistas declaraciones iniciales que siguieron la toma de Casa Verde, entran en un preocupante mutismo frente a la respuesta terrorista de Farc y ELN. El problema es que a las FF. AA. les faltan aún más recursos? Necesitan más pie de fuerza? Están demasiado dispersas, vigilando propiedades confiscadas a los narcos o protegiendo a civiles? Están maniatadas por disposiciones legales? La prioridad es la vía militar, como lo indica la nueva ofensiva del Ejército sobre La Uribe? O es el diálogo, como lo da a entender el presidente Gaviria en su sorpresiva oferta de propiciar acercamientos directos y expeditos con las Farc y el ELN? Si es la política de la zanahoria y el garrote, pues hay que decir que tampoco ha resultado. Sería bueno saber en qué estamos. En todo caso, va siendo hora de que el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas asuma un manejo más activo de la situación. Es el momento de que el presidente ejerza, en el campo del orden público, sus cualidades de liderazgo. De exigir resultados y cobrar responsabilidades. De darle al país un parte de la situación. Hay cosas que la gente no entiende. Que, por ejemplo, en plena Troncal del Caribe, a 20 minutos de Santa Marta, doce policías enfrenten durante una hora a 80 guerrilleros, sin que lleguen refuerzos militares. O que la guerrilla pueda tomarse todo el tiempo para incendiar campamentos mineros y petroleros, que no solo se sabe son blancos predilectos y anunciados, sino que generalmente se hallan a poca distancia de bases militares. Escritas las líneas anteriores, me entero de los trágicos hechos de Medellín. El absurdo y execrable asesinato de Diana Turbay y las nuevas amenazas de los extraditables , podrían conducir a la reanudación del narcoterrorismo. Lo único que faltaría en estos momentos. Estos graves hechos, y el deterioro adicional del orden público que pueden desencadenar, confirman la necesidad de coordinar estrechamente las estrategias militares y político-jurídicas en los procesos de negociación. Ya sea con guerrilleros o con narcos.

Cuando se desentienden; cuando cada cual va por su lado, los efectos son contradictorios. Y a veces catastróficos. Es lo que estamos viviendo.

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