LA INFINITA PAZ DE SANTA FÉ DE RALITO

LA INFINITA PAZ DE SANTA FÉ DE RALITO

El control de los paramilitares sobre la vasta región de sabanas ganaderas ardientes y colinas bajas de las estribaciones de la Serranía de San Jerónimo en el departamento de Córdoba es tan completo, tan irremisible, que hasta puede parecer, a veces, libertad.

17 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El control de los paramilitares sobre la vasta región de sabanas ganaderas ardientes y colinas bajas de las estribaciones de la Serranía de San Jerónimo en el departamento de Córdoba es tan completo, tan irremisible, que hasta puede parecer, a veces, libertad.

En esta zona hace largo tiempo pacificada, no impera el terror. Reinan el orden, la paz y la autoridad que los sostiene. Sentado a una mesa contigua a aquella en la que el Comisionado y el Estado Mayor de los paramilitares vienen reuniéndose desde hace 18 meses, rodeado por una legión de escoltas armados y dos secretarias, con dos teléfonos y una radio de onda corta por los que habla todo el tiempo, gobierna Santa Fe de Ralito el comandante 08 .

El patrón , llaman todos a este cordobés alto, de unos 55 años con una nueve milímetros plateada al cinto, cuya sola mención es ley. "Donde hay un conflicto no hay humanidad", dice, clavando en su interlocutor una mirada de jugador de póker.

Jefe de Estado.

Corre con la logística de las negociaciones. Los más de 200 escoltas de los diez comandantes de las Auc deben tener techo y comida. A las fincas de sus jefes desperdigadas por la región deben llegar alimentación, mensajes urgentes y gasolina para sus caravanas de camionetas todoterreno de lujo que surcan la zona dejando polvaredas tras de sí. Llama taxistas de Montería para que traigan a los huéspedes, pues ningún vehículo de fuera entra al corazón paramilitar de Colombia sin permiso. Contrata los meseros que, de pantalón negro y camisa blanca, sirven agua, gaseosa y café en las reuniones del Estado Mayor con la OEA y el Comisionado. "chele más ajo a la carne", le dice a un chef amanerado, que adorna su cocina con una foto de Vicente Fernández y otra de Mancuso.

A esta retaguardia profunda de los paras , la zona más sólidamente bajo su control en todo el país, llegan los heridos a convalecer. 08 dirige el hospital de campaña que funciona en un bohío anexo, donde jóvenes paras heridos se reponen ante un televisor de pantalla gigante, y un pequeño taller en el que ex combatientes víctimas de minas antipersonales fabrican muñones para sus compañeros mutilados. Ciegos y parapléjicos desempeñan oficios varios. Una pareja de Rotweiler y un jaguar juguetón de 8 meses que atiende al nombre de Pecoso y que, según su propietario, no se ha comido a nadie, deambulan libremente.

Su correo electrónico empieza por miguelATC . "Miguel Antonio Trabajo Comunitario", explica. Pues 08 dirige también los destinos de las 16 mil almas civiles que rodean sus dominios. Con la excepción de un puñado de ganaderos cuyas fincas ostentan los beneficios extraordinarios de la renta de la tierra en Colombia, casi todas son campesinos paupérrimos que han visto pasar por sus vidas a todos los grupos armados del país.

Firma órdenes para exámenes médicos en el hospital del poblado de El Caramelo, cuyo quirófano moderno y reluciente, su sala de partos con luz ultravioleta para desinfección y su laboratorio rebosante de reactivos químicos denotan que alguien le invirtió mucho dinero. Hace regañar a las mujeres embarazadas que vienen a pedirle una ecografía. Dice que organiza desde el mantenimiento de las carreteras hasta estanques piscícolas y parte del programa Colombia sin Hambre mediante el cual Salvatore Mancuso, su jefe, dice que se entregan trozos de tierra en comodato gratuito a los campesinos, con la obligación de sembrar 15 frutales distintos.

Por la carretera le enseñan a uno sus fincas. El, como se dice también de Mancuso, adquiere más tierras. Por la hectárea piden hasta un millón 600. "Yo ofrezco 800", dijo, sobre una oferta que le hicieron, mientras negociaba, por la radio, un carro usado. Lo visitan políticos, ganaderos y personajes, cuyas tarjetas guarda celosamente en una libreta. La plata para la vasta empresa que dirige no se ve, pero, sin duda, no escasea. De su origen no habla.

En la última de sus múltiples ocupaciones, este jefe del Estado paramilitar local se desempeña como un maestro: torear con verónicas y chicuelas de matador curtido en las lides de relaciones públicas a todo periodista que visite sus dominios. Pues responde, además, por la comunicación.

El reino de los paras.

Dos escoltas uniformados transmiten las órdenes de 08 : Pelo e pollo y Guayabo . Este es un espigado guerrero de Yarumal (Antioquia) con 30 años de vida y ocho de combates. Tiene "una mujercita" asesinada por la guerrilla en El Siete, en Urabá; un amorío incipiente con una chica tímida de 14 años, Diana, a la que quiere organizar , y una afición por la guerra que solo rivaliza con Juliana , la camioneta Toyota Hilux verde que lo regresa a casa en las borracheras memorables que le valieron el apodo y en la que llevó a EL TIEMPO (aquí no hay transporte independiente) los dos días de recorrido por la región.

En estas sabanas la vida transcurre al mesurado ritmo de un calor inenarrable que convierte a los pueblos en sitios desolados durante las horas del mediodía, cuando desde los gatos hasta los ancianos más curtidos buscan en vano escapatoria al reverbero de las insólitas tejas de zinc con las que algún programa del gobierno techó buena parte de las casas.

Sin un inspector, un fiscal o un policía; sin un ladrón -"aquí el que roba se muere", declaró un paraco -, y con los habitantes de El Burro, un pueblito serranía adentro, acatando disciplinadamente la orden de que los cerdos no anden por la calle para que no se metan a los patios ajenos, en la zona de ubicación reinan las reglas de los paras .

A José Inés González, el pastor evangélico de Corinto, un pueblo de media docena de casas a quince minutos de Santa Fé de Ralito, le ha tocado, como a todos los habitantes de esta región, la guerra entera.

Debió vender hace diez años, a 60 mil tristes pesos, cada una de las escasas hectáreas que su papá le dejó de herencia en una finca sobre el río San Jorge, para huir del Epl. Asistió temeroso, por venir de una región guerrillera, a la llegada de los primeros paracos , en 1994.

"Nos quedamos quietos y como por milagro divino no nos pasó nada". Ahora dice vivir tranquilo, dirigiendo una iglesia en la que reúne todos los domingos a las 150 personas de la comunidad. La Junta de Acción Comunal se eligió hace unas semanas. Sin que los paras intervinieran, dice. "Ellos vienen, acuerdan con los líderes las obras y lo que hará la comunidad, pero no se meten más allá".

Los paras convirtieron la trocha para mulas en una carretera, poniendo la gente a trabajar. Para los pasos malos se organizan jornadas de relleno con piedras. Reconocen que intiman a las autoridades emprender obras, supervisan que el dinero se invierta y castigan drásticamente la corrupción. En tales condiciones, es difícilmente imaginable alguna independencia de las autoridades en los municipios aledaños.

Los profesores de los pueblitos de Quebrada Costa y El Burro, Elder Urzola y Omar Romero, tienen 43 y 71 alumnos cada uno y atienden simultáneamente, en bohíos abiertos construidos por la comunidad, cursos de primero, segundo y tercero de primaria. Ambos afirman que los paras no se meten con el currículo. Elder se muestra preocupado porque sus niños, en la clase de dibujo libre, pintan helicópteros lanzando bombas. La única diversión de los alumnos de Omar el año pasado fue ir a Santa Fé a escuchar la banda de guerra del colegio de Tierralta, que vino de visita.

Solo un puñado de niños pasa de la primaria a un colegio de bachillerato y casi ninguna familia tiene después para pagarle ni el transporte a la universidad en Montería. Mientras gente como los Coronado tiene más de mil hectáreas, según algunos pobladores, el jornal por sembrar maíz o arriar ganado bajo este sol calcinante, son 6.000 pesos diarios.

No se ve coca, pero la economía cocalera es evidente. En otro poblado, se desperezaba, a la sombra de un arbolito, un joven semidesnudo con las manos peladas. Huellas evidentes de perga , el permanganato esencial en la química para preparar la pasta base de coca del tajo de dos hectáreas que tiene cerca a Tierralta, cabecera municipal de Santa Fé. Cuando cae la Policía, los cocaleros se avisan entre sí y esconden la gasolina, único material que los inculpa. Si no alcanzan y son detenidos, reúnen entre todos y, según cuenta, a veces logran sobornar a la autoridad, a veces les toca contratar abogados. La mercancía hay que venderla a un patrón local, que la paga a 2.080.000 el kilo, precio bajo frente al de otras zonas. Y el trabajo es peligroso, porque en esas montañas el reino para colinda con avanzadas de la guerrilla.

Libre expresión?.

A diferencia de los murmullos temerosos y las miradas a los lados, característicos de otras regiones del país, en esta zona donde el Estado nunca ha estado presente y la guerrilla y todo sospechoso de simpatía con ella fueron limpiados hace años, la gente habla con relativa libertad. Guayabo , que llevó a los periodistas de EL TIEMPO en su camioneta, se mantenía discretamente aparte durante las conversaciones. Casi nadie critica a los paras ; casi todos recitan las exacciones guerrilleras del pasado y expresan preocupación por la desmovilización de las autodefensas. Las analogías con el Caguán, dominio histórico de un grupo de signo ideológico contrario pero con similares mecanismos de control sobre la población, son evidentes.

Como lo es el control. En el hospital de El Caramelo, los médicos miraron azorados a los periodistas cuando Guayabo dijo: "los manda el patrón , para que les muestren las instalaciones". Para el almuerzo y la comida, se llegaba a casas o fincas a las que por radio se les había indicado tener todo preparado. Una de ellas, dijeron algunas personas, pertenece a una parlamentaria; otra, a una prestante dama cordobesa. Un para confirmó que nadie puede llegar a vivir a la zona sin que se sepa quién es y sin que ya tenga un pariente aquí. Habitantes con radio, a los que llaman postes , informan del menor movimiento raro. 08 , como cualquier gobernante seguro de sus dominios, y arguyendo que, gracias al orden y las obras de las autodefensas, todo el mundo colabora, dijo: "vayan donde quieran y hablen con el que quieran y verán".

La región está rodeada por un perímetro de seguridad. Las tropas no se ven, pero se habla de ellas. Serranía arriba, hacia el nudo de Paramillo e Ituango, el poderoso Bloque José María Córdoba de las Farc es mantenido a raya. En otras zonas, fuera de Santa Fé, como en los alrededores de Valencia y Santo Domingo, centro de los dominios de Adolfo Paz , retenes paramilitares vigilan cada kilómetro de carretera. Las fincas de Mancuso y otros comandantes cuentan son similar seguridad.

* * *.

El pastor evangélico José Inés González tiene un debate con 08 . "Yo le digo que se va a condenar por haber hecho tantas cosas malas. El contesta que limpiar el mundo de gente maligna es ayudar a Dios".

08 se ríe. El mismo había aconsejado ir a hablar con el pastor. La paz de Santa Fé de Ralito no será perfecta. Pero bajo su control es tan infinita que hasta admite ciertas disidencias.

alvsie@eltiempo.com.co

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