EUROCINE 2004: ENTRE EL PASADO Y EL PRESENTE

EUROCINE 2004: ENTRE EL PASADO Y EL PRESENTE

14 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

.

Repasando la columna que año tras año hemos escrito a propósito de Eurocine, hay dos ideas que parecen repetirse siempre: el entusiasmo del público y la desilusión por la calidad de algunas de las películas. Sobre lo primero no cabe duda alguna. El éxito del evento está asegurado, por motivos no siempre fáciles de explicar y que son mezcla de cinefilia, sed de cine alternativo al de Hollywood y ganas de ser parte de un suceso que ha ido adquiriendo hasta ribetes de acontecimiento social. La emoción y el interés constante de los espectadores merecen todo nuestro aplauso y la más respetuosa de las consideraciones. La verdad es que Eurocine es una fiesta gracias a ellos.

Sobre la irregular calidad de la muestra es más sencillo estar de acuerdo. La falta de una curaduría seria es evidente y por momentos preocupante. A Eurocine no llega el cine europeo contemporáneo más selecto y más premiado, sino una serie de películas de diverso origen y variopintos pergaminos, facilitadas -con más buena voluntad que criterio- por las embajadas de la Unión Europea.

No queremos sonar desagradecidos, pero es saludable establecer unos preceptos críticos frente a lo que vemos, pues no por provenir de Europa se asegura la calidad de los filmes. Como curiosidad, los cortometrajes animados eran las obras que mostraban una calidad más uniforme y un ingenio sin atenuantes, pero misteriosamente este año Eurocine prescindió de ellos.

Dentro de la caprichosa selección de filmes se cuelan algunas películas interesantes, como Hermanas gemelas (2002), El lugar del alma (2002) o A mitad de camino (2001), pero para poder descubrirlas hay que ver otras tantas de dudosa índole. Una notable desilusión fue Senderos de sangre (2002), el debut de John Malkovich como director, en una película postiza y de pobre concepción. Para este fin de semana le apostaremos a La flor del mal (2003), a cargo del maestro Chabrol y a 24 horas de fiesta (2002) del inglés Michael Winterbotton. Ojalá que la suerte nos acompañe.

Donde es fácil acertar es con las películas clásicas que Eurocine trae, una apuesta siempre ganadora, pues el tiempo suele ser juez implacable y sólo las grandes obras logran superar sus dictámenes. Entre esas obras, que incluyen muy valiosos títulos de Marcel Pagnol, Robert Wiene e Ingmar Bergman, quisiéramos destacar y recomendar un filme imprescindible y hermoso, como es El espíritu de la colmena (1973), realizado por ese artista meticuloso que es Victor Erice en plena censura franquista, teniendo por ello que recurrir a la poesía, a los símbolos y a la metáfora para denunciar un estado de parálisis anímica y política que tenía extenuado y casi desecho al pueblo español. La cámara etérea de Luis Cuadrado llena de luz natural y de sombras a una película mágica y asombrosa, en la que el cine, el mito y la fantasía se conjugan en la mente de una niña y en la retina de los espectadores que tengan la fortuna de ver esta obra maestra.

En unos días Eurocine 2004 será historia. Esperamos que la vida y la fortuna nos permita apreciar el año próximo una muestra más representativa del valioso cine que Europa hace día a día.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.