EL SAPO

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No suelo escribir de política. Por dos razones. La primera, porque casi siempre se confunden opinión política con reflexión política.

20 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

No suelo escribir de política. Por dos razones. La primera, porque casi siempre se confunden opinión política con reflexión política.

Y la segunda porque reflexionar u opinar sobre política se asocia con un partido político, lo cual desde luego, no esta mal, pero contradice los principios fundacionales de este colegio, que justamente se alejó y se aleja desde el primer día de su fundación de las luchas partidistas. No de la política.

Desde el ámbito de lo práctico, reconciliarse con los grupos paramilitares es desde todo punto de vista deseable. Lo mismo puede decirse de la guerrilla. Pero por extraño que parezca, tanto unos como otros han combatido al establecimiento por razones diferentes pero con objetivos semejantes. Me explico. La vinculación de un sector de la clase dirigente y del establecimiento a la formación de los paramilitares es hoy por hoy, poco menos que innegable. También lo es que un sector de esa misma clase dirigente y de ese mismo establecimiento es responsable en buena parte del origen de la guerra.

Si se acepta el párrafo anterior, incluso con matices, la conclusión es forzosa: ni a la guerrilla, ni a los paramilitares les conviene, les interesa o les parece justo, que sean extraditados, encarcelados, o enterrados por una guerra de la cual ellos sienten que son más consecuencia que causa. Habrá que purgar las culpas. Hasta donde haga falta.

Con todo el perdón y olvido que sea necesario, pero con toda la justicia que sea posible. Los unos por atacar un Estado y una clase dirigente autista y los otros por lo mismo; es decir, por defender al Estado y a la clase dirigente de aquello que ambos en su conjunto produjeron y que no fueron capaces de combatir. Y para colmo de males toda esa lucha se salpimentó en las últimas dos décadas por el narcotráfico, invento con el cual, amplios sectores de la sociedad convivieron en anónimo pero contante contubernio.

Por eso el esófago para tragarnos ese sapo o los que puedan venir debe ensancharse, o de lo contrario va a ser muy difícil que los niños dejen de creer que hay unos que son muy buenos y otros que son muy malos, y que la cultura de la legalidad no merece la pena.

Como en los juegos de policías y ladrones, hay un momento en que termina todo porque están llamando a comer. O a estudiar.

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