REMEZÓN A LOS PARTIDOS POLÍTICOS

REMEZÓN A LOS PARTIDOS POLÍTICOS

El desgastador debate sobre la reelección inmediata del Presidente Uribe no solo ha tenido ya costosas consecuencias económicas que en las últimas semanas se sintieron en los mercados financieros, sino que también está teniendo efectos preocupantes sobre las instituciones del sistema democrático. Transcurridos tan solo dos de los ocho debates requeridos para la aprobación de la reforma constitucional, ya es claro que el debate ha puesto en la encrucijada a los partidos políticos generándoles una verdadera crisis que, de acuerdo al significado chino de la palabra es al mismo tiempo riesgo y oportunidad.

18 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El desgastador debate sobre la reelección inmediata del Presidente Uribe no solo ha tenido ya costosas consecuencias económicas que en las últimas semanas se sintieron en los mercados financieros, sino que también está teniendo efectos preocupantes sobre las instituciones del sistema democrático. Transcurridos tan solo dos de los ocho debates requeridos para la aprobación de la reforma constitucional, ya es claro que el debate ha puesto en la encrucijada a los partidos políticos generándoles una verdadera crisis que, de acuerdo al significado chino de la palabra es al mismo tiempo riesgo y oportunidad.

Los signos de la crisis en los partidos son evidentes. El conservatismo estuvo a punto de dividirse entre partidarios y opositores de la reelección inmediata, pero al final primaron los apetitos burocráticos y las promesas de puestos y canonjías, de manera que los principios tradicionales de la colectividad azul capitularon ante la tentación del apetitoso plato de lentejas anunciado por el Ministro del Interior. A la vera del camino quedaron los derrotados: el principal, el ex presidente Pastrana, quién ante la evidencia de las preferencias por compartir el poder de la mayoría de los parlamentarios conservadores no tuvo otra alternativa que retirarse dignamente del debate y dejar "en libertad" a su bancada para que apoyaran la reelección.

Tampoco fueron oídas las opiniones de otros prestantes miembros del partido Conservador como los ex ministros Augusto Ramírez y Juan Camilo Restrepo, pero ellos continúan manifestando públicamente su rechazo al rompimiento de las reglas de juego de la democracia, lo mismo que el vocero histórico del conservatismo, el periódico El Nuevo Siglo, que se ha convertido en el más contundente vocero de la oposición, y cuyos sesudos editoriales demuestran con variedad de argumentos históricos, políticos y jurídicos la inconveniencia del proyecto de reforma constitucional.

La crisis es todavía más profunda en el campo liberal. De una parte el verdadero oficialismo liberal, que son los parlamentarios que apoyaron al presidente Uribe en las pasadas elecciones y hoy participan oficialmente en el gobierno, no ha podido, o no ha querido, dar el paso para conformar el partido uribista, de manera que no actúan como bancada disciplinada sino que cada voto individual debe ser negociado a cambio de alguna prebenda o cuota burocrática. Se dice que este comportamiento va a dificultar el paso del proyecto de reelección en la Cámara de Representantes, en razón a que los uribistas están descontentos porque a ellos no les han ofrecido algo similar que lo que obtuvo el partido conservador a cambio de su apoyo al proyecto.

Por su parte el Partido Liberal, así a secas porque hace 6 años no es oficialismo, también enfrenta la posibilidad de una nueva división porque varios de sus congresistas han decidido no acatar la decisión democrática y mayoritaria de oponerse al proyecto de reforma constitucional, y atendiendo a sus intereses personales están apoyando la reelección inmediata del presidente.

Ante esta rebelión el senador Camilo Sánchez, actual director del Partido, ha planteado que quien no estén de acuerdo con la línea oficial decidida por la mayoría debe abandonar el Partido, o puede ser expulsado. A pesar del explicable rechazo de los afectados, se trata de una posición lógica y necesaria para la subsistencia de cualquier organización. Más aún, en Colombia hoy es una exigencia legal pues la última reforma política incorporó en el artículo 108 de la Constitución la siguiente obligación: "los miembros de las Corporaciones Públicas elegidos por un mismo partido o movimiento político o ciudadano actuarán en ellas como bancada en los términos que señale la ley y de conformidad con las decisiones adoptadas democráticamente por estas". Es claro que quien no actúe como bancada no puede pertenecer a ella.

Tal vez sea mejor no hablar de expulsiones, término que suena poco liberal, sino utilizar los instrumentos que creó la misma reforma política con la exigencia de que cada partido presente listas únicas a las elecciones. La resolución que debe tomar inmediatamente la Dirección Liberal es anunciar que el parlamentario que no siga la decisión mayoritaria del Partido, no recibirá el aval del mismo para las próximas elecciones ni será incluido en la lista única. Así podrá salir algo bueno del debate sobre la reelección.

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