BOMBA DE TIEMPO

BOMBA DE TIEMPO

El invierno empieza a amainar. Pero causó estragos e hizo más evidente la dramática situación de buena parte de nuestra población. En la periferia de las ciudades, donde muchos barrios populares carecen de acueducto y alcantarillado, el agua-lluvia inundó las viviendas y acabó con los pocos haberes de sus habitantes. En las afueras, los ríos desbordados se llevaron por delante casitas y cultivos. Y nunca faltan los deslizamientos. Envueltas en lodo, rodaron colina abajo paredes de tabla y tejados de lata. Todos vimos en los noticieros de TV a los damnificados llorando a mares. El agua se había llevado su modesto patrimonio.

15 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El invierno empieza a amainar. Pero causó estragos e hizo más evidente la dramática situación de buena parte de nuestra población. En la periferia de las ciudades, donde muchos barrios populares carecen de acueducto y alcantarillado, el agua-lluvia inundó las viviendas y acabó con los pocos haberes de sus habitantes. En las afueras, los ríos desbordados se llevaron por delante casitas y cultivos. Y nunca faltan los deslizamientos. Envueltas en lodo, rodaron colina abajo paredes de tabla y tejados de lata. Todos vimos en los noticieros de TV a los damnificados llorando a mares. El agua se había llevado su modesto patrimonio.

Año tras año, se repite la película. Los presupuestos nunca alcanzan para reparar los desastres y además hacer obras de primera necesidad. Mientras se tapa un hueco aquí, o se hace una cañería allá, más desplazados, más desposeídos, más gente que no puede acceder a programas de vivienda social hacen más tugurios y arman más covachas en lugares de alto riesgo. Y todo se desbarata con el menor aguacero. Dicen las estadísticas que la población crece más donde la gente tiene menos. Donde nadie sabe qué es paternidad responsable ni cómo evitar embarazos indeseados. Y allí, donde se multiplica la especie, no se multiplican los panes, pero sí las enfermedades, por las pésimas condiciones higiénicas.

En Colombia, de crecimiento demográfico no se habla. Sus consecuencias no se miden. A las autoridades no las desvela que la población se multiplique en medio de la miseria. Esa miseria, que duele más en invierno, la ha triplicado la violencia. Las madres con niños de pecho, los adolescentes, los curtidos agricultores que piden limosna en los semáforos, los niños que hacen malabares en la calle para recoger unas monedas, fueron obligados por los terroristas a abandonar sus parcelas. Y hoy son indigentes. Jan Egeland, delegado de la ONU para Asuntos Humanitarios, le dijo a Yamid Amat: Dos millones de desplazados y dos millones viviendo en la miseria total, significa que millones de jóvenes están creciendo sin educación y sin esperanza. Y muchos piensan unirse a un grupo armado, si no se invierte socialmente en un futuro mejor .

Con razón, el alcalde Garzón le apunta a lo social, con proyectos muy ambiciosos. Para fortuna suya, muchas fundaciones sin ánimo de lucro hacen por los pobres lo que no hacen los gobiernos. Antes de laBogotá sin Hambrei , propuesta por Garzón, veinte fundaciones trabajan, no en quitar el hambre sino en nutrir, educar y sacar adelante niños sanos. Otras fundaciones se ocupan de drogadictos, ancianos, madres solteras, lisiados, sordos, ciegos; niños diferentes. Otras consiguen hogar para niños abandonados, o cedidos en adopción. Por cada persona atendida, el Icbf da un aporte modesto.

Pero las relaciones Icbf-fundaciones no es fluida, ni cordial. La directora del Icbf no recibe a las voluntarias, no responde llamadas, ni da citas. La experiencia y los conocimientos de las fundaciones no se tienen en cuenta. Cambian normas y leyes, sin contar con ellas. De remate, el Acueducto, con sus nuevas tarifas, las va a arruinar. Una fundación que atiende niños en las areneras pagaba 500 mil pesos. Ahora le cobran 5 millones. Es un asalto que perjudica directamente a los niños.

Increíble que los burócratas no valoricen la inmensa labor social de las fundaciones. Que en vez de apoyarlas, las obstaculicen. Frente a tantas necesidades y frente a tanta pobreza, es urgente y sensato unir esfuerzos. Porque la situación social es una bomba de tiempo.

lunieto@cable.net.co

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