UN ARTISTA DE LA MADERA

UN ARTISTA DE LA MADERA

El olor a sándalo, cedro y nazareno se extiende desde la carpintería de David Castrillón, en el barrio San Javier, alargando unos tentáculos casi de misterio y seducción, que irremediablemente hacen al transeúnte buscar la fuente de tan perturbador aroma.

16 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El olor a sándalo, cedro y nazareno se extiende desde la carpintería de David Castrillón, en el barrio San Javier, alargando unos tentáculos casi de misterio y seducción, que irremediablemente hacen al transeúnte buscar la fuente de tan perturbador aroma.

Así es el paso por el taller de este medellinense de 50 años que aparte de su mirada vivaz posee unas manos siempre dispuestas para la creación.

Ha trabajado maderas y retablos desde hace más de 30 años, arte que aprendió de un tío que tenía una carpintería.

Pero su más profunda pasión comenzó hace 16 años cuando descubrió la posibilidad de usar su habilidad para hacer pequeños aviones. "El avión es lo mas bello que hay, es más rápido y no contamina como los carros, va por encima de todo; es más play como dicen los muchachos", comenta David.

Su fiebre ha alcanzado tan alta temperatura que los vecinos conocen su taller como la fábrica de aviones, aunque también haga réplicas de otros vehículos.

En cinco años que lleva en el lugar ha llegado a desarrollar la que llama "su línea de combate", que incluye cinco modelos de aeroplanos y helicópteros. También fabrica algo que no tiene que ver con las alturas, pero que causa sensación entre los clientes: las motos tipo Harley Davidson.

Los estilos de sus aparatos los copia de revistas y tarda en reproducirlos alrededor de cinco horas, sobre todo si son motos. "A veces se demora uno más armando las piezas que fabricándolas, pero eso no importa porque hay que tener mucho cuidado con el detalle. De eso depende todo el trabajo", sostiene.

Así como sus manos pasan de los aviones a las motos o a los retablos, su gusto musical varía del rock and roll a la música clásica, ritmos que llenan el taller mientras barniza, pule y acaricia la madera con un ritmo que limita con la enajenación.

Cuando no esta allí es vendedor ambulante en El Poblado, donde su mercancía es bastante apreciada. También vende al por mayor a algunos almacenes de la ciudad.

Además tiene algo realmente exclusivo: él es el que fabrica y vende los repuestos de sus creaciones, que también tienen demanda.

Parece que, en buena parte, es en la gente que admira su trabajo que este artista encuentra el combustible necesario para mantener productiva su fábrica de aviones. "Esto es más una terquedad. El amor no sé dónde queda, pero es todo un reto. Decir voy a hacer esto y eso es lo que uno ama", dice.

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