VACAS GORDAS, CORTAS O LARGAS

VACAS GORDAS, CORTAS O LARGAS

En este, nuestro país, tan acostumbrado a los extremos, unos días nos sentimos al borde del abismo, tristes, sin sensación de futuro, mientras que en otros, con una facilidad asombrosa, como por arte de magia, nos llenamos de alegría, porque creemos que las cosas van bien o mejoraron, en atención al menor asomo positivo de la coyuntura. Nos movemos de la depresión a la euforia, o del infierno al cielo, o de negro a blanco, al son del vaivén de la apariencia, que no necesariamente garantiza que un cambio en su ritmo no es producto de la circunstancia del momento, o si por el contrario, tiene vocación de permanencia, de largo aliento, porque viene de movimientos con carácter sostenible.

20 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

En este, nuestro país, tan acostumbrado a los extremos, unos días nos sentimos al borde del abismo, tristes, sin sensación de futuro, mientras que en otros, con una facilidad asombrosa, como por arte de magia, nos llenamos de alegría, porque creemos que las cosas van bien o mejoraron, en atención al menor asomo positivo de la coyuntura. Nos movemos de la depresión a la euforia, o del infierno al cielo, o de negro a blanco, al son del vaivén de la apariencia, que no necesariamente garantiza que un cambio en su ritmo no es producto de la circunstancia del momento, o si por el contrario, tiene vocación de permanencia, de largo aliento, porque viene de movimientos con carácter sostenible.

Nuestro cariño por los extremos, yo diría que enfermizo, nos ha llevado con frecuencia a tener que corregir el negativismo infundado de un día, con el optimismo exagerado de otro, no precisamente con tono sereno y reflexivo, sino con grandielocuencia, que es la que nos impide avanzar hasta el porqué último de las circunstancias, para quedarnos distraídos con los síntomas.

Hago esta observación, para colocarle un grado de distancia al optimismo generalizado que se transpira por estos días en nuestro país, resultado de las buenas perspectivas de crecimiento económico para el próximo año. Y hago la observación, no porque me disguste el optimismo, ni porque me agrade la función de los aguafiestas, ni mucho menos porque disfrute con el agua sucia para los logros de una administración tan seria y eficiente como la de Alvaro Uribe. Nada de esto; lo que me mueve a la reflexión, es el afán de que el llamado período de vacas gordas que parece avecinarse para Colombia, sea lo mas largo y equitativo posible, para que así lo podamos disfrutar todos, con tranquilidad de conciencia, a sabiendas que no es el postre de un día, que implica dieta para el siguiente.

No creo que la euforia, ni el triunfalismo, sean buena semilla para el trabajo arduo y sostenido que se necesita para la Colombia con futuro de los próximos años. Claro que hemos avanzado, sobre todo en estos últimos 24 meses, pero como no hemos llegado, tan solo nos debemos sentir como en una especie de meseta que produce el oxígeno necesario, para poder pensar en transformaciones, de verdad, estructurales para beneficio de todos los Colombianos. No nos podemos olvidar que la lista de pendientes es grande, especialmente, si pensamos que es necesario blindar los riesgos de desempeño de nuestra economía, frente a movimientos inesperados en los mercados internacionales de capital.

Sí, allí están, vivitas, las incertidumbres cambiaria y fiscal. Aparte del nivel de deuda pública, que de no corregirse, nos va a imposibilitar incluso en hervor de vacas gordas, la generación tanto de ahorro interno productivo como la de excedentes de comercio exterior, que son las únicas formas de sobrevivir en un ambiente marcado por la competencia global.

Y si pensamos, no solo para el corto y mediano plazo, tampoco nos podemos olvidar, que la causa primera de nuestros interrogantes económicos, siempre se encuentra en la exclusión social, que sigue allí, también vivita, la cual para su enmienda exige toda la atención, tanto en el mejoramiento del capital humano como en la disminución de la pobreza.

Estoy seguro, que de la prudencia con que se administre, ojalá sin triunfalismos, la fase de expansión que se nos viene, va a depender que el ritmo de crecimiento de 4 por ciento y más del Producto Interno Bruto, sea sostenible, no solo para un período de 2 y 3 años, sino para 10,15 o 20 y más años, que es lo que sinceramente se requiere para salir del subdesarrollo.

Así las cosas, necesitamos, que nuestras vacas gordas, no sean cortas sino largas.

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