CAOS EN MEDELLÍN Y BOGOTÁ!

CAOS EN MEDELLÍN Y BOGOTÁ!

Si en Bogotá llueve, en Medellín no escampa. En la capital de Antioquia también avanzan procesos de densificación urbana atolondrada, similares a los que padece Bogotá en medio del silencio y la abulia de todos los estamentos ciudadanos.

18 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Si en Bogotá llueve, en Medellín no escampa. En la capital de Antioquia también avanzan procesos de densificación urbana atolondrada, similares a los que padece Bogotá en medio del silencio y la abulia de todos los estamentos ciudadanos.

Se evidencia en Medellín, en efecto, y de manera especial en la conocida zona de El Poblado, la aparición repentina de una nueva ciudad gigantesca! conformada por edificios de alturas y densidades habitacionales muy altas, ubicados en zonas de muy escasa infraestructura vial. Baste observar la muy estrecha condición de la bajada de la Loma del Tesoro , vía que conecta el tráfico que procede de la carretera de las Palmas o del propio aeropuerto de Rionegro, con la Avenida Central de El Poblado.

En sus márgenes, como en el tramo norte de la Avenida Circunvalar en Bogotá, se levantan decenas y decenas de conjuntos residenciales que ya se asoman a las nubes, sin que existan el urbanismo y las vías que técnicamente se requerirán para facilitar el desplazamiento de la masa vehicular que inevitablemente surgirá de las nuevas construcciones. Es indudable que esos conjuntos levantados de manera preferencial en barrios de estratos medios o altos, afectados por la geografía quebrada de las laderas de la montaña, sin acceso directo a los nuevos sistemas de transporte masivo vomitarán centenares de vehículos particulares sobre vías estrechas e insuficientes.

En la capital del país, los empresarios concentraron la oferta de manera especial en los barrios de clase alta. En Medellín también se comprueba el afán de construir en las zonas de estratos superiores, con el prurito de que allí está la gran demanda. Todo, con un agravante, porque en tales sectores se entremezclan edificios de espacios generosos y elegantes, con torres de estética vergonzosa, donde se hacinan decenas de miniapartamentos, con metrajes similares a los de las más estrechas viviendas populares.

Cuál, entonces, la responsabilidad de quienes tienen a su cargo la aprobación de las licencias de construcción, vale decir, los curadores urbanos?.

Veamos: argumentan ellos que sus oficinas se limitan a aplicar las normas urbanísticas vigentes, y que no responden, por ende, ante el caos urbano que se avecina a pasos agigantados. De esta manera, esgrimen razones jurídicas, pero ignoran que ellos tienen la responsabilidad ética de denunciar la norma o promover su revisión, cuando ella contribuye al desorden o violenta el interés general de la ciudad y sus habitantes.

Es indudable que se hace imperativa la revisión de las normas urbanísticas en capitales como Bogotá y Medellín, y posiblemente en otras ciudades, y a los curadores les corresponde un papel proactivo en ese campo. De lo contrario, compartirán responsabilidades frente al desastre urbano que ya se vislumbra.

Los alcaldes Lucho Garzón y Sergio Fajardo deben asumir el liderazgo de la discusión. De lo contrario, todos tendremos que llorar sobre la leche derramada. Los debates sobre TransMilenio en Bogotá o la financiación de los pasivos del Metro en Medellín, mal pueden servir de cortina de humo para ubicar en lugar subalterno la discusión que amerita el asunto de la densificación urbana. Cómo hacerla? A la topa tolondra? Con edificios que superan la capacidad de la infraestructura vial y de servicios? Sin el previo requisito de un urbanismo que garantice la protección ambiental y la construcción de zonas verdes? Hacinando la gente y las viviendas en barrios de clase alta que empiezan a tugurizarse de manera dramática? Levantando en un mismo sector torres altísimas, que contrastan con las muy limitadas alturas permitidas en los predios vecinos? Con base en reglamentos caprichosos, donde no siempre los predios aledaños cuentan con normas iguales o parecidas?.

Habrán tomado nota los alcaldes de Bogotá y Medellín? No equivale a una paradoja el hecho de que las formidables herramientas que ofrecen los Planes de Ordenamiento Territorial, adoptados por la ley 388 de 1997, no hayan sido utilizadas para definir e impulsar procesos de densificación urbana más racional y menos torpe?.

Habrán entendido los burgomaestres los altos costos que deberán pagar las ciudades a su cargo y sus propios habitantes, de no adoptarse correctivos inmediatos?.

Amanecerá y veremos.

juanmartincaicedo@hotmail.com

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