EL CONTENDOR DE BUSH

EL CONTENDOR DE BUSH

Aunque formalmente John Kerry tiene aún un largo camino por delante (cuenta con 539 delegados y para ganar deberá asegurar el apoyo de 2.161), ya muchos lo consideran el seguro contendor de George W. Bush en la elección del 2 de noviembre en Estados Unidos. El meteórico ascenso del senador de Massachusetts hacia la candidatura demócrata parece no tener rival y ha sabido capitalizar la condición de ser del mismo estado de John F. Kennedy, en cuyas filas hizo sus primeros pinos políticos, y tener, además, las mismas iniciales y la misma religión, la católica.

18 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

Aunque formalmente John Kerry tiene aún un largo camino por delante (cuenta con 539 delegados y para ganar deberá asegurar el apoyo de 2.161), ya muchos lo consideran el seguro contendor de George W. Bush en la elección del 2 de noviembre en Estados Unidos. El meteórico ascenso del senador de Massachusetts hacia la candidatura demócrata parece no tener rival y ha sabido capitalizar la condición de ser del mismo estado de John F. Kennedy, en cuyas filas hizo sus primeros pinos políticos, y tener, además, las mismas iniciales y la misma religión, la católica.

Pero el éxito de este JFK del siglo XXI poco tiene que ver con su carismático antecesor. Es la típica criatura del curioso sistema electoral estadounidense, que les otorga un peso exagerado a las primarias de Iowa y New Hampshire. Dos estados pequeños que, por ser los primeros, desvían la atención de los medios de comunicación hacia el ganador. Así fue como Kerry logró el moméntum que le permitió desbancar al hasta entonces favorito Howard Dean (ex gobernador de Vermont) y ganar en 14 de las 16 primarias que se han realizado hasta el momento.

Los demócratas ven en Kerry la carta más fuerte para derrotar a Bush, condición que corroboran las encuestas. Y esa ventaja ha pesado más que el cautivador mensaje de John Edwards, autopromocionado como un tipo del común, quien todavía espera una sorpresa cuando las elecciones se muevan al sur (su estado natal es Carolina del Norte) y que se perfila, en el peor de los casos, como un interesante compañero de fórmula de Kerry. También ha quedado relegado Howard Dean con su honesto discurso comprometido con principios más que con la mercadotecnia política moderna. Otros ya se retiraron de la competencia y le entregaron sus banderas al puntero.

La opinión pública está sobrecogida con el perfil de JFK. Voluntario en la guerra de Vietnam, donde cosechó varias medallas por heroico cumplimiento del deber. Un ex compañero de las filas del Ejército, Jim Rassman, ha hecho campaña a su lado, contando la historia de cómo le salvó la vida cuando, abaleado por disparos norvietnamitas, cayó al agua desde una embarcación que capitaneaba Kerry. Los críticos de la intervención estadounidense en Vietnam también están de su lado, pues a su regreso de la guerra se sumó, durante la administración Nixon, a la oposición. En una manifestación, incluso, lanzó contra el Capitolio las medallas ganadas por él y por algunos compañeros (después se supo que se deshizo de las cintas pero guardó las preseas).

Respecto a la guerra de Irak, ya como senador, Kerry también cosechó amigos en ambos lados: votó la ley que autorizó la ofensiva, pero ahora se opone, apoyado en la crítica a la información de inteligencia, cuyos errores condujeron a la equivocada decisión. Ambiguo, confuso o camaleón? Ninguno de estos epítetos, al menos por ahora, han frenado su carrera.

Tampoco la asociación con Michael Dukakis, liberal de su mismo estado, derrotado por Bush padre, quien lo caricaturizó ante el electorado como demasiado izquierdista, y en cuya gestión como gobernador Kerry fue el segundo de a bordo. Un antecedente que, sin duda, saldrá en la campaña del otoño contra el actual presidente si consolida, como parece indicar, su victoria dentro del Partido Demócrata. Porque la historia de sus votos y posiciones lo ubica en el ala liberal en temas como la defensa de los derechos de los homosexuales, escepticismo frente al libre comercio, oposición a la pena de muerte, apoyo al aborto y cuestionamientos a las rebajas de los impuestos que ha hecho George W. Bush. Y si por algo se caracteriza el electorado estadounidense es por su preferencia por el centro.

El camino es largo todavía. Demasiado, para dar como un hecho desde ahora la candidatura demócrata en cabeza de Kerry. El favorito, sin duda, que aún no ha demostrado su fortaleza en el sur ni su destreza para superar los escándalos moralistas que le intentarán montar. Una especie de prueba obligatoria en esta competencia que, en el pasado, dejó en el camino a más de uno.

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