BOLILLO AL TLC

BOLILLO AL TLC

Por lo predecible y protocolario de la ceremonia inaugural, la noticia al comienzo de las negociaciones del TLC se produjo en la calle: en las protestas de Cartagena, Bogotá, Bucaramanga y otras ciudades. Manifestaciones cuyo significado no puede subestimarse, por las sensibilidades que suscita el libre comercio y por lo que pueden expresar en términos de inconformidad ciudadana.

20 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Por lo predecible y protocolario de la ceremonia inaugural, la noticia al comienzo de las negociaciones del TLC se produjo en la calle: en las protestas de Cartagena, Bogotá, Bucaramanga y otras ciudades. Manifestaciones cuyo significado no puede subestimarse, por las sensibilidades que suscita el libre comercio y por lo que pueden expresar en términos de inconformidad ciudadana.

No hay que olvidar que en la misma Cartagena, hace apenas dos semanas, el subsecretario de la ONU, Jan Egeland, alertaba sobre la existencia de una crisis humanitaria en Colombia, eclipsada por el conflicto armado. La preocupación por lo social generó el año pasado fenómenos electorales inéditos, como los triunfos de Lucho y Angelino Garzón, antiguos sindicalistas y hoy flamantes alcalde de Bogotá y gobernador del Valle. El gobierno Uribe no debería minimizar el mensaje implícito en estos fenómenos, en lo que se refiere al cuestionamiento a su falta de atención a problemas como la pobreza, la desigualdad y el desempleo. Peor aún es darles papaya a quienes consideran que el Presidente que enarbola tan polémico discurso sobre las ONG y el que expulsó a la dirigencia de la USO es intolerante a la crítica. El bolillo , en las calles de Cartagena, contra congresistas de oposición que critican el TLC no es propiamente la mejor carta para contrarrestar esa percepción.

Otra cosa es la discusión misma sobre el Tratado. Un tema polémico, como anotó el propio presidente Uribe en su discurso de Cartagena. En el cual hay, según sus palabras, opiniones que albergan preocupaciones por la pequeña empresa , otros que levantan consignas incendiarias y unos que se oponen a estos tratados mientras están en la oposición, pero cuando llegan al gobierno se convierten en sus principales auspiciadores . Estoy de acuerdo con el Presidente en la poca utilidad de las posiciones excesivamente ideológicas. Colombia necesita un esquema para participar en la economía globalizada (el aislamiento es un suicidio) y el acceso a un mercado tan grande y cercano como el de Estados Unidos aliado político, además tiene todo el sentido.

Lo que no es conveniente es que los defensores a ultranza del TLC caigan en el mismo error de sus contradictores. Que lo presenten como la panacea que no es y que minimicen y oculten sus riesgos, que no son pocos. No se deberían generar demasiadas expectativas sobre el acceso que abrirá el acuerdo para las exportaciones colombianas. Porque desde hace más de diez años, gracias al Atpa después ampliado al Atpdea , la mayor parte de las mercancías colombianas ingresan a Estados Unidos sin arancel. El TLC podría consolidar ese acceso como condición permanente. Algo positivo, pero que no significa un cambio sustantivo frente a lo que tenemos hoy.

El engolosinamiento emotivo con el TLC, además, no debe impedir la discusión de otras medidas que se necesitan para consolidar un verdadero modelo exportador. Políticas para asegurar la competitividad futura de la economía en el escenario más abierto. Las obras de infraestructura que se necesitan para bajar costos de transporte. O la inversión en educación para calificar la fuerza de trabajo y contrarrestar el efecto negativo que puede tener, sobre la igualdad de oportunidades, el crecimiento de sectores competitivos y la desaparición de los que no lo son. A corto plazo habrá que compensar la caída de ingresos tributarios por la abolición de aranceles a las importaciones. A largo, se deberán ejecutar estrategias serias para el sector industrial, ciencia y tecnología, y para la comercialización de mercancías nacionales. Temas que no son, propiamente, la columna vertebral del Plan de Desarrollo Hacia un estado comunitario .

A todo esto se agregan los desafíos propios de la negociación. Hasta dónde se logrará, por ejemplo, la equidad en el tratamiento del sector agropecuario , que pide el presidente Uribe. O hasta dónde las consideraciones políticas que le dieron origen al esquema Atpdea serán mantenidas por los experimentados negociadores comerciales que vinieron a Cartagena, para justificar un tratamiento especial del país que, a tan alto costo y con tanta efectividad, lucha contra el narcotráfico.

El TLC, en fin, es necesario, pero no es una panacea ni su éxito está garantizado. Por eso, no se puede eludir el debate. Y, mucho menos, reprimir a los críticos.

rodpar@eltiempo.com.co

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