CHÁVEZ Y LA CONSPIRACIÓN

CHÁVEZ Y LA CONSPIRACIÓN

No sé qué es más grave, si la conspiración golpista soñada por Chávez o las últimas barbaridades de los muchachos de Bush. Ya dije aquí hace rato que deberíamos enviar al gringo a un tribunal internacional para que lo juzguen por inventarse una guerra y destrozar un país, y las fotos de la infamia no hacen sino abonar ese argumento. Pero me pregunto por qué el espanto de los congresistas imperiales ante esas imágenes de torturas cuando sólo han mostrado pasividad ante las miles de muertes que su glorioso ejército ha causado en Irak.

16 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

No sé qué es más grave, si la conspiración golpista soñada por Chávez o las últimas barbaridades de los muchachos de Bush. Ya dije aquí hace rato que deberíamos enviar al gringo a un tribunal internacional para que lo juzguen por inventarse una guerra y destrozar un país, y las fotos de la infamia no hacen sino abonar ese argumento. Pero me pregunto por qué el espanto de los congresistas imperiales ante esas imágenes de torturas cuando sólo han mostrado pasividad ante las miles de muertes que su glorioso ejército ha causado en Irak.

Por eso creo que el brutal trato que sus compatriotas dispensan a los prisioneros en Bagdad y que era conocido e ignorado por los mandos civiles y militares estadounidenses (yo no me trago eso de que nadie sabía, que son unos pocos soldados sádicos aislados) no deja de ser un eslabón más en la cadena de atrocidades que sufren los iraquíes desde que Bush decidió apoderarse de su petróleo.

Pienso que el presidente Uribe debería reconsiderar la extradición a la lata de nacionales, al menos de los que no son reconocidos capos, porque nadie puede garantizarle que respetarán los derechos humanos de todos los presos colombianos en el Imperio, visto lo visto y conocido como han oficializado los interrogatorios bajo tortura a los reclusos de Guantánamo.

Lo de Chávez también quita el sueño. En EL TIEMPO del domingo pasado, Germán Castro Caycedo hacía una crónica sobre un periódico bosnio que sobrevivió durante los tres años de guerra fratricida. El director del diario explicaba que las diferentes etnias que poblaban su país habían convivido sin problemas hasta que Milosevic se dedicó a azuzar el fuego del odio, de la división, a despertar resentimientos ancestrales.

Pues bien, eso es lo que hace el mandatario bolivariano desde que se levanta hasta que se acuesta. Su único fin parece ser el de crear dos Venezuelas irreconciliables, abrir un abismo que haga imposible la convivencia y, de paso, enrarecer las relaciones con sus vecinos.

Lo de los pelaos que se entrenaban para asaltar un cuartel y derrocarlo después, según denunció a los cuatro vientos, es un caso propio de un presidente irresponsable. Hasta el momento, lo único real es que hay cerca de cien jóvenes detenidos, la mayoría colombianos, de los cuales muchos prestaron servicio militar y viajaron hasta allá para hacer algo extraño, tal vez engañados, contratados bien por un loco de la oposición o por uno del chavismo.

Pero de ahí a decir que el general Carreño, apoyado por Norteamérica y por la plataforma opositora, es la cabeza de una conspiración contra él hay mucha distancia. Ningún Jefe de Estado serio implicaría al comandante del Ejército de un país amigo en semejante mascarada si no fuera porque o bien sufre delirios persecutorios o bien tiene fines inconfesables, y yo me inclino por lo segundo.

Ojalá sepamos lo que realmente ocurrió, pero si utilizáramos el escaso despliegue que los periódicos internacionales dieron al incidente como baremo para medir la credibilidad que despierta, comprenderíamos que Chávez pasó de político estrella a estrafalario, y nada de lo que hace o dice se considera del todo veraz o, cuanto menos, se pone en cuarentena.

Pero tiene la suerte de cara, y con el petróleo a unos históricos cuarenta dólares el barril, puede seguir con sus salidas de tono porque sabe que esa mina de oro lo resiste todo. Pobre Venezuela.

Ejército apoyado cien por cien por Estados Unidos), están dispuestos a pasar de la calle al campo de batalla con tal de sacarle de Miraflores.

Eso le permite a él encarcelar algunos enemigos que le estorben y tomar otras medidas más drásticas cuando le convenga.

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