F O R M U L A S G E N E R A L E S VIENTOS DE GUERRA

F O R M U L A S G E N E R A L E S VIENTOS DE GUERRA

El 10 de septiembre decíamos, en el homenaje al gobernador y a los ministros antioqueños, que se sentían vientos de paz. Sinembargo, poco después se desataron los secuestros. En un principio se atribuyeron a la delincuencia común, desorganizada , para usar un término oficial.

11 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Pero la desaparición de los periodistas, sin duda, solo puede explicarse por motivos diferentes de un simple valor de rescate. El público se pregunta si se trata de una presión para un cambio de política en la lucha contra los llamados extraditables , quienes aspiran a ser tratados en forma similar a los grupos subversivos, con los cuales el gobierno está dispuesto a negociar la paz.

En la prensa y entre los políticos se ha planteado la cuestión al gobierno, pero este insiste en que hay que distinguir entre las acciones de carácter político y las de carácter penal: aquellas corresponden a una rebelión contra el establecimiento, quizás con ideales nacionalistas o igualitarios, mientras que las últimas se mueven por intereses económicos personales.

Los ganaderos no creen en el idealismo de los secuestradores, que los extorsionan con fuertes sumas, que van a situarse en las cuentas personales de los jefes subversivos, en el exterior. Lo cierto es que el anuncio del gobierno, al principio, que no habría extradición si se terminaba el narcoterrorismo , parece que fue la causa de los vientos de paz que sentíamos, hasta que la reanudación de aquella coincidió con el cambio de clima.

Los colombianos queremos la paz, al mejor precio posible. Unos creen que se puede conseguir a la fuerza, aniquilando toda causa de perturbación, así sea que caigan muchos inocentes. Otros prefieren fórmulas que aparentemente significan transacciones, pero al final obtienen resultados estables.

Algunas personas no aceptan que el M-19 disponga de un ministro en el gabinete, cuando todo el mundo sabe que fueron numerosos y graves los crímenes cometidos y no entienden que el narcotráfico sea mayor delito.

Ojalá que el ministerio del M-19 signifique la terminación de los negociados oficiales y la ciudadanía esté dispuesta, sin duda, a perdonar los pecados contra el orden público y la ley, como hace la Iglesia con los arrepentidos, que aseguran propósito de enmienda y contrición de corazón.

Las fórmulas de paz negociadas deben ser generales, porque el país no resiste más violencia ni terrorismo. Por supuesto, las condiciones deben exigir la terminación de todas las causas de perturbación, por ejemplo el narcotráfico; para ello hay que lograr la colaboración de los países consumidores y no seguir tolerando que nos atribuyan toda la responsabilidad, como muy bien lo ha expresado el presidente Gaviria.

Un problema que las autoridades creen resolver con la supresión del narcotráfico es el de sicariato. Se habla fríamente de la fumigación o aniquilamiento de miles de personas, que quedarían cesantes. No puede ser esa la solución humanitaria, porque el Estado tiene mucha responsabilidad en la existencia de esos grupos.

Un programa social de recuperación evitaría que esta gente caiga en manos de nuevos frentes guerrilleros, que los acogerían con nuevos nombres y banderas.

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