LOS SOBREVIVIENTES DEL CENTRO

LOS SOBREVIVIENTES DEL CENTRO

El tinto tiene el mismo sabor de la nostalgia. A cada sorbo, hombres que recuerdan sentados alrededor de una mesa en un café del centro, como José Restrepo, así lo sienten cuando tibio baja por sus gargantas.

16 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El tinto tiene el mismo sabor de la nostalgia. A cada sorbo, hombres que recuerdan sentados alrededor de una mesa en un café del centro, como José Restrepo, así lo sienten cuando tibio baja por sus gargantas.

"Se murieron el bar San Fernando, el Café Medellín en Sucre con la avenida Primero de Mayo y El Pilsen, uno de los más antiguos de la ciudad. Nos ha tocado desplazarnos de café en café", dice Restrepo.

El último en morir fue El Ganadero. A principios de marzo pasado desapareció para dar paso a la sucursal de una panadería. En el Ganadero, que este año cumpliría 36 años de vida, según narran sus clientes, llegaron a reunirse personajes como Belisario Betancur, varios gobernadores de Antioquia y el actual presidente Alvaro Uribe, que "era uno de los que no faltaba".

"Yo llegué a venderle una esmeralda al fallecido Gilberto Echeverri y a conocer a Uribe cuando era un muchacho. Mire! en esa mesa el Presidente le compraba la prensa a una viejita", dice Bernardo Serna, un relojero que tiene su negocio hace 35 años junto al bar Cafetero, que al igual que Negocios y Negocios, uno en frente del otro, entre la calle Sucre y la avenida La Playa, rodeado de casetas de chance y múltiples venteros, se resiste a desaparecer.

El bar vivió una lenta metamorfosis antes de su definitiva transformación. "Se volvió muy popular y ya entraba todo el mundo, no era seguro. Por eso creo que a pesar de lo que significa, hicieron un buen negocio y le dieron otra cara a esta esquina", asegura Restrepo.

Para Restrepo, un vendedor de propiedad raíz, en el Ganadero antes no ponían música y solo se escuchaba el murmullo de la gente conversando o haciendo grandes negocios. "En ese entonces solo venía gente exclusiva", recuerda.

La venta del bar es tema de especulación. Entre tinto y aguardiente, unos dicen que se vendió en 100 millones de pesos y otros que en 140. Lo cierto es que para los visitantes, aunque el bar se haya ido la esquina seguirá siendo punto de encuentro.

Desplazados de café en café.

Aunque para los viejos los bares del centro hoy no son tan buenos como en otras épocas, estos lugares no deben cerrarse porque sino " a dónde nos vamos a encontrar y a tintiar", se pregunta Jaime Zuluaga, uno de los asiduos visitantes.

Marta Lía Giraldo, historiadora de la Corporación Región, considera que cuando estos lugares se van acabando se van perdiendo referencias de ciudad y lugares de confianza, donde a la gente le gusta ir, quedarse y conversar.

Cada bar tiene un público específico. En el Café Medellín se ubicaban los cambalacheros de joyas, los numismáticos y filatélicos; en el San Fernando, los mineros e industriales y en el Río, los relojeros.

Para Graciliano Zuleta, trabajador del bar Cafetero donde se reunía gente de ese gremio, los costos de los arriendos, la inseguridad de la ciudad y la falta de plata hacen peligrar los negocios.

Por ahora, los pocos cafés que quedan siguen albergando los murmullos de pensionados, desempleados o personas con simples deseos de hablar que todavía pasan sus días enteros en el centro de la ciudad

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