DE ROSALÍAS Y DE CASTROS

DE ROSALÍAS Y DE CASTROS

Hace poco, en el Marco de un Simposio Internacional de Bilinguismo y educación Bilingue en Buenos Aires, tuve entre otras muchas, una muy agradable sorpresa. Se trata del profesor Luis Sobrado de la Universidad de Santiago de Compostela. Ante ocho personas nos habló, con ese murmullo dulce de quienes hablan castellano en Galicia, cómo ha sido el desarrollo histórico de una lengua minoritaria cómo el gallego

05 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Hace poco, en el Marco de un Simposio Internacional de Bilinguismo y educación Bilingue en Buenos Aires, tuve entre otras muchas, una muy agradable sorpresa. Se trata del profesor Luis Sobrado de la Universidad de Santiago de Compostela. Ante ocho personas nos habló, con ese murmullo dulce de quienes hablan castellano en Galicia, cómo ha sido el desarrollo histórico de una lengua minoritaria cómo el gallego.

En efecto sólo tres millones y medio de personas hablan gallego en el mundo. El gallego junto con el catalán, el euskera y el castellano, conforman las cuatros lenguas oficiales de España. A nadie se le ocurriría pensar que la identidad de una lengua depende del número de personas que la hable. Bueno el General Franco en su momento sí. Nos explicaba el profesor Sobrado, cómo durante la dictadura franquista y su obsesión centralista y unitaria, las lenguas minoritarias de España fueron desterradas de los sistemas escolares, y pervivieron después de cuarenta años porque continuaron hablándose y escribiéndose en los hogares y en la calle. Sólo hasta la muerte del General en 1975, y a la aprobación de la constitución española de 1978, se dieron las condiciones necesarias para proveer a las lenguas minoritarias de un marco de normalización jurídica que asegurara los recursos suficientes para la capacitación de maestros y todo lo que ello supone, de forma que se recuperara un idioma que tiene origen en el latín y luz propia desde el siglo X. Eso para no mencionar al vasco, cuyo se pierdo en la noche de los tiempos.

Desde luego que en Galicia, la gente habla castellano como vehículo indispensable de comunicación. Pero desde su propia raíz cultural e idiomática, o de lo contrario no volvería a ser posible su inimitable literatura. Por eso la conclusión no solamente salta a la vista sino que es urgente: un estado democrático defiende y estimula sus lenguas, como forma de preservar y fortalecer su identidad.

Contrasta la exposición del profesor Sobrado, con las sesenta y cinco pequeñas flores que aún subsisten en Colombia en forma de lenguas aborígenes, con el tronco altivo del inglés que ya casi no les permite que les llegue el sol y la lluvia.

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