HACIA EL FIN DEL CONFLICTO

HACIA EL FIN DEL CONFLICTO

Nos encontramos ad portas de la superación definitiva del conflicto armado en Colombia. Esta afirmación no proviene de un vocero del Gobierno, sino del profesor universitario y columnista de EL TIEMPO Eduardo Pizarro Leongómez, en su libro reciente Una democracia asediada (Bogotá, Norma, 2004). No estamos, pues, frente a un aviso de propaganda oficial. Ni ante una proclama triunfalista. La afirmación de Pizarro -por los argumentos que lo apoyan, por su rigor analítico y por su mismo mensaje esperanzador ante el mayor problema que agobia a nuestra sociedad- merece la más seria atención.

14 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Nos encontramos ad portas de la superación definitiva del conflicto armado en Colombia. Esta afirmación no proviene de un vocero del Gobierno, sino del profesor universitario y columnista de EL TIEMPO Eduardo Pizarro Leongómez, en su libro reciente Una democracia asediada (Bogotá, Norma, 2004). No estamos, pues, frente a un aviso de propaganda oficial. Ni ante una proclama triunfalista. La afirmación de Pizarro -por los argumentos que lo apoyan, por su rigor analítico y por su mismo mensaje esperanzador ante el mayor problema que agobia a nuestra sociedad- merece la más seria atención.

Colombia se hallaría en lo que Pizarro denomina un punto de inflexión , es decir, un momento histórico , que permite pensar en la cercanía de la paz. La razón? Ante todo, porque desde 1998 y, más aún, desde los inicios del mandato del presidente Uribe, el Estado ha logrado derrotar estratégicamente a las guerrillas, en tanto que las autodefensas se encuentran en progreso de desagregación . Pizarro critica así la noción de guerra de perdedores , divulgada por El conflicto, callejón con salida -el informe propiciado por Naciones Unidas-. Se aparta de quienes creen que las Farc sólo se encuentran hoy replegadas, sin mayores mellas en su capacidad militar, a la espera del desgaste estatal. Y es también crítico de los plazos perentorios de victorias que en ocasiones se han anticipado desde círculos gubernamentales. Los triunfos estratégicos contra las guerrillas no han significado su extinción. Y las conquistas logradas no son por sí solas irreversibles.

Al interrogante estamos cerca de una resolución inminente del conflicto interno? , Pizarro responde con un si muy claro, pero un si condicionado a dos supuestos esenciales : la sostenibilidad de la política de seguridad democrática y la articulación de la comunidad internacional en la fase final de su resolución. Entre estas dos condiciones, la primera me parece la más determinante. Pizarro aprecia, y defiende, las herramientas centrales del proyecto de seguridad democrática: el fortalecimiento del Estado y sus Fuerzas Armadas. El dilema estratégico para nuestra sociedad es cómo hacer sostenible dicha política a corto y mediano plazo, una sostenibilidad que tendría tres dimensiones: social, financiera y política. Social: que los esfuerzos militares se combinen con medidas para combatir la pobreza. Financiera: que no se agoten los recursos. Y política: que se garantice su continuidad en el tiempo, que se adopte la seguridad democrática como política de Estado .

Pizarro supera cualquier falsa disyuntiva entre negociación y guerra. Cree en la necesidad de una contundente superioridad militar del Estado como parte del horizonte estratégico en la construcción de un escenario de paz negociada. Esta sería también la meta última del Gobierno. Sus planteamientos sobre la cercanía del fin del conflicto van antecedidos por un examen de su naturaleza y las condiciones bajo las cuales se ha desarrollado. Sus juicios no son simplistas: es imposible e indeseable separar rígidamente los componentes contrainsurgente y antinarcóticos del conflicto; pero los recursos de la droga siguen siendo un combustible del problema -los objetivos de las guerrillas son aún por lo general políticos-. La ayuda norteamericana al Plan Colombia es una respuesta acertada a ...] necesidades sentidas de nuestra sociedad; pero es insuficiente y algunos de sus puntos son cuestionables. No se puede enfrentar a los grupos armados ilegales como si fuesen tiempos de paz; se necesita a gritos una legislación de excepción pero hay que cuidar las libertades y los derechos individuales.

Toda sociedad necesita un consenso mínimo alrededor de las reglas de convivencia. Pizarro advierte sobre los costos que hemos pagado en Colombia ante la ausencia de una visión compartida frente al conflicto armado. Y aboga por la búsqueda de un lenguaje adecuado para un proceso de paz . Es casi imposible lograr muy amplios consensos en una sociedad compleja y plural como la nuestra. Siempre habrá discrepancias. (Yo, por ejemplo, preferiría quizás hablar de un lenguaje adecuado para el fin del conflicto ). Pero comparto su válida preocupación, así como muchas de sus observaciones sobre la naturaleza del problema y su posible solución. Más allá de coincidencias y discrepancias, hay que reconocer la extraordinaria contribución del libro de Eduardo Pizarro Leongómez, su valioso esfuerzo por revisar estereotipos y darle precisión conceptual a un cuadro de suyo confuso. Y por infundir esperanzas en un ambiente intelectual predominantemente derrotista.

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