EMPIEZA CARA A CARA CON E.U.

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Es de los pocos temas que genera consenso en el país: las negociaciones que Colombia comenzará el próximo martes en Cartagena son las más importantes que haya emprendido en toda su historia: el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. (VER INFOGRAFIA: BALANZA COMERCIAL COLOMBIANA)

16 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Es de los pocos temas que genera consenso en el país: las negociaciones que Colombia comenzará el próximo martes en Cartagena son las más importantes que haya emprendido en toda su historia: el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.

(VER INFOGRAFIA: BALANZA COMERCIAL COLOMBIANA).

Lo de comercio realmente es un decir, porque el TLC que se negociará conjuntamente con Perú y Ecuador con Bolivia como observador mientras Estados Unidos permite su entradacomprende, además del intercambio de productos industriales y agropecuarios, normas sobre inversión, servicios, compras del sector público, solución de controversias, propiedad intelectual, subsidios, antidumping y medidas compensatorias y políticas de competencia, laborales y ambientales (ver recuadro).

Por ello, defensores, críticos y quienes rechazan el TLC coinciden en que esta negociación moldeará el futuro económico y el desarrollo social del país, como mínimo, de los próximos 50 años.va la vida en ellasentenció el ex ministro Juan Camilo Restrepo.

El Gobierno, a través de su vocero, el ministro de Comercio, Jorge Humberto Botero, ha sido claro: todo se negociará. No se excluirá ningún sector productivo, ni capítulo ni tema relacionado con la actividad económica.

Sin embargo, aunque todos los TLC que ha firmado Estados Unidos en los últimos años han partido de esa premisa, lo cierto es que las negociaciones tienen excepciones, como el tabaco y parcialmente los licores con Jordania, el azúcar con Chile, el maíz blanco y el azúcar con Centroamérica y la papa fresca y la cebolla con Costa Rica.

Las autoridades económicas y analistas privados colombianos argumentan que el TLC es necesario porque cayó el ingreso per cápita y para aumentarlo se requiere que el producto interno bruto (PIB) crezca por lo menos al 4 por ciento anual, lo que solo es posible con inversión extranjera y más exportaciones, principalmente no tradicionales, a las cuales hay que encontrarles mercados.

Uno de los objetivos del TLC es, precisamente, abrirles espacio a los productos colombianos en Estados Unidos, y viceversa, mediante la reducción y eliminación de los aranceles (impuestos a las importaciones), estimular la inversión y propiciar la generación de empleo y, junto con esta, aumentar el ingreso y el bienestar de los trabajadores.

Un estudio del Departamento Nacional de Planeación señala que con el TLC se crearían 183.000 empleos, el bienestar aumentaría 0,79 por ciento, la producción doméstica se incrementaría 0,48 por ciento, las importaciones y las exportaciones crecerían 11,9 y 6,4 por ciento, respectivamente, y los ingresos tributarios caerían en 590 millones de dólares por la desaparición de los aranceles (una nueva estimación del Gobierno baja la cifra a 300 millones de dólares).

El mismo estudio, limitado a solo a los efectos de la eliminación arancelaria, indica que para obtener mejores resultados con la firma de un TLC, en las negociaciones se deben tener en cuenta el desmonte de las barreras no arancelarias y evaluar claramente los compromisos adicionales que se adquieren en temas diferentes a los puramente comerciales.

Temas más sensibles.

Esos otros compromisos tienen que ver con una mayor protección a los derechos de propiedad intelectual, que junto con el agropecuario es el tema más sensible de la negociación, por las consecuencias adversas que pueda tener principalmente en la producción y precios de los medicamentos y de los agroquímicos.

Igualmente, están relacionados con el acceso estadounidense al mercado colombiano de servicios, como los seguros, la actividad bancaria y bursátil, las telecomunicaciones y hasta el aseguramiento para la prestación de servicios de salud.

También, con el tratamiento que se le dará a la inversión, a las compras del sector público y a la forma como se dirimirán las diferencias que se presenten entre el Estado y los inversionistas extranjeros.

Lo que se pretende con el acuerdo es que Colombia produzca los bienes en los que tiene ventajas y deseche aquellos sin este atributo, o como lo dijo la decana de Administración de Empresas de la Universidad de los Andes, Lorena Gutiérrez: no se trata de hacer de todo sino de que sea competitivo en lo que produce y aumentar sus exportaciones.

Preferencias.

En los últimos años, las ventas externas colombianas no tradicionales se han sustentado en las preferencias arancelarias otorgadas por Estados Unidos mediante el Atpdea y el Sistema General de Preferencias europeo, pero por ser unilaterales, advirtió Botero, están sujetas a condicionamientos y revisiones sin garantía de renovación.

Al mercado estadounidense se envía poco más del 40 por ciento de la facturación colombiana, que podría reducirse dado que competidores como México, Centroamérica y Chile han firmado TLC con ese país y esto los coloca en una posición de ventaja frente a la producción doméstica.

El antecedente inmediato del TLC es la negociación que involucra a todos los países americanos, excepto Cuba, para crear el Area de Libre Comercio de las Américas (Alca) impulsada por Estados Unidos desde 1994. Algunos sectores en Colombia (agro, automotor, avícola) le pidieron al Gobierno excluirlos del Alca, pero la solicitud fue rechazada, posición que todavía se mantiene.

Frenado el impulso que traía el Alca por las diferencias entre Estados Unidos y Brasil acerca del desmonte de los subsidios agrícolas, las compras públicas, la propiedad intelectual y los derechos antidumping, la administración del presidente George Bush decidió jugársela por los acuerdos bilaterales. Y Colombia estaba ahí.

A qué le apunta Colombia.

El llamado mapa de negociaciones, avalado técnica y políticamente por el Gobierno en pleno y el Consejo Gremial Ampliado, parte de la base de volver permanentes las ventajas del Atpdea y buscará un desmonte rápido de los aranceles para los productos colombianos y para los bienes de capital y materias primas estadounidenses que necesiten los empresarios locales.

Para bienes del agro de Estados Unidos y otros que compitan con la industria nacional, por el contrario, la reducción arancelaria tomará más tiempo.

Igualmente, batallará por la permanencia de las llamadas franjas de precios para productos agropecuarios subsidiados (ver nota El lío agropecuario) no solo durante el período de transición sino después de este si persisten las ayudas internas estadounidenses.

Los estudios muestran que existe un gran potencial para las exportaciones de frutas, hortalizas, cacao, azúcar, aceite de palma, tabaco, carne y lácteos, y para las de confecciones y calzado.

En los servicios, tienen perspectivas positivas la salud, la educación, la construcción y los servicios profesionales (ingenierías, diseños, programas de computador, etc.), mientras que se prevé una negociación difícil en servicios financieros y telecomunicaciones, áreas de especial interés para Estados Unidos y de una gran sensibilidad en Colombia.

En propiedad intelectual se buscará el respeto y adecuado aprovechamiento de la biodiversidad y el patrimonio cultural, lo mismo que la protección a los derechos de autor y la transferencia de tecnología.

Estados Unidos se vendrá con todo para aumentar la protección a los medicamentos y agroquímicos de sus multinacionales: pedirá más tiempo para las patentes, que estas contemplen los segundos usos y los métodos terapéuticos.

Igualmente, buscará una mayor protección para los llamados datos de prueba que entregan las farmacéuticas al Invima para comercializar un medicamento, que hoy con el decreto 2085 del 2002 impide la aparición de fármacos competidores hasta por cinco años y protege moléculas que, aunque conocidas de tiempo atrás, no están en las normas farmacológicas colombianas.

En ese punto, y coincidiendo con la posición de la Iglesia, la industria farmacéutica nacional y diferentes ONG, el Gobierno buscará el acceso de los colombianos a medicamentos de buena calidad y a precios justos.

El lío agropecuario.

Estados Unidos se negó a incluir el tema del desmonte de los subsidos a sus agricultores en la agenda del Alca y, por supuesto, en el TLC.

Ante esa negativa, Brasil replicó que tampoco negociaría en el Alca temas como propiedad intelectual, servicios y compras estatales. El proceso continental se estancó, pero cobró dinámica el de los TLC jalonado por Estados Unidos, que no abordará con Colombia la eliminación de las ayudas internas para mantenerles el ingreso a sus agricultores, así sus costos de producción sean mayores que los precios internacionales.

Quienes abogan por la eliminación de los aranceles dicen que si se desmontara ese gravamen al trigo, por ejemplo, se reducen los costos de producción y los precios de las harinas, las pastas, el pan, las galletas, etc.

No obstante, para estudiosos como Luis Jorge Garay y Fernando Barberi eso no es del todo cierto, porque las ganancias se pueden quedar en la cadena de comercialización y no llegarles a los compradores finales. En cambio, sí se pueden afectar negativamente los productores locales de algunos bienes que podrían competirles a los estadounidenses. Es el caso del arroz en algunas regiones colombianas.

23 Temas sobre la mesa.

El esquema de grupos del TLC reproduce los nueve del Alca, algunos de los cuales fueron subdivididos, y le agrega tres: políticas ambientales y laborales y cooperación, para un total de 23 temas de negociación en 12 mesas:.

- Acceso a mercados: eliminar gradualmente los aranceles y las barreras no arancelarias.

- Agricultura: eliminar los subsidios a la exportación y otras prácticas que distorsionen el comercio internacional. Las ayudas internas no están en la agenda. También, fijar normas sanitarias y fitosanitarias adecuadas que no restrinjan el comercio.

-Inversión: establecer un marco legal que, sin discriminación alguna, proteja y promueva la inversión extranjera.

- Servicios: liberalizar progresivamente este sector.

- Compras públicas: permitir el acceso de proveedores no nacionales a las compras que realizan las entidades públicas, principalmente licitaciones para obras públicas.

- Solución de controversias: diseñar mecanismos justos, transparentes y efectivos de solución de disputas.

- Propiedad intelectual: promover y asegurar (inclusive aumentar) la protección a la propiedad intelectual: derechos de autor y conexos (creaciones literarias y artísticas, programas de ordenador y películas, entre otros) y propiedad industrial (patentes, marcas de fábrica y protección de la información no divulgada, entre otros).

- Subsidios, antidumping y medidas compensatorias: aumentar el acatamiento a las normas de la OMC y mejorar la aplicación de correctivos comerciales legales.

- Competencia: asegurar la aplicación rigurosa de correctivos a las prácticas empresariales no competitivas.

- Ambiente: asegurar que las políticas comercial y ambiental se apoyen para el uso óptimo de los recursos naturales que conduzcan al desarrollo sostenible.

- Laboral: impedir el debilitamiento de las normas laborales internas que protegen a los trabajadores con el fin de promover el comercio y/o la inversión.

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