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LA SELECCIÓN FUE EL REFLEJO DEL PAÍS

LA SELECCIÓN FUE EL REFLEJO DEL PAÍS

Francisco Maturana siempre dijo que la Selección era el reflejo de Colombia. En todos sus aspectos y circunstancias. Acostumbrado a sufrir y perder en el fútbol, cuando apareció hace ocho años este proceso , el país comenzó a profesarle a este equipo un afecto que se convirtió en devoción. Al técnico se le consideraba como el mago que había logrado erradicar de un conjunto deportivo todos los rasgos negativos de nuestra idiosincrasia. A tal punto que, una vez más, ensillamos las bestias antes de tiempo, aunque esta vez nadie dudaba que el riesgo era mínimo. Por fin, se dijo, esto no tenía vuelta de ojo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de junio 1994 , 12:00 a. m.

Por eso, a este pedazo de la historia del fútbol no le faltó detalle. Fue como mirarnos en el espejo de una realidad en la cual hemos avanzado muy poco, a la velocidad que se mueven los cambios generacionales y de actitud de las gentes.

Carteles de la apuesta, narcoterrorismo, euforia gubernamental, derroche empresarial, utilización política, vitrina, condecoraciones, regionalismos, pasiones, conflictos con la prensa, hinchas crecidos, todo estuvo ahí sumado a la tradicional falta de casta, de personalidad, de jerarquía que nos ha acompañado.

El Presidente de la República voló 28 horas en un avión tanquero de la Fuerza Aérea, para visitar cuatro veces en cinco días el camerino de la Selección a la cual apoyó con una mística nunca antes vista. Unas semanas antes de salir, les entregó la Cruz de Boyacá en su máximo grado. Por si acaso...

El primer magnate del país sacó 2.000 millones de pesos de su pulpo empresarial para financiar el proyecto. En persona, Julio Mario Santodomingo comió bandeja paisa con sus patrocinados en Fullerton. Lo que no pudo hacer una semana después su ejecutivo de cabecera Augusto López, quien se quedó sólo en la mesa, cuando ya Maturana y Bolillo Gómez se habían agarrado definitivamente con los periodistas de Caracol, la corte informativa de toda esta expectoración de dinero. Que también se expresó en obsequios de automóviles y teléfonos celulares, para acabar de inflar la egoteca del grupo y garantizar artificialmente su motivación al colocarlos a la altura de las prebendas de la selección de los Emiratos Arabes.

Para completar, no se conformaron con recuperar a los tres jugadores que estaban brillando en el exterior, sino que trajeron a sus correspondientes equipos para batirlos en casa con sobredosis de elogios, aunque los rivales estaban en vacaciones y los colombianos en ensayos. Como si fuera poco, tuvieron una gira que tocó a Arabia y a Europa, y luego, entraron y salieron de los estadios de Estados Unidos con la frecuencia de una tripulación aérea. Fue un fogueo nunca antes visto. Y, mucho menos, sus resultados a favor.

Las elecciones presidenciales, sobrevolaron el Rose Bowl y Andrés Presidente se ganó, como consolación, el premio del oportunismo, quince minutos antes de que Rumania comenzara a desbaratar esta fantasía. Fantasía que tuvo un andamiaje de lujo. Dos técnicos, dos kinesiólogos, dos utileros, preparador de arqueros, un taxímetro de premios abierto y sin fin, cuya bandera se bajaba a razón de 300 dólares por gol desde cuando empezó la preparación. Lo cual hizo célebre el gesto de cobro con el dedo índice levantado, que siempre sobresalió en la pirámide humana de las celebraciones en la fase de preparación donde se fabricó algo más que una ilusión: el título mundial.

Pero el país de todos los días, no el del dream team , reapareció en el primer contratiempo. Regresaron los carteles de los apostadores y en la lista de mensajes a Maturana figuraron de nuevo trazos del narcoterrorismo que se creía exterminado. Los otros carteles dijeron estar nuevamente activos, mejor dicho, otra vez en la actividad de la guerra. La consabida emulación regionalista entre paisas y vallunos también se manifestó en comentarios y presiones, que inclusive unos hinchas trajeron hoy como explicación a Palo Alto. Una pancarta de 30 metros de largo rezaba, a manera de epitafio: Pacho, a la rosca paisa le faltaron huevos .

Retrato exacto de lo que en el fútbol se vive, tribunas arriba. Esto hizo que la llegada del presidente Gaviria al primer partido, acompañado de los Ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa, pareciera como si pensara hacer un consejo de seguridad de emergencia en el palco del Rose Bowl, precipitado por los grotescos acontecimientos que, una vez más, resultaron ser más noticia mundial que el mismo resultado deportivo.

La prensa no estuvo menos entregada a la causa. Seis libros sobre fútbol circularon antes del Mundial, una proliferación literaria que casi compite con la abundancia de material en los diarios y la inmediatez de las emisoras que originaron nueve transmisiones diferentes de los Estadios, para todos los gustos y el lucimiento de todos los pontífices del micrófono.

Para no hablar del traslado de todos los sets de los noticieros de televisión a la zona que, nunca supusieron, sería de desastre. Con presentadores, maquilladores, satélites directos, camarógrafos en preferencia, etc. Y para asegurar el cubrimiento, todos los jugadores terminaron como columnistas, profesión en la que los técnicos subieron al nivel de editorial en los grandes diarios.

Más de 25.000 hinchas formaron la ola amarilla, que popularizó la Peluca Pibe como souvenir oficial del equipo que llegó a cotizarse a 50 dólares la unidad, sin importar si era de segunda postura y el fique estuviera ya desteñido.

En casa, el país duró seis meses preparándose para el gran acontecimiento, Los que no pudieron viajar, aprovecharon la prima de junio para agrandar la pantalla de su televisor, reforzaron los bares y se vistieron de gala, sin imaginarse que la pareja nunca les llegaría: el fútbol y los goles de la constelación de estrellas, que viajaron en primera clase también de la aerolínea bandera y se apagaron prematuramente. O brillaron demasiado tarde.

Hoy, cuando cayó el telón, el país y los hinchas que estaban en Palo Alto nos quedamos ahí, atornillados en la incredulidad, como le pasa a los niños cuando esconden las marionetas o el mago se despide del lonche.

Todo se evaporó. Pero a ninguno de los actos de este melodrama le faltó detalle ni escenografía. Inclusive tuvimos la versatilidad para convertirnos en deudos y salir, como en todos los grandes funerales, con la frente en alto. Con el cadáver en la mano, pero el honor a salvo gracias a una última declaración de fe en el fútbol ante los suizos que se convirtió en otra de tantas victorias morales de nuestra historia.

Como se ve, en esta dolorosa experiencia, el país quedó fielmente retratado. De cuerpo entero.

COLOMBIA, ULTIMO DEL GRUPO COLOMBIA 2 (1) SUIZA 0 Estadio: Stanford Stadium (San Francisco) Asistencia: 84.000 espectadores Arbitro: Petet Mikkelsen (Dinamarca) Suiza: Pascolo; Hottiger, Herr, Geiger y Quentin; Ohrel, Bregy, Sforza y Sutter; Knup y Chapuisat.

Colombia: Córdoba; Herrera, Mendoza, Escobar y Pérez; Rincón, Gaviria, Alvarez y Valderrama; Asprilla y Valencia.

Cambios: Subiat por Knup (36 ST) y Grassi por Sutter (36 ST). De Avila por Valencia (19 ST) y Lozano por Gaviria (34 ST).

Goles: Gaviria (44 PT) y Lozano (44 ST).

En una notoria mejoría en relación con las dos presentaciones anteriores, pero sin llegar a mostrar todo el buen nivel de que venía precedida, Colombia venció a Suiza y se despidió del Mundial USA-94. Con algunos de los destellos individuales y colectivos que llevaron a los especialistas a considerarla como favorita al título mundial, la escuadra de Francisco Maturana fue más que Suiza, que a pesar de la derrota aseguró su paso a la ronda de octavos de final. Gaviria y Lozano, dos suplente al comenzar el Mundial, fueron los anotadores de los goles de la victoria, que solo le sirvió a Colombia para abandonar la cita ecuménica con la cabeza en alto.

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