UN VIAJE CON FANTASMAS DE GUAYAQUIL

UN VIAJE CON FANTASMAS DE GUAYAQUIL

Almas de la ciudad quién las pudiera aliviar.

04 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Almas de la ciudad quién las pudiera aliviar.

Que el Señor las saque de ruinas y las puedan restaurar.

Con esa letanía más de cien personas invocaron el jueves en la noche los fantasmas del Ferrocarril de Antioquia, de Cisneros, El Pedrero y hasta del recién derribado Pasaje Sucre.

Armados de antorchas y con el miedo a la noche reflejado en los rostros, emprendieron un recorrido denominado `Fantasmas de Luz para despertar un espacio de la ciudad dormido para muchos hace tiempo.

A las 8 de la noche en la escultura de la Locomotora, en La Alpujarra, comenzaron las plegarias y en seguida, el primer fantasma del Medellín olvidado se hizo presente.

Era el tren, que llegaba en medio del sonido triunfal de un redoblante y recogía pasajeros, mientras un vendedor de dulces ofrecía como un cachivache más, la última foto del Pasaje Sucre, que según decía, hacía menos estorbo que el Pasaje.

Los asistentes: estudiantes, docentes y hasta transeúntes reían con sarcasmo y resignación ante la venta absurda de `la última foto del Pasaje Sucre .

El tren emprendió camino, mientras los pasajeros invocaban a otros fantasmas de la ciudad.

San Antonio: Abandonado por nosotros. Santo devoto Cisneros: ten piedad de nosotros, gritaban adoloridas cinco mujeres armadas de sendas camándulas implorando la resurrección de Cisneros.

Así, en tren y por la calle de La Alpujarra los ciudadanos llegaron hasta la estatua de Francisco José Cisneros.

Junto a la estatua se encontraba en silencio el Culebrero de Guayaquil que, cubierto por un velo negro, traía consigo más fantasmas del pasado. Se escucharon plegarías y el Culebrero despertó.

Con él llegaron las mil pomadas curalotodo y la fascinante historia de la mujer que asegura ser la pionera del Ferrocarril porque, según ella, sin los servicios sexuales que prestó en su época a los trabajadores del tren, éste no se hubiera terminado.

Hasta ese momento el miedo no era un problema para los asistentes. Caminaban por un sitio conocido y vigilado. Sin embargo, el recorrido organizado por estudiantes del curso Conoce Tu Ciudad quería despertar el fantasma escondido de Guayaquil.

Buscábamos que se pasara de la ciudad del miedo al asombro y reflexionar cómo los ciudadanos olvidamos ese patrimonio, pedirles a los que fundaron la ciudad que nos den luz, explicó Jorge Iván García, uno de los estudiantes del curso apoyado por varias entidades de la ciudad y la Secretaría de Cultura Ciudadana.

De Conoce tu Ciudad hacen parte Comfenalco, Corporación Región, Facultad de Arquitectura de la UPB, Facultad de Educación de la U de A y Utopía Urbana.

Un viaje a la ciudad de `allá.

Como en la salsa caleña, de San Juan para allá estaba el miedo, de San Juan para acá la ciudad conocida.

Y si nos atracan, decían algunos, Vamos a ver qué pasa, murmuraban otros. Comenzaba la ciudad del azar, las mujeres apretaban con fuerza los bolsos contra sus cuerpos y las cien personas caminaban casi sin despegarse.

Pero al entrar a la calle Amador, los fantasmas fueron apareciendo. Desde los hoteles Olimpo y el Descanso del Pasajero las luces se iban encendiendo y los fantasmas de Guayaquil asomaban uno a uno por las ventanas.

Los que jugaban un partido se detuvieron a ver y el olor a bazuco y marihuana se mezcló sin problemas con los olores de los nuevos visitantes de Guayaquil.

Esto es por el día de Guayaquil, cierto, decía un travesti que terminó siendo una de las camanduleras y recitando las letanías.

Al mismo tiempo un hombre vestido de negro limpiaba la calle, representaba la sombra encargada de borrar los vestigios de lo que fue Guayaquil.

De repente, un payaso que dirigía el recorrido propuso al público un acto impensable en ese espacio de la ciudad, cerrar los ojos. Algunos lo hicieron osando perderlo todo y otros cerraron un ojo pero mantuvieron el otro alerta.

Mientras tanto al fondo de la calle Amador un cochero, como los de hace tiempo, apareció con su caballo, el Culebrero, un saxofonista, un ángel y Lina, una pequeña de Guayaquil que pidió subirse al coche.

Eran las 9:00 p.m. y el recorrido terminaría en el recuerdo del Pasaje Sucre. Allí, las camanduleras preguntaban qué lo habían hecho y las plegarias más fuertes no se hicieron esperar:.

Santo Pasaje Sucre: Tumbao por los otros, gritaban. Santo Bendito Pedrero: túmbame a mí primero.

Así finalizó el recorrido en medio de agua de panela y la música de un saxofón y un joven flautista de Guayaquil que también se unió para tocar.

Foto 1: En medio de la noche, las camanduleras rezaban para que el patrimonio de Medellín no fuera olvidado.

Foto 2: En el recorrido por las calles de Guayaquil, un payaso les propuso a los espectadores cerras los ojos.

Foto 3: Los asistentes a la caminata se preparaban junto al artista para desafiar al miedo en Guayaquil.

Foto 4: El fantasma del culebrero de Guayaquil narró, junto a la estatua de Cisneros, las historias del Ferrocarril de Antioquia.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.