EL CINECLUB DE LA CÁRCEL LA 40

EL CINECLUB DE LA CÁRCEL LA 40

En una sala de la cárcel La 40, de Pereira, un hombre cae al piso, baleado por un grupo de adolescentes. Los guardias no reaccionan y algunos internos lo hacen con repulsión, ante el exceso de violencia. Parce, le dieron piso , comenta uno de ellos.

11 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

En una sala de la cárcel La 40, de Pereira, un hombre cae al piso, baleado por un grupo de adolescentes. Los guardias no reaccionan y algunos internos lo hacen con repulsión, ante el exceso de violencia. Parce, le dieron piso , comenta uno de ellos.

La tenue luz no permite ver claramente las caras, que tienen la mirada fija en la pantalla en la que ocurrieron los hechos. El Cine Club La 40 está presentando la película brasileña Ciudad de Dios.

Este cine foro intramuros es idea de Juan Diego Grajales Olaya, un joven de 27 años que pasó de las aulas universitarias al penal por cosas del destino como dice él. Fue vinculado a un caso de secuestro, pero asegura que se trata de un error, pues perdió sus documentos, que aparecieron en otra ciudad, en el lugar de una liberación.

Grajales, estudiante de comunicación social en la Universidad Católica Popular de Risaralda, fue detenido cuando tramitaba su pasado judicial para viajar a Argentina como parte de un intercambio estudiantil. Allí pensaba cursar periodismo deportivo, pasión por la cual abandonó la medicina y, posteriormente, la ingeniería.

Como si se tratara de un cine ambulante, la sala de proyección que él puso a andar se arma y desarma cada vez que hay función. Abrirle campo al séptimo arte requiere bajar un Cristo y aprovechar la penumbra de un pequeño altar para improvisar un telón.

Además, dos internos tienen que hacer malabares sobre mesas, bancas y sillas para alcanzar la altura de una pared que se cubre a medias con unas cortinas negras, sin que se logre la oscuridad de un verdadero cinema.

Cartelera de lujo.

El rústico teatro tiene asegurado lleno total todos los lunes. Al fin y al cabo, el entretenimiento en una prisión es un tesoro.

Para garantizar que los 900 internos puedan ver las películas (la cárcel tiene capacidad para 613), y evitar problemas de seguridad, cada semana le corresponde el turno a un patio diferente.

Mediante este sistema, además del filme de Fernando Meirelles, se han exhibido Amores perros, Historia americana X, Hable con ella, Réquiem por un sueño y La pasión de Cristo.

La puesta en marcha del cine club y de la emisora de la cárcel le permitirá a Grajales validar su carrera. Al igual que sus ex compañeros de noveno semestre, espera graduarse en diciembre próximo.

Cuenta con el apoyo de su universidad, que cada 8 días le envía un tutor. Las directivas de la cárcel y las de la caja de compensación Comfamiliar le facilitan los equipos y la película.

El cine club y la emisora son disculpas para tratar de encontrar un medio de resocialización -explica él-. No se puede esperar que todos salgan como mansas palomas. Pero si una o dos personas se integran a la vida con un punto de vista diferente ya es un logro .

Mauricio González, funcionario de Comfamiliar, tiene a su cargo llevar el videobeam y otros equipos. Destaca la colaboración de los internos en el montaje del teatro. Contra lo que se puede pensar, no se han presentado problemas. Hay mucho entusiasmo en ellos , cuenta.

Un preso que no dice su nombre pero asegura hacer parte de la banda de La Terraza, de Medellín, y estar condenado por homicidio, cuenta que con las películas se olvida por un rato de su situación.

Además de unos momentos de reflexión, el cine permite un rato de esparcimiento y rompe con la rutina carcelaria. Yo me monto en la película, me meto en el drama de la cinta y estoy ahí, sin que me importe lo que hacen los demás , afirma.

La experiencia les permite a los internos recuperar su parte emocional, afectiva e intelectual a través del cine -asegura Adriana Lagos Díaz, sicóloga de La 40-. Desde las películas ellos pueden construir nuevas realidades dentro de la cárcel, lo que de una u otra forma los ayuda en su proceso de resocialización, de ver otras situaciones, otras posibilidades alternas al delito .

Y son esas posibilidades las que explora Grajales, quien entró hace 4 meses al penal y un mes después ya tenía montado el club, y que ahora espera contar con la suerte suficiente para reactivar la emisora interna, con un parlante en cada patio.

FOTO/Freddy Arango EL TIEMPO.

Todos los lunes, uno de los patios de la cárcel va a cine. Gracias a la iniciativa de Juan Diego Grajales, sus compañeros de reclusión han visto Ciudad de Dios y La pasión de Cristo .

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