TELEBASURA EN ARGENTINA

TELEBASURA EN ARGENTINA

La televisión argentina acaba de adscribirse a la tendencia de exhibir monstruos humanos o personajes ultra marginales, al comprobar que sigue siendo un negocio redondo fomentar el morbo en los telespectadores, según coinciden expertos locales. Lo que se dio en llamar Telebasura tuvo ejemplos de altos picos de audiencia en tres de los cinco canales de aire que emite la TV argentina: el estatal ATC y los privados 9 y 11, estos últimos, parte de grandes holdings periodísticos.

24 de junio 1994 , 12:00 a.m.

Psicólogos y expertos en medios de comunicación observaron el fenómeno y lo equipararon al eterno hábito humano de disfrutar de la desgracia ajena, celebrando la propia normalidad .

El exitoso programa Hola Susana , conducido por la estrella Susana Giménez -una copia exacta del creado por la italiana Raffaella Carrá- ofreció dos casos típicos de la era de las monstruosidades humanas como espectáculos televisivos.

La diva de la televisión presentó en los estudios de Telefé (canal 11) al hombre más pequeño del mundo, el centroamericano Nelson da Rosa, de apenas 67 centímetros de estatura, a quien hizo bailar y hablar, sin alcanzar a entender nunca lo que el protagonista intentaba transmitirle con su voz metálica e ininteligible.

Los telespectadores admiraron o se horrorizaron con la extraña criatura, pero ese día, el rating del programa ascendió a 35.5 puntos. Poco después, y para no ser menos, un canal de la competencia, el 9, llevó a sus estudios a una enana argentina, de 42 centímetros de altura.

Pandora Peaks, otra rareza , una endeble rubia de gigantescos pechos, también fue exhibida por Susana Giménez con el cartel de la mujer más pechugona del mundo .

Otros programas, con disfraz de periodísticos, como los que conduce el periodista Mauro Viale por la mañana y por la tarde en el canal estatal ATC, apuntan a crear un espectáculo desde el crudo realismo del submundo y la marginalidad.

Frente a las cámaras de ATC un hombre, Alberto Leyva, aparentemente embriagado por su afán de popularidad, confesó haber cometido un asesinato. Del estudio pasó directamente a la cárcel, para alegría de los televidentes.

El programa de Viale, La Mañana , había saltado a la fama explotando el caso de un travesti, Mariela, que luchaba por recuperar la tenencia de sus tres hijos adoptados, cuya tutela le fue retirada por la justicia luego que se descubrió su transexualidad.

Mariela, con voz y piel gruesas, grotesco maquillaje y peluca, fue mostrada ante la pantalla como una pobre mujer que clamaba por volver a estar junto a sus hijos, y recogió masivas muestras de adhesión de los telespectadores.

Explotando otro costado de la morbosidad, pero en el rubro entretenimiento , otros programas Ritmo de la noche , y Juégate conmigo (canal 11)- sacan el jugo a accidentes verídicos o simulados por participantes en juegos, que se lanzan por los techos de los estudios con especies de lianas o se revuelcan en barro o pintura.

Algunos de los intervinientes en los divertimentos salieron verdaderamente lastimados.

Sólo los canales 2 y 13 vienen manteniéndose ajenos a la tendencia, aunque con un alto costo en rating, según constatan las empresas especializadas en medición de audiencias.

El semanario local Noticias analizó el fenómeno. La tendencia a exhibir monstruosidades por televisión va en aumento , sostiene el autor de un artículo sobre el tema.

El periodista destaca otro tipo de horrores , el de las divas con cuerpos mediáticos .

Menciona a las más famosas de la pantalla chica: Mirtha Legrand, la propia Giménez y la cantante Nacha Guevara, que según el artículo son monstruosidades veladas, hechas de intervenciones quirúrgicas .

Todas ellas mujeres de avanzada edad -entre los cincuenta y pico y los setenta- lucen bellas, brillantes y jóvenes merced a una larga serie de cirugías estéticas que las mismas divas se encargan de desmentir.

Las personas que tienen una estructura psicopática se enganchan con estos programas , intentó explicar a Noticias el sicólogo Miguel Rodríguez Arias, para quien queda claro que la ética está fuera del negocio actual de la televisión.

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