LOS COLOMBIANOS

LOS COLOMBIANOS

Los colombianos viajamos por el mundo con el espíritu inquisitivo de nuestros ancestros. Recorremos las calles de las ciudades con poco dinero en el bolsillo pero con la mente abierta. Todo nos sorprende. El colombiano que llega por primera vez a cualquier ciudad extranjera sabe que también allí, donde se siente libre, está su casa.

17 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Los colombianos viajamos por el mundo con el espíritu inquisitivo de nuestros ancestros. Recorremos las calles de las ciudades con poco dinero en el bolsillo pero con la mente abierta. Todo nos sorprende. El colombiano que llega por primera vez a cualquier ciudad extranjera sabe que también allí, donde se siente libre, está su casa.

Los colombianos recorremos los otros países con nuestra tragedia a cuestas. Cuando un taxista se entera de dónde somos repite:Colombia...Y cae en un discreto silencio. De manera que nos vemos obligados a extendernos en el tema: hablamos de los narcos, la guerrilla, los paras , la pobreza. Pero también de las montañas y de los mares y de la gente.usted que el territorio de Colombia es tan grande como España, Francia y Portugal sumados?", preguntamos.". Tan grande?, pregunta el taxista incrédulo mientras nos entrega las vueltas.

Los colombianos nos sentimos solos. No importa si nos encontramos con una uruguaya o un peruano o una adorable pareja de mexicanos en un tren camino a Praga, y logramos construir puentes transitorios hacia ellos, los colombianos vamos por el planeta un poco solitarios, un tanto esquivos, conscientes de la mezcla de lástima y prevención que se refleja en la mirada y la actitud de los demás frente a nuestro pasaporte.

Reconocemos compatriotas en los lugares más extraños: en los cines, en los parqueaderos, en los restaurantes, en los taxis, en las universidades.

Como nos sentimos tan solos en el universo, nos enorgullecen mucho más que a los demás los compatriotas que triunfan en el exterior. No sólo los gigantes, como Gabo o como Botero. Hay centenares de colombianos exitosos en el mundo, innombrados, desconocidos. Hace unas semanas, mi mujer y yo conocimos al director del Museo de Historia Natural de Washington: Cristian Samper. Nadie llega a esa posición si no es brillante, capaz y trabajador. Samper y su mujer son, además, sencillos y simpáticos. Días después conocimos a un paisa llamado Pedro Juan Botero, que ha sido nombrado director del National Weather Service, parte de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), entidad que maneja los recursos hídricos de los Estados Unidos. Brillante, también, pero sobre todo un gran tipo. Esto en casa de una colombiana que hace tiempo ha debido ser ministra de Hacienda y que ocupa uno de los puestos más importantes en el BID: Nora Rey de Marulanda. Hay decenas de ejemplos así.

Los colombianos miramos las traducciones al español que hizo la Editorial Norma de las obras de Shakespeare en las estanterías de Lima, o nuestras revistas en Buenos Aires, o los libros para niños en Alabama, y nos llenamos de alegría. Berracos somos, caramba.

Los colombianos que vivimos fuera nos reunimos en las casas de los amigos y hablamos de Colombia. Qué aburridos somos!, decimos. Pero nos fascina. Entramos a Internet en la madrugada a leer los diarios y las revistas del país y, a veces, no pocas, los leemos en la noche, después de las doce. Nadie lee más temprano Semana o Cambio que los colombianos en el exterior.

Con enorme paciencia y, claro, molestos, horrorizados, adoloridos, los colombianos hacemos colas interminables frente a los consulados de casi todos los países y enfrentamos la mirada severa de los funcionarios. Todo para probar suerte fuera, o quizás apenas para explorar el mundo. Y para - luego de atravesar las aduanas donde las máquinas nos observan y nos auscultan fríamente- ejercer nuestra nacionalidad de manera honesta y con una dignidad que nadie, nunca, podrá quitarnos.

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