EL PROBLEMA DE LA IDENTIDAD

EL PROBLEMA DE LA IDENTIDAD

Una sociedad debe tener elementos significativos que aglutinen a sus miembros en torno a comunes propósitos. Estos suelen ser producto de aspiraciones, expectativas o intereses, también comunes, que no sólo identifican a un grupo humano sino que lo hacen diferente de los demás.

03 de enero 2004 , 12:00 a.m.

Una sociedad debe tener elementos significativos que aglutinen a sus miembros en torno a comunes propósitos. Estos suelen ser producto de aspiraciones, expectativas o intereses, también comunes, que no sólo identifican a un grupo humano sino que lo hacen diferente de los demás.

El sentido de comunidad es la contrapartida del sentimiento de la diferencia, pero su mutua relación produce razones equilibrantes que sirven para entender las fronteras geográficas, económicas, políticas o culturales- en términos democráticos, es decir, como vínculo con el resto del mundo y no como muralla para aislarse de él.

Los pueblos en formación no consolidan aún los perfiles de su identidad y menos aún cuando como en la lúcida frase de William Ospina- han venido creciendo con su centro de gravedad situado afuera. Por ahí pasan buena parte de nuestras tragedias en el Tolima, en Colombia y en América Latina.

Empecemos al revés. Nuestra América debió ser indiana, o española, o ibérica, pero no latina. Por qué?. Porque ese término tuvo origen en la vocación imperialista francesa, que quiso barnizar de legitimidad sus aspiraciones hegemónicas sobre nuestro continente. Con semejante pretexto Napoleón III respaldó la avanzada del emperador Maximiliano sobre México, contra la cual se levantó el prócer Benito Juárez.

La tesispanlatinai fue elaborada por el ideólogo francés Michel Chevalier, mientras lapanamericanai lo fue por el presidente gringo James Monroe. A pesar de su connotación imperialista ambas prosperaron por encima de nuestro contexto cultural, dejando de lado nociones mucho más descriptivas acerca de nuestro origen. Pero ambas conspiran contra un concepto idóneo de identidad.

Cuánta razón tiene William Ospina. No sólo hemos crecido con el centro de gravedad situado afuera, sino que seguimos negándonos a buscar la identidad o a construirla con los materiales de nuestra propia historia. Este tipo de reflexiones resultan oportunas frente a la definición de los propósitos del nuevo año. Como el tema es siempre actual, ya hablaremos de la identidad tolimense.

*Ex senador

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