VENTAJAS SOSTENIBLES

VENTAJAS SOSTENIBLES

Ayer se iniciaron posiblemente las conversaciones comerciales más importantes en la historia de Colombia: aquellas encaminadas a lograr un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. No van a ser fáciles. Como bien lo afirmaba hace unos meses Juan Manuel Santos, los gringos, ni tontos ni perezosos, van a tirar sin compasión alguna a la yugular. Si no nos espabilamos puede ser mejor, como recomendaba el inolvidable Klim, darnos por muertos.

19 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Ayer se iniciaron posiblemente las conversaciones comerciales más importantes en la historia de Colombia: aquellas encaminadas a lograr un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. No van a ser fáciles. Como bien lo afirmaba hace unos meses Juan Manuel Santos, los gringos, ni tontos ni perezosos, van a tirar sin compasión alguna a la yugular. Si no nos espabilamos puede ser mejor, como recomendaba el inolvidable Klim, darnos por muertos.

En forma equivocada, algunos consideran la mano de obra barata como una de las ventajas competitivas de Colombia vs. E.U. La mano de obra puede llegar a ser una ventaja competitiva sólo a muy corto plazo, no siendo sostenible en el mediano plazo. La revista Newsweek, en la edición de esta semana, trae a colación el ejemplo de la empresa japonesa Kenwood que trasladó de Malasia al Japón su fábrica de mini discos, a pesar de ser la mano de obra japonesa cinco veces más costosa que en Malasia. Kenwood encontró que en Japón sólo necesitaba cuatro operarios en vez de los 22 en Malasia; los pedidos los podía colocar en dos días contra las cinco semanas que tardaban desde Kuala Lumpur; y que sus requerimientos de materia prima los podía bajar de 18 a 3 días estando en el Japón. En resumen, los costos de producción resultaron para Kenwood ser un 10 por ciento más baratos en el Japón. Ejemplos como este hay miles. Potencialmente para los productores colombianos es mejor.

Invertir en un excelente y eficiente transporte aéreo y marítimo dada nuestra cercanía a los Estados Unidos, que apostar nuestra competitividad en una mano de obra barata.

Otra de las profundas equivocaciones en el campo comercial es el considerar el manejo de la de la tasa de cambio como una ventaja competitiva. La devaluación no es una ventaja sostenible. El fenómeno opuesto, la revaluación, es funesto. Los países que juegan a las continuas devaluaciones para mantener sus ventajas comerciales, como el caso del Brasil, o se dejan coger ventaja de la revaluación, como Colombia, están condenados a sufrir serios reveses comerciales.

Las únicas y verdaderas ventajas competitivas sostenibles en el tiempo están basadas en el capital humano, en el uso adecuado de la tecnología, en las continuas mejoras en productividad, en nuestra destreza como fabricantes y administradores, y en la agilidad de nuestras instituciones para permitirnos jugar en mercados cada día más sofisticados y competitivos.

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