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LA PATRIA NUEVA DE TURBAY

LA PATRIA NUEVA DE TURBAY

Nunca hay que subestimar el cinismo de un ex presidente como Turbay Ayala, quien fue capaz de negar la existencia de presos políticos en su gobierno, mientras en las caballerizas de Usaquén se les torturaba. El único preso político en Colombia soy yo , dijo en esa ocasión.

Nunca hay que subestimar el cinismo de un ex presidente como Turbay Ayala, quien fue capaz de negar la existencia de presos políticos en su gobierno, mientras en las caballerizas de Usaquén se les torturaba. El único preso político en Colombia soy yo , dijo en esa ocasión.

Acéptenme, por lo menos, que se requiere bastante de esa munición para salir a sus 88 años a fundar un movimiento denominado Patria Nueva , sin que se le mueva siquiera su emblemático corbatín, ícono de la política clientelista, aquella que es signo de atraso político y que supedita los apoyos al Ejecutivo, no a pruritos ideológicos sino al grado de generosidad burocrática que les demuestre el presidente de turno a los poderosos caciques.

Basta leer los postulados de esa Patria Nueva de Turbay para advertir que lo que nos propone el ex presidente es un viaje al pasado -incluso nos invita de nuevo a devolvernos en la historia y retomar escenarios fracasados como el Frente Nacional- y a recrear todas las prácticas jurásicas de nuestra política, que si bien lo hicieron a él grande y poderoso, solo nos dejaron a los colombianos un Estado más corrupto, más excluyente, sin dinero e incapaz de solucionar las mínimas urgencias de los más necesitados.

No, muchas gracias, doctor Turbay; si para pertenecer a esa Patria Nueva hay que devolvernos en nuestra historia y recorrer de nuevo los senderos excluyentes del Frente Nacional, y convertir a los manzanillos en fuentes de inspiración de esta regeneración que usted pretende liderar, prefiero quedarme por fuera de ese club, al lado de los que pensamos que la política se puede hacer con ideas, en medio del disenso y no de la unanimidad; en medio de la discusión y no de puestos. Si eso nos convierte en apátridas, como ahora se estila denominar a los que no están de acuerdo con los postulados del uribismo-turbayismo, pues bienvenido el destierro.

Ahora bien. Si la actitud de Turbay Ayala raya con el cinismo más puro, la del gobierno de Uribe no se queda atrás. A esta conclusión se llega después de saber quiénes son los fundadores de este renovador movimiento nacional y advertir que entre los patriotas eminentes que la integran, además de algunos padres de contratistas, están el ex ministro del miti-miti -don Saulo Arboleda y Morris Harf, recordado por su laxa frontera ética entre sus negocios y su responsabilidad como ministro de Minas-. Suena casi a un mal chiste, que el gobierno que más se ha empeñado por empuñar como bandera de su gestión la lucha contra la corrupción y la politiquería ahora ande respaldado por el corbatín de Turbay y por estos patriotas tan cuestionados.

De todas formas, es evidente que Turbay no es el único que ha cambiado de opinión últimamente en el tema de la reelección. Hace unos meses, los ex presidentes eran la escoria que Uribe debía evitar, según el consejero presidencial Fabio Echeverry, quien se despachó contra ellos en una explosiva entrevista a Yamid Amat. El quería montar un partido que llevara a la reelección a Uribe Vélez y que cortara con el pasado.

Nadie se imaginó que meses después de pronunciadas estas palabras, la refundación que se planteaba en Palacio la iba a llevar a cabo el jurásico de los ex presidentes.

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