AL FIN QUÉ

No va a haber acuerdo humanitario en este Gobierno. Esa es una de las conclusiones que se podrían sacar del discurso que el Presidente llevó a Europa en un periplo que tuvo más repercusión en el país que en el Viejo Continente. (Así son los europeos: nos hablan del respeto a los derechos humanos, sin conocernos, mientras nos cierran sus fronteras por considerar que somos potencialmente peligrosos.)

16 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

No va a haber acuerdo humanitario en este Gobierno. Esa es una de las conclusiones que se podrían sacar del discurso que el Presidente llevó a Europa en un periplo que tuvo más repercusión en el país que en el Viejo Continente. (Así son los europeos: nos hablan del respeto a los derechos humanos, sin conocernos, mientras nos cierran sus fronteras por considerar que somos potencialmente peligrosos.).

La primera sorprendida con la noticia debe ser la Iglesia, cuya comisión venía de tener dos reuniones con las Farc sobre el tema del acuerdo humanitario. Los encuentros contaron con el beneplácito de Uribe y la comisión se había reunido con el Presidente para informarle sobre los pormenores de las dos reuniones. Era indudable que el tema de Simón Trinidad estaba sobre el tapete: estaría el presidente Uribe dispuesto a canjear a Simón Trinidad por liberar a varios soldados del Ejército colombiano y a unos policías que se estaban pudriendo en la selva?.

Con este dilema, pero con un ambiente positivo que le daba un nuevo respiro al tema del acuerdo humanitario, el Mandatario partió para Europa. Por eso causó tanta sorpresa su declaración en el sentido de que su gobierno solo estaría dispuesto a realizar un acuerdo humanitario si había cese de hostilidades. Este pronunciamiento fue entendido como un nuevo cambio de reglas que confundió aún más el panorama hasta el punto de que es probable que el Papa hubiera encontrado fuerzas para insinuarle algo en su visita al Presidente.

Con este, son varios los bandazos del Gobierno. Primero dijo que el acuerdo humanitario debía ser resultado de un proceso de paz; después, que debería tratarse de manera independiente; luego, que se podía hacer, si se conseguía que los guerrilleros liberados los recibiera un país amigo para evitar que volvieran a delinquir. Francia se apresuró a ofrecer sus servicios, pero el impulso de nuevo feneció.

El tema volvió a cobrar realce cuando un grupo de familiares de secuestrados se tomó la Catedral Primada y el Mandatario decidió llamar al ex presidente López para que le ayudara a mediar y conseguir que desalojaran la Catedral. Los familiares cedieron con la promesa de que se iba a revivir el acuerdo. No obstante, a los pocos días, el presidente Uribe desautorizó públicamente a López Michelsen. Luego le tocó el turno a la Iglesia, quien se apersonó del tema por encargo del propio Presidente. Sin embargo, cuando las cosas estaban otra vez marchando, desde Europa dio unas declaraciones que prácticamente hundían cualquier posibilidad de acuerdo humanitario.

Es evidente que el tema del acuerdo humanitario no es un toro fácil de lidiar, ni siquiera para un presidente como Uribe. No ayuda para nada el hecho de que las Farc tampoco han demostrado mayor voluntad para facilitar el acuerdo y, sin duda, como bien lo dijo Otty Patiño, les importa más su performance protagónico que la liberación de esas miles de víctimas que mantienen enjauladas como si fueran animales. Sus peticiones suenan humillantes para con el Estado- qué tal pedir el despeje a cambio del canje!- y dificultan aún más las cosas.

Sin embargo, el Presidente no puede desconocer que hay un clamor nacional cada vez más creciente, encabezado por la Iglesia, por los ex presidentes, por un gran número de congresistas y por una sociedad que se siente víctima de ese flagelo, que no entienden por qué el Gobierno permite una negociación con los paras sin ninguna condición el propio Vicepresidente ha dicho que ni siquiera la del cese de hostilidades se está cumpliendo y en cambio se muestra tan reacio a buscarle una salida al acuerdo humanitario.

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