ESPIONAJE DE E.U. EN ONU

ESPIONAJE DE E.U. EN ONU

Era finales de febrero del año pasado y la situación era extraordinariamente crítica. En un edificio aledaño a la sede de Naciones Unidas, seis países miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se reunían a puerta cerrada buscando una alternativa que detuviera la inminente invasión armada contra Irak.

22 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

Era finales de febrero del año pasado y la situación era extraordinariamente crítica. En un edificio aledaño a la sede de Naciones Unidas, seis países miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se reunían a puerta cerrada buscando una alternativa que detuviera la inminente invasión armada contra Irak.

Con Francia y Alemania en un extremo (antiguerra) y Estados Unidos y Gran Bretaña en el otro (pro guerra), México, Chile, Camerún, Angola, Guinea y Pakistán los llamados países indecisostrabajaban a marchas forzadas en el borrador de una Segunda Resolución , que otorgaría más tiempo al régimen de Saddam Hussein para demostrar que no poseía armas de destrucción masiva.

Era todavía una cosa preliminar. Ni nuestras cancillerías sabían de qué se trataba. Solo los seis que estábamos en ese cuarto lo sabíamos , recuerda Adolfo Aguilar Zinser, en ese entonces representante de México ante la ONU.

A la mañana siguiente, Zinser debió sentir un escalofrío recorriéndole el cuerpo, cuando contestó la primera llamada de su agenda del día. Les agradecemos que estén tratando de buscar alternativas, pero no es una buena idea. No lo intenten , le dijo un diplomático de E.U.

El memo que pedía ayuda.

El ex embajador, hoy al margen del Gobierno, ha decido contar su historia para tratar de demostrar algo de lo que dice estar seguro: Estados Unidos los estaba espiando. Era muy obvio que los países que participábamos en las discusiones sobre Irak estábamos siendo observados, y que probablemente nuestras conversaciones eran grabadas para beneficiar a E.U. , sostiene Zinser.

Sus pasmosas revelaciones serían solo confidencias de un ex diplomático sino fuera porque existe un delicado precedente. El 2 de marzo del 2003, el diario The Observer, de Londres, publicó un memo interno de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NAS) en el que les pedían cooperación a los británicos para monitorear las discusiones que se llevaban a cabo en esas tensas semanas.

Necesitamos su ayuda en la recopilación de toda la información posible que les dé a los políticos de E.U. una ventaja para obtener resultados favorables , decía el memo, según el Observer. De acuerdo con el diario, se trataba de interceptar llamadas telefónicas en casas y oficinas, y los correos electrónicos de los indecisos y otros miembros del Consejo, entre ellos China.

La noticia, nunca desmentida tajantemente por ninguno de los dos gobiernos, desató un escándalo en la prensa europea cuyas repercusiones aún siguen. La semana pasada The Observer volvió a la carga con una nueva historia en la que confirma que Londres no fue solo el recipiente de una propuesta estadounidense , sino que aceptó la trama y colaboró en ella.

Chile y México se destapan.

Para rematar, ya otros países distintos de México , han comenzado a exponer pruebas sobre el supuesto espionaje. La semana pasada el gobierno de Chile admitió sin rodeos que los teléfonos de su embajada en la ONU estaban chuzados . Según un portavoz del gobierno austral, tras conocerse las acusaciones del Observer, especialistas en espionaje de su país así lo corroboraron. Tanto México como Chile han hecho públicas sus protestas y han pedido que se investigue a fondo.

No en vano, al incidente ya se le llama el Onugate . Lo más sorprendente de este episodio es que la responsable de sacar a la luz la truculenta historia está a punto de ser enjuiciada. Katherine Gun era una traductora al servicio de la CGHQ, el máximo órgano de inteligencia en el Reino Unido, cuando se topó con el polémico memo de la NAS.

Según ella, fue la gravedad de lo que allí se decía y estando en juego la invasión a un país lo que la decidió a filtrar el documento. La filtración fue justificada, pues exponía los esfuerzos de E.U. por comprometer a nuestras agencias de inteligencia en un ilícito y porque se trataba de impedir una guerra ilegal, en la que miles de iraquíes y soldados británicos morirían. Nadie me pagó por esto. Actué por conciencia , dijo Gun.

La traductora, arrestada tras la publicación del artículo en el Observer - hace casi un año- está acusada de violar la Ley sobre los Secretos Oficiales. Activistas en todo el mundo, como el reverendo Jesse Jackson y actores como Sean Penn y Martin Sheen, en E.U., han lanzado una campaña para impedir su sentencia.

Quizás ni siquiera sea necesaria esa solidaridad. El gobierno británico enfrenta el dilema de que un juicio podría sacar a la luz las operaciones del GCHQ, por eso Gun deberá comparecer esta semana, pero muy seguramente el juicio sea suspendido.

Gun ha sido catalogada como una valiente por Daniel Ellsberg, el mismo que en 1971 enfrentó una situación similar por haber filtrado los Papeles del Pentágono (que narraban tres décadas de oscura participación de E.U. en Vietnam). Su acción evitó, dice Ellsberg, que la invasión tuviera falsa legitimidad , pues tras ellas se rompió todo esfuerzo por alcanzar un compromiso, lo que obligó al eje Washington-Londres a intervenir sin el consentimiento de la ONU.

Foto.

Horas de tensión se vivieron en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en vísperas del ataque a Irak.

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