LOS NIÑOS DE SUBA

LOS NIÑOS DE SUBA

Mientras reflexiono profundamente, sentada frente al computador sobre cómo escribo este artículo, gruesas lágrimas corren por mis mejillas (advierto que yo casi no lloro por nada) dolorosas, amargas, ardientes e impotentes por el terrible hecho ocurrido en Bogotá, que comparado con las narraciones más tenebrosas e inhumanas, las hace aparecer como cuentos infantiles.

07 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Mientras reflexiono profundamente, sentada frente al computador sobre cómo escribo este artículo, gruesas lágrimas corren por mis mejillas (advierto que yo casi no lloro por nada) dolorosas, amargas, ardientes e impotentes por el terrible hecho ocurrido en Bogotá, que comparado con las narraciones más tenebrosas e inhumanas, las hace aparecer como cuentos infantiles.

Qué se iban a imaginar las madres de los niños que murieron el 28 de abril cuando iban cómodamente sentados en un bus escolar, que esa mañana cuando los despidieron en la puerta de su casa, no los iban a volver a ver con vida. Yo me las imagino echándoles la bendición, alcanzándoles la maleta, acomodándoles el uniforme y haciéndoles las múltiples recomendaciones que todas las madres del mundo les hacemos a los hijos cuando parten para el colegio: no vayas a pelear con tu vecino de pupitre , no dejes que te roben las onces , no vayas a dejar la lonchera en el bus , copia bien la tarea , se te olvidó darme el beso de despedida . Todas estas frases se las llevará la eternidad y no habrá poder Divino ni humano que las haga revivir... Me las imagino en el momento en que timbra el teléfono para decirles que sus hijos perecieron por cuenta de una trituradora, que ni siquiera se les atravesó sino que les cayó encima, convirtiendo al acogedor, cómodo y familiar bus escolar en la espantosa tumba que cubriría sus cuerpos.

No quiero ni pensar en los desgarradores momentos en que familias enteras llegaron a buscar los cuerpos de sus hijos, familiares o amigos. Cada vez que pienso en el momento en que reconocían a su pequeño en medio de los escombros y los hierros de los vehículos que colapsaron, el corazón no resiste y empiezo de nuevo a llorar y sin poder contenerme lanzo expresiones de desconsuelo, de incredulidad y de pavor, ante este hecho insólito, injusto y terrorífico. Cómo harán estas familias para enfrentarse con la camita tendida, el puesto en la mesa, el cuarto de sus juguetes y el lugar donde guardan sus cuadernos y lápices?. Hay una que perdió dos niños. Cómo harán para segur viviendo?

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