TIENE FUTURO AMÉRICA LATINA

TIENE FUTURO AMÉRICA LATINA

Cada día son más frecuentes y fundamentados los cuestionamientos a la globalización, en especial ligada a los resultados del Consenso de Washington. Las quejas han tomado fuerza, porque no provienen sólo de los críticos de los países en desarrollo sino de analistas como Stiglitz, quien no se ha cansado de fustigar la obsesión por el crecimiento de las cifras, ignorado los aspectos sociales. En una reciente publicación de Villegas Editores, que lleva el título de esta nota, Alfredo Toro Hardy, diplomático y académico venezolano, realiza un juicioso análisis del tema. Entre las muchas virtudes de esta obra, resalta su riqueza bibliográfica y las numerosas citas de connotados expertos que respaldan los criterios del autor.

13 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Cada día son más frecuentes y fundamentados los cuestionamientos a la globalización, en especial ligada a los resultados del Consenso de Washington. Las quejas han tomado fuerza, porque no provienen sólo de los críticos de los países en desarrollo sino de analistas como Stiglitz, quien no se ha cansado de fustigar la obsesión por el crecimiento de las cifras, ignorado los aspectos sociales. En una reciente publicación de Villegas Editores, que lleva el título de esta nota, Alfredo Toro Hardy, diplomático y académico venezolano, realiza un juicioso análisis del tema. Entre las muchas virtudes de esta obra, resalta su riqueza bibliográfica y las numerosas citas de connotados expertos que respaldan los criterios del autor.

La imposición del modelo americano, cuya esencia y razón se sintetiza en la maximización del lucro, en medio de una competencia que no conoce límites, no parece dejar espacio para las consideraciones sociales. Estos comentarios de Toro, que evidencian un hecho notorio, no son esperanzadores para la solución del grave problema del desempleo. Por el contrario, la tendencia tiende a acelerarse si nos atenemos al ejemplo que cita el autor: En los últimos siete años la producción de acero en los Estados Unidos aumentó de 75 a 102 millones de toneladas, mientras la nómina de trabajadores se redujo en 70 por ciento.

Además, para Toro, los excesos en las desregulaciones han estimulado el engaño y la extorsión a gran escala, y el afán del enriquecimiento rápido y la laxitud de principios han propiciado la búsqueda de la riqueza fácil, a los barones de la droga, a los depredadores de la cosa pública y a los ladrones de toda especie. Para el autor, la ruta a seguir por Latinoamérica tiene que ser la confianza.

Citando el informe de una importante multinacional, Toro no oculta su preferencia por el escenario Prisma, que no desconoce la modernidad, pero si es plural, donde tienen cabida distintas culturas y regiones del mundo, con mayor grado de independencia en el desarrollo de sus propias estrategias económicas. Este cambio en el paradigma económico dominante dejaría sin sustento el Consenso de Washington, la preeminencia de los organismos financieros internacionales e incluso el liderazgo no disputado de los E.U.

Especialmente curiosa resulta la tabla que contiene el apéndice, donde los cincuenta mayores países y multinacionales son escalafonados con base en el PIB o las ventas, respectivamente. Otras cifras muestran contrastes enormes. México es la duodécima economía del mundo en términos de PIB, pero ocupa el lugar 57 en el PIB per cápita, 64 en expectativa de vida, 92 en alfabetismo y 108 en mortalidad infantil. Brasil, por su parte, siendo el número 8 en el rango del PIB, ocupa el lugar 58 en el PIB per cápita y los lugares 108 en expectativa de vida, 108 en alfabetismo y 113 en mortalidad infantil, compitiendo con los países africanos. Chile, Costa Rica, Cuba y Uruguay salen mejor librados que el resto de América Latina.

La respuesta a la pregunta que contiene el título de la obra se sintetiza en el siguiente párrafo de la conclusión:América Latina aspira a tener un futuro que trascienda a más de tres o cuatro historias nacionales exitosas y algunos enjambres o nichos productivos adecuadamente competitivos, es necesario que se produzcan importantes transformaciones. Las mismas deberían asumir una doble dirección: hacia el interior de las propias sociedades, mediante cambios culturales en profundidad y hacia el entorno internacional, mediante el surgimiento de una atmósfera más flexible y abierta.

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