LA TERNURA DE FABIOLA

LA TERNURA DE FABIOLA

Hasta Australia prefería creer que el tenis colombiano no existía. No le tenía confianza y optaba por ignorarlo. Hoy, eso es imposible. Fabiola Zuluaga es la número 22 del mundo y tengo que tragar con vergenza palabras del pasado.

22 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

Hasta Australia prefería creer que el tenis colombiano no existía. No le tenía confianza y optaba por ignorarlo. Hoy, eso es imposible. Fabiola Zuluaga es la número 22 del mundo y tengo que tragar con vergenza palabras del pasado.

Con el riesgo de ser silenciada, me atrevo a pedirle a Fabiola que asuma como debe su nueva posición. Que aproveche la expectativa que genera y evite con su juego que el éxito se le convierta en una ilusión óptica. Después de todo, para muchos, gracias a ella, la afición por el tenis renació. Mi generación, por ejemplo, solo tuvo como referencia anterior a Mauricio Hadad, una esperanza que se desinfló sin haberse inflado. Además de las promesas juveniles que no despegaron.

A partir de ahora los triunfos de Fabiola dejarán de ser graciosos y tiernos y se harán obligatorios. Se codea con Mary Pierce, Lisa Raymond y Magdalena Maleeva según la clasificación de la WTA. Como tenista de primera línea su comportamiento debe ser diferente. En el pasado, la Copa Colsánitas estaba hecha a su medida. Concebida como está, hoy debería quedarle chica. Aparte de la lealtad con su patrocinador, no parece lógico que en su preparación no se encuentre en circuitos más exigentes con sus vecinas de escalafón.

No hay que confundirse, Fabiola sigue siendo un talento aislado de generación espontánea. Sus méritos conmueven pero no engañan. Su esfuerzo personal no nos hace potencia ni garantiza el futuro de este deporte. Es más, considerando algunos escándalos, es probable que la luna de miel de Colombia con el tenis termine en ella. Por eso hay que disfrutar. Aplaudirla en Bogotá.

Con algo de suerte, ingrediente válido y necesario en el deporte, llegó a su límite, que resultó ser más alto del calculado. Como consecuencia sus seguidores se volvieron exigentes y quieren ser correspondidos. La ternura desapareció.

patrit@eltiempo.com.co

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