LULA SE LA JUEGA POR LA CHINA

LULA SE LA JUEGA POR LA CHINA

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva visitará China la próxima semana con una impresionante delegación de siete ministros y 400 empresarios para sellar un acercamiento con un país que se convirtió en el tercer cliente de Brasil y en un aliado de peso en la formación de una fuerza política de países en desarrollo. VER TABLA Diferencia entre el gigante asiático y el suramericano

17 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva visitará China la próxima semana con una impresionante delegación de siete ministros y 400 empresarios para sellar un acercamiento con un país que se convirtió en el tercer cliente de Brasil y en un aliado de peso en la formación de una fuerza política de países en desarrollo.

VER TABLA Diferencia entre el gigante asiático y el suramericano.

"Es tal vez la visita más importante de mi mandato", dijo recientemente Lula, que irá a Pekín y Shanghai, en una feria de empresarios de agronegocios particularmente entusiastas con la idea de seguir vendiendo soya a China, un producto que en 2003 representó el 29 por ciento de los 4.532 millones de dólares exportados al país asiático.

En el comercio bilateral, Brasil obtuvo en 2003 un superávit de 2.384 millones de dólares (246 por ciento más respecto a 2002), con una lista ampliamente dominada por productos primarios (soya, hierro, madera, etc.) pero que el país sudamericano quiere ampliar a ítems con mayor valor agregado.

Ni los nuevos brotes de Sras (neumonía atípica) ni las tentativas de China para enfriar su desenfrenado crecimiento económico asustan a los responsables brasileños.

"Aun si el crecimiento del PIB chino se reduce uno o dos puntos en 2004 (en 2003 fue de 9,1 por ciento), seguirá siendo impresionante", se subraya en ámbitos gubernamentales.

La visita se produce a los 30 años del establecimiento de relaciones bilaterales plenas y debe marcar la "determinación de afianzar relaciones estratégicas no sólo comerciales, sino también científicas y tecnológicas, culturales y militares, constituyendo una alianza amplia", aseguró el presidente Lula.

El sueño chino de los empresarios brasileños no se limita a satisfacer las demandas de aunque sea una mínima parte de un mercado de 1.300 millones de habitantes.

También quieren atraer inversiones de un país que posee las segundas reservas de divisas del mundo (después de Japón), de unos 440.000 millones de dólares.

El ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Luiz Fernando Furlan, estimó que en los próximos años podrían llegar inversiones chinas por 5.000 millones de dólares, para obras de infraestructura (renovación portuaria y ferroviaria y construcción de gasoductos).

Brasil también aspira a ampliar los mercados de Embraer (aeronáutica) o Embraco (compresores para refrigeradores), ya presentes en China, y pretende vender su tecnología de etanol (alcohol de caña que se mezcla con el combustible de los automóviles), recordando que Pekín se comprometió a reducir su nivel de contaminación ambiental para los Juegos Olímpicos de 2008.

Los dos países encaran actividades de prospección petrolera conjunta en Africa (Petrobrás instalará una oficina en Pekín) y la venta de imágenes de la tierra a terceros países, prosiguiendo una cooperación espacial que desde 1999 les permitió poner en órbita dos satélites Cbers, mientras proyectan el lanzamiento de otros dos.

Para desarrollar los negocios con China, Brasil se presenta como la puerta de entrada del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), con la perspectiva de un acuerdo comercial entre ambas partes pese a que Paraguay no reconoce oficialmente a Pekín (tiene embajada en la isla nacionalista de Taiwán).

"Nos gustaría contribuir para que las relaciones (de Asunción y Pekín) sean como las nuestras", dijo el canciller Celso Amorim, aunque aclaró de inmediato que esa será una "decisión soberana de Paraguay".

Brasilia tuvo este año un gesto siempre apreciado en Pekín, al votar una moción que impidió la apertura de las discusiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU sobre las violaciones de las libertades cívicas en China. ***.

Fuerza política.

Lula destaca la similitud de intereses entre los mayores países emergentes del hemisferio oriental y del hemisferio occidental en lo que hace "a las necesidades sociales, a la necesidad de crecimiento y al pensamiento común en la ONU y la Organización Mundial de Comercio (OMC)".

Ambos países se opusieron el año pasado al ataque unilateral lanzado por Estados Unidos contra Irak e impulsaron el G-20 de los emergentes, que se formó durante la conferencia de la OMC de Cancún (México) para luchar contra los subsidios agrícolas del mundo desarrollado.

Lula subraya también que los dos países coinciden en la necesidad de "democratizar la ONU" y recuerda que Brasil está buscando apoyos para integrarse como miembro permanente del Consejo de Seguridad, el día que se decida su ampliación.

"Brasil quiere crear una fuerza política que haga que los países en desarrollo sean tenidos en cuenta en los organismos internacionales que rigen la economía, la política y el comercio mundiales", afirma el mandatario brasileño.

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