REACCIONES POST INFARTO

REACCIONES POST INFARTO

13 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

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Es siempre una delicia ver a un actor tan interesante y completo como Jack Nicholson. A sus 66 años, y con tres premios Oscar a sus espaldas, se encuentra más allá del bien y del mal en cuanto a su carrera se refiere. No tiene que demostrarle a nadie el calibre de su arte y por eso se le ve deambular con tan absoluto desparpajo por la pantalla. Es evidente que su trabajo le produce un gran placer y eso se refleja en sus relajadas y frescas actuaciones, en las que parece estar a veces autoparodiándose. No hay duda de sus enormes capacidades, incluso para burlarse de sí mismo, de ahí que cualquier película que lo traiga en el reparto adquirirá suficiente atractivo como para no perdérsela, seguros de encontrar al Jack Nicholson de siempre, impávido y alegre.

Alguien tiene que ceder (Somethinggotta give, 2003), su más reciente producción, llegó a nuestra ciudad acompañada del Globo de Oro y del premio del National Board of Review que Dianne Keaton obtuvo como mejor actriz, así como con su nominación al Oscar en la misma categoría. Tras el guión y la dirección del filme se encontraba Nancy Meyers, la realizadora de Lo que ellas quieren (What women want, 2001), una comedia de corte feminista que algunas carcajadas nos produjo.

Con tales antecedentes nos acercamos a esta película, sin saber muy bien qué esperar. El resultado es una comedia romántica entretenida pero irregular, que parte de una premisa interesante, que resulta de observar la diferencia que existe entre hombres y mujeres de edad madura a la hora de conseguir pareja. Mientras Jack Nicholson encarna al eterno adolescente, incapaz de tener una cita con una mujer mayor de treinta años, Diane Keaton interpreta a la mujer interesante pero entrada en años, que languidece solitaria pensando que ya no tiene oportunidad alguna frente a las mujeres más jóvenes. La tesis se expone pronto en la película, quizá con demasiada obviedad, lo que hace que anticipemos hacia donde se dirige, sin que haya giros dramáticos inesperados que le añadan algo de sorpresa. La mayoría de las acciones cómicas salen del enfrentamiento entre los protagonistas, que recuerda en ocasiones el que vivían las parejas del screwball comedy, genero fílmico que floreció en Hollywood en los años cuarenta, y en el que los hombres tendíamos siempre a llevar la peor parte.

El elemento más atractivo del filme es la edad de los protagonistas, pues las comedias románticas actuales tienen casi como exigencia la juventud de sus estrellas, de ahí que resulte un contrapunto interesante ver a dos actores de semejante trayectoria sucumbir ante el enamoramiento y sufrir por él, sin importar la edad o las arrugas. La directora se arriesgó a nadar contra la corriente y logró hacernos ver su punto de vista.

La validez de sus argumentos es evidente, pero el producto final es menos logrado de lo que podría esperarse. Al guión le faltó ingenio y humor, y le sobró exposición. Por eso al final la película se torna obvia y sin sobresaltos: hace mucho rato sabemos donde terminará todo. Y cuando el cine deja de sorprendernos, también sabemos que algo falló.

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