MÍSTER MURPHY AMENAZA

MÍSTER MURPHY AMENAZA

Son 1.400 invitados a la boda de la periodista Letizia Ortiz y el príncipe Felipe de Borbón. De ellos, apenas 100 pertenecen a la lista personal de amigos y familiares de los novios. Los otros 1.300 corresponden a distintas nóminas protocolarias y de Estado: reyes, reinas, príncipes, princesas, jefes de Estado, presidentes, primeros ministros, diplomáticos, jerarcas religiosos, académicos, altos funcionarios y demás.

21 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Son 1.400 invitados a la boda de la periodista Letizia Ortiz y el príncipe Felipe de Borbón. De ellos, apenas 100 pertenecen a la lista personal de amigos y familiares de los novios. Los otros 1.300 corresponden a distintas nóminas protocolarias y de Estado: reyes, reinas, príncipes, princesas, jefes de Estado, presidentes, primeros ministros, diplomáticos, jerarcas religiosos, académicos, altos funcionarios y demás.

Son 1.400 invitados a los que cuidan 23.000 agentes y espían 4.878 periodistas. Pero podría ocurrir -muy probablemente ocurrirá- que un colado de apellido gringo perjudique el cuento de hadas. Estoy hablando de míster Murphy, aquel que nos legó una ley ineluctable y nefasta: "Si algo puede fallar, fallará".

En el caso del matrimonio más importante del último siglo en España, todo parece estar bajo control: la seguridad, el programa, el tráfico, la muchedumbre, los regalos, la comida, la música, la felicidad conyugal. El flanco por donde podría atacar Murphy es el de la meteorología. En el momento en que escribo estas líneas -madrugada del viernes en España, noche del jueves en Colombia- las posibilidades de lluvia en Madrid llegan al 80 por ciento y se pronostica que la temperatura será similar a la de Bogotá: entre 10 y 23 grados. Si algo puede fallar, fallará.

En los gráficos oficiales que anticipan el tiempo se ve medio sol cubierto por una nube oscura que descarga rayas trasversales. Eso significa aguacero. Y aguacero significa que los 1.400 invitados podrán refugiarse bajo la carpa instalada en el Palacio Real a un costo de más de un millón de dólares. Pero el pueblo llano, no; esos miles de curiosos que aportarán sudor, fervor y sabor popular a la fiesta saldrán corriendo en busca de un bar o un zaguán en los cuales guarecerse. Unos cuantos puñados de valientes se mojarán. Pero sería triste. Y, sobre todo, sería una lástima: en los cuentos de hadas jamás la lluvia echa a perder las bodas.

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