EL DUDOSO RETORNO DEL PEPLUM

EL DUDOSO RETORNO DEL PEPLUM

21 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

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Con el curioso nombre de Peplum se designa el cine cuyo argumento se refiere a los temas de la antigedad, tanto históricos, como bíblicos y mitológicos, exhibidos en un formato épico y colosal. Este género nació casi con el cine, por el interés de algunos realizadores italianos, como Marco Cesarini o Enrico Guozonni, en recrear las historias de la Roma antigua con el nuevo medio audiovisual. Cabiria (1914), de Giovanni Pastrone, es un celebrado ejemplo de este tipo de películas que alcanzó su apogeo entre los años cincuenta y sesenta, tanto en Hollywood como en Italia. Títulos tan recordados como Quo Vadis (1951), La túnica sagrada (1953), Hércules (1957) o Barrabás (1962) constituyen ejemplos dignos de un estilo de cine que forjó héroes y leyendas, pero que se fue banalizando hasta llegar a autoparodiarse.

Pero el Peplum nunca desapareció del todo y de cuando en cuando aparecen películas de este tipo, beneficiadas ahora por el desarrollo tecnológico que les han dado los efectos especiales contemporáneos. Pues bien, un Peplum nos acompaña desde la semana anterior, estrenado en simultánea mundial tras una bien montada campaña de expectativa. Troya (Troy, 2004), rinde homenaje a los filmes que lo precedieron en el género, pero dudo que haya cumplido con las expectativas generadas. No se trata de una mala película -aunque su larga duración pueda ser fatigante- por el contrario, exhibe una hermosa factura visual y una puesta en escena preciosista y meticulosa, que muestran donde se invirtieron los millones que costó su producción. Sin embargo es un filme convencional, filmado sin ninguna sorpresa narrativa y apegado por completo a la predecible gramática de Hollywood.

La grandeza de un filme no es equivalente a su presupuesto, a su reparto o a sus valores de producción. Requiere algo más, un toque de genio que lo haga especial y que lo resalte y lo distinga del resto de las demás películas. Troya es una película costosa, pero no grandiosa. No hay ningún plano que se nos quede en la cabeza, no hay ninguna escena memorable o irrepetible. Su guión extrajo los aspectos más notorios y conocidos de la Iliada y construyó una película para consumo masivo, con intereses meramente comerciales.

Es obvio que no todo el cine tiene que ser una obra maestra o tener intenciones artísticas puras, simplemente esperábamos algo más logrado de parte de un director como Wolfgang Petersen, un realizador alemán al que su traslado a Hollywood terminó por contagiarlo, como podemos constatarlo, de todos los manierismos y tics del cine norteamericano.

Otro año sin Luis Alberto.

Inexorable, la vida nos empuja hacia delante y en su afán a veces no nos deja recordar como es debido a los que nos precedieron y nos brindaron su generosa sabiduría. Este fin de semana se cumplirán ocho años de la muerte de Luis Alberto Alvarez, deceso del que aun no logramos sobreponernos del todo.

Su recuerdo y su ejemplo nos obligan a ser mejores, a exigirnos cada día en esta labor crítica y docente, que heredamos de él y que aspiramos humildemente a honrar. Va una oración para el maestro y el eterno agradecimiento de quienes tuvimos la fortuna inconmensurable de aprender de él.

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