AGUA: LA FERIA DEL DESPERDICIO

AGUA: LA FERIA DEL DESPERDICIO

La pérdida de agua potable en las ciudades colombianas, por fugas, robo del líquido a través de conexiones fraudulentas o simple desperdicio por cuenta de los usuarios, es un fenómeno descontrolado que podría dejar a varias capitales sin reservas del líquido en menos de una década.

20 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

La pérdida de agua potable en las ciudades colombianas, por fugas, robo del líquido a través de conexiones fraudulentas o simple desperdicio por cuenta de los usuarios, es un fenómeno descontrolado que podría dejar a varias capitales sin reservas del líquido en menos de una década.

En esta feria del derroche, Villavicencio se lleva el primer lugar, con un 70 por ciento de pérdidas de agua, según denuncia la oficina de gestión comunitaria de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado municipal.

A pesar de los grandes esfuerzos de esta entidad por llevar medidores al 80 por ciento de la población, en barrios como Villa Julia, Emporio, Barzal, Industrial y Santafé los aparatos fueron robados el año pasado, con lo cual es imposible medir la cantidad de líquido que se está gastando en esta vasta zona de la capital del Meta.

En el otro extremo está Medellín, donde las pérdidas son solo del 18 por ciento, la mitad de la de Bogota, donde alcanzan el 36 por ciento. La dificultad para bajar esa cifra fue una de las principales razones por las que la Empresa de Acueducto y Alcantarillado del Distrito contrató el año pasado a cinco gestores privados para descentralizar el manejo del servicio.

En el momento se experimenta un nuevo esquema que busca optimizar la relación con los usuarios, pero en especial reducir las pérdidas y controlar los costos que influyen en la tarifa.

En la capital antioqueña, en cambio, las Empresas Públicas Municipales consiguieron que el consumo per cápita bajara de 24 metros cúbicos hace 10 años a 16,5 en la actualidad.

Pero en el resto del país el panorama sigue siendo muy desalentador. Valledupar es tal vez el ejemplo extremo del derroche de agua por cuenta de una costumbre que existe en ciudades como Manizales e Ibagué, pero que alcanza su máximo despilfarro en la capital vallenata.

Se trata del famoso barrido hidráulico , como le dicen ellos a la limpieza de aceras, antejardines y calles a punta de manguera. El gasto del líquido es de tal proporción que, según la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Valledupar (Emdupar), mientras en el resto de capitales de la Costa Caribe el consumo es de 200 litros por habitante día, en esta ciudad es de 400 litros.

Esta simple costumbre ha obligado a la Emdupar a producir agua para una ciudad de 750 mil habitantes, cuando Valledupar apenas alcanza los 360 mil. "Este alto consumo no sólo nos incrementa los gastos en el proceso de producción, sino en el tratamiento de las aguas residuales", dice el gerente de la empresa, Gonzalo Gómez Soto.

Según él, el sobrecosto para Emdupar se puede tasar en unos 100 millones de pesos al mes. Con todo, lo más grave es que según las autoridades el exceso de consumo está agotando al río Guatapurí, que es la fuente de donde se surte el acueducto.

De acuerdo con un estudio del Ministerio del Ambiente, esta fuente de agua podría secarse antes de 15 años.

En Barranquilla no se da el fenómeno de la escoba hidráulica , pero sí el de los lavaderos piratas de carros que funcionan en varios parques de la ciudad con el agua dispuesta por la Sociedad de Acueducto, Alcantarillado y Aseos (Triple A) para irrigar los prados y los jardines.

En esta capital las pérdidas alcanzan un 39 por ciento. De acuerdo con la Triple A, el servicio de agua potable para Barranquilla está garantizado solo por los próximos 10 años.

En Cali se presenta un fenómeno contradictorio. Por una parte, los niveles de ahorro en la población se incrementaron radicalmente en los últimos 17 años. Así, mientras en 1986 los caleños consumían 38 metros cúbicos por familia, en el 2003 bajaron a 23.

Sin embargo, las pérdidas del líquido siguen inmodificables en un 40 por ciento. Según el ingeniero Libardo Sánchez, presidente de Acodal (Asociación Sanitaria y Ambiental) de Occidente, esto se debe en gran medida al enorme robo de agua que se produce en las zonas de ladera de Cali, en el sector de Siloé. Allí el consumo no se mide y no se cobra, y obviamente no existe cultura del ahorro.

En Cali también es muy grave el robo de contadores de agua.áEmcali reporta que al día desaparecen por lo menosá4 aparatos de estos. El otro fenómeno frecuente es el del lavado clandestino de carros. Las autoridades tienen ubicados a varios de estos que trabajan todos con agua robada.

En el sector de la Terminal de Transportes, por ejemplo, hay uno que agrupa a doce lavadores especializados en el aseo de buses y busetas. El jefe de mantenimiento del Acueducto, ingeniero Andrés Rosero, dice que a ese lugar se manda periódicamente personal a cerrar la válvula, pero los lavadores vuelven y la destapan. En esta ciudad, como en la mayoría de centros urbanos, el control de este problema se lo rebotan las empresas municipales y las secretarías de tránsito.

Otro sitio que muestra una contradicción entre altas pérdidas y bajo consumo es Pereira. Allí el porcentaje de desperdicio asciende a 36,55 por ciento. La principal causa, según el departamento comercial de Aguas y Aguas, son las conexiones fraudulentas que hacen inclusive empresarios de la zona.

Pero al mismo tiempo, la capital de Risaralda también tiene un consumo por cliente muy bajo comparado con la mayoría de ciudades: entre 18 y 19 metros cúbicos por suscriptor residencial al mes.

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