ALIMENTOS Y COMERCIO INTERNACIONAL

ALIMENTOS Y COMERCIO INTERNACIONAL

El desarrollo económico acarrea los siguientes cambios en la agricultura: su participación en el PIB total se reduce; el agricultor individual aumenta la productividad del trabajo y su especialización productiva; los consumidores, además de reducir el peso relativo de los alimentos en el gasto, diversifican su consumo; y, por último, la producción del sector agropecuario en su conjunto aumenta la diversificación, pero en menor medida que la del consumo; en consecuencia, es necesario acudir a los mercados internacionales para complementar los requerimientos de alimentos VER TABLA Indicadores de dependencia alimentaria relacionados con el comercion internacional de alimentos para 2000.

07 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El desarrollo económico acarrea los siguientes cambios en la agricultura: su participación en el PIB total se reduce; el agricultor individual aumenta la productividad del trabajo y su especialización productiva; los consumidores, además de reducir el peso relativo de los alimentos en el gasto, diversifican su consumo; y, por último, la producción del sector agropecuario en su conjunto aumenta la diversificación, pero en menor medida que la del consumo; en consecuencia, es necesario acudir a los mercados internacionales para complementar los requerimientos de alimentos.

VER TABLA Indicadores de dependencia alimentaria relacionados con el comercion internacional de alimentos para 2000.

En Colombia esta última conclusión no es aceptada por algunos analistas que ven en las importaciones de alimentos una amenaza para la seguridad alimentaria. Su argumentación la respaldan señalando que el volumen importado de productos agropecuarios pasó de 900 mil a 4 millones de toneladas entre 1991 y 2003.

Qué se entiende por seguridad alimentaria? Hay dos corrientes de interpretación. Para una, consiste en la autosuficiencia de un país en la provisión de alimentos (todo se produce internamente). Para la otra, es la capacidad que tiene un país para adquirir los alimentos que requiere la población, bien sea en el mercado doméstico o en el internacional.

Si seguimos la interpretación de la primera corriente, los esfuerzos del país deberían orientarse a sustituir las importaciones de productos del sector agropecuario por producción doméstica, para restablecer la autosuficiencia. Es posible hacerlo? Al examinar esa posibilidad con base en los rendimientos observados en el 2003 y tomando sólo las importaciones de maíz, trigo, cebada y soya en el mismo año -que explican el 88 por ciento de las 4 millones de toneladas importadas-, se calcula que el área cosechada tendría que incrementarse en 1,8 millones de hectáreas.

Esto equivale a duplicar el área de cultivos transitorios o a incrementar en 50 por ciento el total del área agrícola.

Durante 2003 se cosecharon 3,9 millones de hectáreas y según las cifras oficiales el máximo alcanzado en las últimas décadas se registró en 1990 con 4,8 millones de hectáreas. Estas cifras distan mucho de la requerida según el cálculo mencionado, que es de 5,7 millones de hectáreas. No digamos que es imposible, pero no luce nada fácil el reto de lograr semejante incremento de las áreas cosechadas.

Respecto a la segunda corriente, las cifras de comercio internacional de la Unctad muestran que ningún país es autosuficiente y que todos importan alimentos en alguna medida. Esto es consistente con los planteamientos de Timmer, pues la especialización y las mejoras en productividad permiten atender con menores precios el mercado local y competir en los mercados internacionales; las exportaciones aseguran el poder de compra de los alimentos que no produce con eficiencia el país.

En este contexto, el comercio internacional es relevante para la oferta de alimentos, pues ella se determina por el balance neto entre producción nacional, exportaciones e importaciones. Un país enfrenta problemas de seguridad alimentaria cuando la oferta es persistentemente inferior a los requerimientos alimenticios de la población y no cuenta con medios suficientes y estables (exportaciones) para adquirir los faltantes en el mercado internacional.

Surge la inquietud de saber si el comercio internacional está permitiendo mejorar la oferta de alimentos en Colombia o si está originando problemas de seguridad alimentaria. De las múltiples formas de medición que hay, aquí usamos dos grupos de indicadores; unos relacionados con el comercio internacional y otros con niveles medios de nutrición.

Los indicadores relacionados con el comercio internacional son tres. Los dos primeros son el valor de las importaciones y de las exportaciones de productos alimenticios como porcentaje del PIB agropecuario a precios corrientes; el primero puede tomar cualquier valor si el segundo tiene una magnitud superior o no muy inferior, de forma que el déficit resultante sea financiable con otras exportaciones.

El tercero es el gasto en importaciones de alimentos como porcentaje de las exportaciones totales de mercancías, que mide la capacidad de importar alimentos; si los valores son bajos dan margen al país para la compra de otros bienes necesarios.

El análisis de estos indicadores muestra que en Colombia las importaciones de alimentos representan una porción pequeña del PIB agropecuario, que las exportaciones de alimentos financian de sobra esas compras al exterior y que ellas representan una fracción moderada de las exportaciones totales de bienes del país.

En el cuadro se puede observar que en el caso de los países desarrollados las importaciones de alimentos pesan más en el PIB agropecuario, pero que ese peso es compensado por las exportaciones de alimentos, o en su defecto por las exportaciones totales.

Por último, se observa que los problemas de capacidad de financiación de las importaciones de alimentos se registran en algunos países insulares y en las economías con más bajos niveles de ingreso.

Los indicadores relacionados con los niveles medios de nutrición son el consumo per cápita diario de calorías y proteínas y el nivel de subnutrición del país, calculado como el porcentaje de la población cuyo consumo de alimentos no les proporciona las calorías requeridas.

El primer indicador muestra que Colombia mantiene una tendencia positiva en el consumo de calorías y proteínas (ver gráfico), lo que le ha permitido reducir la brecha con relación a los consumos de los países desarrollados, especialmente durante la década de los noventa.

De acuerdo con la FAO, el porcentaje de subnutrición en Colombia venía registrando una tendencia descendente hasta la crisis de 1999, cuando se estancó. En efecto, este indicador, que fue de 22 por ciento de la población en el periodo 1979-1981, bajó a 17 por ciento en 1990-1992 y luego a 13 por ciento en 1995-1997; en este último nivel se mantuvo entre 1999-2001.

En síntesis, los indicadores examinados se mantienen en niveles razonables para el país y muestran que las mayores importaciones de alimentos durante los noventa no significaron incrementos de riesgo en materia de seguridad alimentaria y que los niveles de consumo de nutrientes registran una evolución positiva.

Es claro que el país debe mantener sus objetivos de aumento de la producción de alimentos y el empeño en seguir reduciendo los niveles de subnutrición. Pero esto de ninguna manera se contrapone con la complementación de la oferta de alimentos en los mercados internacionales.

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