LOS CIENTÍFICOS IMPONEN EL PODER DE LAS PATENTES A LAS FARMACÉUTICAS

LOS CIENTÍFICOS IMPONEN EL PODER DE LAS PATENTES A LAS FARMACÉUTICAS

Hay un nuevo método para tratar la diabetes tan prometedor que tres de las grandes farmacéuticas mundiales planean probarlo en miles de pacientes. Si funciona, promete eliminar efectos secundarios de los medicamentos existentes, como los desmayos.

12 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Hay un nuevo método para tratar la diabetes tan prometedor que tres de las grandes farmacéuticas mundiales planean probarlo en miles de pacientes. Si funciona, promete eliminar efectos secundarios de los medicamentos existentes, como los desmayos.

El mercado puede ascender a miles de millones de dólares, y Hans-Ulrich Demuth quiere su parte. Hace dos años y medio, este científico alemán de 51 años y sus colegas obtuvieron una patente estadounidense que cubre el nuevo método. Afirma que tres compañías, y cualquier otro que comercialice un fármaco similar, le deben regalías. Una de las tres, Merck & Co., ya ha accedido a pagar.

En una era en que un fármaco puede generar miles de millones de dólares en ventas, cada vez más científicos registran patentes de descubrimientos que tienen sólo confusas aplicaciones pero podrían ser la base de superventas en el futuro.

La patente de Demuth y su investigación han atraído mucho interés porque el mercado de la diabetes está creciendo rápidamente. Novartis AG estima que se venderán más de US$11.000 millones en tratamientos para la diabetes, cifra que probablemente ascenderá debido al incremento de la obesidad, que puede llevar a desarrollar una diabetes tipo 2. Esta variante, que normalmente representa más del 90 por ciento de los casos, suele implicar que el páncreas no produce suficiente insulina para desintegrar los azúcares de la comida.

La patente de Demuth cubre un método de tratar la diabetes: bloquear una enzima llamada DP-4, que dificulta la producción de insulina. Los estudios sugieren que la "inhibición de la DP-4" podría lograr que los diabéticos sólo tuvieran que tomar una píldora que genere la insulina tras las comidas, cuando sube el nivel de azúcar en la sangre, evitando una superproducción de insulina que conduzca a la hipoglucemia, causa de los desmayos e incluso la muerte. Cuando cursaba estudios de posgrado, en los años 70, y después, como profesor en la universidad alemana en Halle, Demuth investigó el papel que la DP-4 (dipeptidil peptidasa IV) jugaba en la promoción de la función inmune. Creó incluso un compuesto que bloqueaba la DP-4, pensando que ayudaría a los pacientes a evitar el rechazo en los trasplantes de órganos. Pero las pruebas en animales tuvieron poco éxito.

Mientras, en los 80, otros científicos, incluyendo un grupo de la canadiense Universidad de Columbia Británica (a la que luego se uniría Demuth) investigaban una serie de hormonas llamadas incretinas, que estimulan ciertas células en el páncreas para producir insulina. Una de ellas, la GLP-1, entra en acción tras la comida, impulsando la secreción de insulina para eliminar los azúcares en la sangre. Se dieron entonces cuenta de que si un fármaco pudiera bloquear el DP-4, la GLP-1 podría hacer su trabajo más fácilmente.

Dos personas llegaron a esa conclusión: Demuth y Jens Holst, un profesor de la Universidad de Copenhague. Ambos concluyeron que bloquear la DP-4 podría resultar en un tratamiento de la diabetes.

En 1995, los grupos de investigación rivales habían hecho progresos significativos. Demuth se encerró en su oficina en la universidad durante días redactando una solicitud de patente. La patente de "método", inusitada en aquel entonces, cubría cualquier uso de un inhibidor de la DP-4 para tratar la diabetes, sin importar el fármaco específico y le fue concedida en Estados Unidos en 2001.

En 1997, Demuth formó una compañía llamada Probiodrug AG. La empresa tenía dos formas de ganar dinero: como tenedor de los derechos de la patente de método de Demuth, podía cerrar un acuerdo de licencia con una gran farmacéutica a cambio de regalías sobre las ventas del fármaco, dice Demuth; también podía crear su propio fármaco para tratar la diabetes y venderlo a una gran farmacéutica, en cuyo caso las regalías superarían el 10 por ciento.

Demuth ha tropezado con problemas en ambos frentes. Novartis, que está probando en humanos un inhibidor del DP-4, ha rehusado pagar regalías. La suiza empezó a trabajar en inhibidores del DP-4 días después de que sus científicos leyeron un artículo sobre el tema publicado por Holst en 1995. Clive Morris, abogado de Novartis, dice que la patente de método de Demuth es "cuestionable", en parte porque el artículo de 1995 ya hablaba de la posibilidad de tratar la diabetes bloqueando la DP-4. Generalmente, una vez una idea se divulga, no se puede pedir una patente.

Demuth dice que una cosa es conjeturar que una idea sería útil como "complemento", como señala el artículo de Holst, y otra mostrar que funciona en ratas, como detalla su solicitud de patente.

Otras farmacéuticas están divididas sobre el pago de regalías. Johnson & Johnson dice que pagará a Demuth si su inhibidor de la DP-4, aún en etapa inicial, llega al mercado. Bristol-Myers Squibb Co., que espera comenzar este año pruebas en humanos de su propio inhibidor de la DP-4, dice que hará todo lo necesario para sacar su fármaco al mercado, pero rehúsa decir qué piensa sobre la patente de Demuth.

Los intentos de Demuth de desarrollar su propio inhibidor del DP-4 y venderlo después parecían ir adelante en un trato con Merck, pero esto finalmente no se consumó. Merck desarrolló su propio inhibidor, pero está dispuesta a pagar regalías a Demuth.

Por otra parte, entre Demuth y Holst se han acentuado las tensiones. "Esta idea surgió antes en nuestro laboratorio", dice Holst. "Sería totalmente injusto que Demuth pudiera alzarse con la patente".

Demuth afirma que su patente habla por sí misma: "Hemos sido los primeros en publicar y demostrar que el inhibidor de la DP-4 realmente funciona".

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