EL TLC VS. LA EMPANADITA

EL TLC VS. LA EMPANADITA

Acaban de arrancar las negociaciones para la firma del tratado de libre comercio entre los países andinos (sin Venezuela) y los Estados Unidos, cuya trascendencia no se puede desconocer: es un país con 300 millones de habitantes y un ingreso per cápita 20 veces el colombiano, además de una economía poderosa y estable.

19 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Acaban de arrancar las negociaciones para la firma del tratado de libre comercio entre los países andinos (sin Venezuela) y los Estados Unidos, cuya trascendencia no se puede desconocer: es un país con 300 millones de habitantes y un ingreso per cápita 20 veces el colombiano, además de una economía poderosa y estable.

Y es mucha la literatura, foros, estudios y noticias de prensa publicadas sobre el asunto, cuya calidad y profundidad deja mucho que desear, con contadas excepciones. Funcionarios públicos, analistas y estudiosos compiten en vitrina sobre el TLC, aunque para ser justos algo queda, más allá de las frases pendulares de que seremos absorbidos por el gigante a través de un tratado de adhesión o que esta será la gran oportunidad nacional para salir del subdesarrollo. Ni lo uno ni lo otro.

Protocolariamente la reunión de Cartagena es importante, pero hasta ahí no más. Los discursos y exposiciones a los medios de comunicación es lo menos relevante en el proceso, como tampoco lo es la presencia de 120 parlamentarios. Como en un matrimonio, el verdadero reto para sobrevivir pasa de lejos por la fiesta y sus invitados así se puede decir del TLC: pasa por el show de inauguración.

El TLC en si no es más que un instrumento que se negocia para desarrollar una política de Estado y es aquí donde se pone una primera voz de preocupación. Por ejemplo, se acaba de escuchar que la posición colombiana en la negociación tiene implícita la idea de que salvo bienes de capital y materias primas, cuya desgravación se plantea en forma inmediata, se buscan plazos de liberación con la idea de proteger la industria nacional. Esto no es más que renunciar a la idea de buscar el desarrollo de la economía por la ruta de la cadena productiva para quedarnos con la exportación de mano de obra barata. Claro que los negociadores de Estados Unidos apoyan sin dudarlo la idea de vendernos materias primas para que aquí les metamos un valor marginal y luego les regresemos el producto final.

Me da mucha pena, acuñando la frase del ex ministro Juan Manuel Santos, pero si gremios con 60 años de vida como la Andi, están patrocinando esa idea, estamos en problemas y no hemos superado la etapa de contentarnos con poquito: el carrito, el tintico, la empanadita, la finquita y la tierrita... Nada que ver con la globalización de la que hablamos todos los días.

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