GEOGRAFÍA EN EL MES DE LOS NIÑOS

GEOGRAFÍA EN EL MES DE LOS NIÑOS

Tenemos un país diverso y muy extenso, con valles, nevados, cañones, selvas y bosques en trance de ser desiertos. Quienes escapamos de la carnicería pasada, de aquella de los años cincuenta con sus chusmas y cortes de franela, supimos del país en la escuela en donde la profesora Ernestina nos hablaba del Gran Macizo Colombiano, de las Serranías de Abibe y de Ayapel.

27 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Tenemos un país diverso y muy extenso, con valles, nevados, cañones, selvas y bosques en trance de ser desiertos. Quienes escapamos de la carnicería pasada, de aquella de los años cincuenta con sus chusmas y cortes de franela, supimos del país en la escuela en donde la profesora Ernestina nos hablaba del Gran Macizo Colombiano, de las Serranías de Abibe y de Ayapel.

Pintábamos los ríos y los dos océanos y nos señalaban en el mapa esa inmensidad verde en donde todo era posible, hasta la cueva del fantasma. Sabíamos de un país profundo, lleno de páramos, de desiertos y de honduras insondables, del mar de agua dulce del Amazonas, y hasta del impredecible Chicamocha. Lo difundieron después los locutores de Vueltas a Colombia que con delirante prosa y sin pauta mercenaria de la Lotería describían con frases amables la neblina de Arcabuco, los peladeros de Tunja, las llanuras sembradas de trigo y cebada en Samacá o el Valle germinando azúcar y copitos de algodón en el Tolima, las laderas santaneras impregnadas de melao y piña...

Los más grandecitos, pegados a nuestro transistor de pilas grandes, escuchábamos alViejo Macanudoi que nos contaba cómo los campesinos salían al paso de los valientes ruteros, que corrían por amor en sus caballitos de acero. Decían nombres de veredas y de puentes mientras describían ruanas y azadones, geranios, dalias y orquídeas.

Eso era antes. Lo digo ahora desde el fondo de la desesperanza, porque la violencia nos ha arrancado de cuajo la fantasía del descubrimiento. La geografía de la patria ya no es como antes. Los niños ya no la aprenden como otrora. No saben del caño de la Mojana, no saben de los runchos que se pescaban en el río Moniquirá, no saben de las brisas del Pamplonita, ni de los rápidos del Fonce, ni del acuífero de Teatinos.

La geografía de hoy es un mapa salpicado de viruela y los niños están aprendiendo del país no por los esteros del Guapí , ni por los geranios de Sutatenza, ni por las acacias rojas que florecen todo el año a la entrada de Fundación, sino por la masacre de Mapiripán, por los 28 niños incinerados de Machuca, por el holocausto de Bojayá, por los seis niñitos inmolados en Antioquia por error que se volvió referente de igual genocidio en Cajamarca, por la amenaza de Paratebueno, por los agentes descabezados de Icononzo, por los ajusticiados de Vigía del Fuerte, por los niños guerrilleros de Gutiérrez, por el paredón de Puerto Alvira, por los fusilamientos de Puerto Lleras, por el destierro del cura de San Vicente, por el asesinato del sacerdote de Cáchira, por los secuestros reiterativos vía Guateque, por la tentativa de homicidio colectivo en los hornos de Nobsa, por la destrucción de un albergue infantil en un pueblo del norte boyacense, por la sevicia en la destrucción de Gámeza y Socha. Cada día la muerte habla de otro pueblo del país, de otro lugar geográfico que pasará a la memoria infantil por el tamaño de la perversión. Nadie hablará de la hermosura en Bolívar (Santander), con sus quebradas múltiples y sus vallecitos mínimos, sino que será, en adelante, el punto aquel en donde asesinaron niños, primera a bala y luego rematados a candela viva. De ahora en adelante nadie se acordará de Cajamarca por su serpenteante carretera adornada desietecuerosi , sino que será, ahora, aquella población a donde a un niño de seis meses, entre otros, dizque por error, lo confundieron con el Mono Jojoy. Que pena! Que pena con los niños propinarles esta puñalada en la inocencia y en el conocimiento! Que pena enseñarles geografía a punta de barbarie, sangre y bala!.

Por eso, este mes, el mes del niño, lo encontramos propicio como escenario, no para advertir lo que ya está advertido, porque de eso no se trata, sino para reflexionar sobre la efectividad del Artículo 44 de la Carta Política, para saber lo que el estudiante, el profesor, el estadista, el político, el soldado, el juez y la sociedad pueden hacer para que sus efectos no sean nugatorios. Porque mucho se habrá dicho y es mucho lo que falta por decir, pero si no somos efectivos en los propósitos, entonces la norma constitucional no será sino un vil adorno jurídico ineficaz que podría constituirse en otra verguenza más.

* Catedrático UniBoyacá y Notario Segundo de Tunja.

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