EL FUTURO DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA

EL FUTURO DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA

Pronto quedarán sólo cinco reyes: los cuatro de la baraja y el de Inglaterra . Parece que lo dijo Farouk, aquel rey gordito y melancólico de los egipcios, cuando en 1952 los militares le entregaron un boleto de avión sin retorno para que estrenara un dulce y definitivo exilio europeo.

21 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Pronto quedarán sólo cinco reyes: los cuatro de la baraja y el de Inglaterra . Parece que lo dijo Farouk, aquel rey gordito y melancólico de los egipcios, cuando en 1952 los militares le entregaron un boleto de avión sin retorno para que estrenara un dulce y definitivo exilio europeo.

Puede ser. En el Mediterráneo ya sólo quedan dos monarquías. Mónaco, que es un casino que emite sellos de correo, y España, un viejo reino plural que dos veces ha ensayado la república. La primera, en 1873, apenas sobrevivió once caóticos meses y terminó con un golpe militar. La segunda, declarada en 1931, duró hasta 1939, pero sus tres últimos años transcurrieron en medio de una espantosa guerra civil. Treinta años después de terminada la contienda, en 1969, muy cautelosamente, el general Francisco Franco restauró la dinastía de los Borbones, designando sucesor al trono al príncipe Juan Carlos, nieto del último rey de España, pero sin permitir que lo ocupara hasta después de su muerte, suceso ocurrido en el invierno de 1975.

Esta historia, claro, viene a cuento del matrimonio del príncipe Felipe y la bella e inteligente periodista Letizia Ortiz. Casi nadie duda de la simpatía de la pareja, o de las excelentes condiciones del heredero de la Corona española. Don Felipe se graduó de Relaciones Internacionales en Georgetown, en Washington, y de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. Sabe unos cuantos idiomas, y quienes lo conocen íntimamente lo describen como un joven serio, amable y responsable, perfectamente preparado para su extraño, peligroso y exclusivo oficio.

El problema es que no es sencillo reinar en los tiempos modernos porque las funciones de los reyes no están nada claras. Tradicionalmente, la primera tarea del rey era impartir justicia. El rey tenía jurisdicción sobre cierto territorio. Es decir, podía decir la ley . Pero cuando su autoridad comenzó a someterse a la voluntad del parlamento, la figura del monarca se debilitó paulatinamente hasta convertirse en una entidad más o menos vaporosa que supuestamente representa a la nación y aporta el testimonio viviente de la existencia de un pasado común, pero poco más.

Por qué han sobrevivido unas monarquías y otras han sucumbido? Por qué se sostienen firmemente las coronas escandinavas, la inglesa, la holandesa y la belga, mientras las de Francia, Portugal, Italia, Austria, Alemania o Grecia desaparecieron, generalmente, aunque no siempre, tras sangrientos conflictos bélicos? En general, porque una parte sustancial de la sociedad de los países monárquicos considera que la institución le resulta útil, el comportamiento de la familia real es, en general, aceptable, pese a los naturales pecadillos de sus miembros, y la relación entre el costo y los efectos de mantenerla se puede tolerar.

En España es difícil establecer el grado de solidez de la Corona. El conjunto de los españoles tiene una buena percepción del rey Juan Carlos y de la reina Sofía, pero no existe una fuerte adhesión emocional a la institución, como uno puede encontrar en Dinamarca o en Holanda. Con razón, se le agradece a Juan Carlos su papel clave en la transición hacia la democracia, y más aún su actuación decisiva cuando en 1981 evitó un golpe militar y salvó las libertades, pero esa gratitud no transformó súbitamente a los españoles en monárquicos. Los hizo, eso sí, juancarlistas .

Probablemente, incluso, las convicciones republicanas estén bastante más extendidas que las monárquicas. Los socialistas, los comunistas y los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos se definen como republicanos. Pero a principios del siglo XXI esas preferencias ya no se defienden con la pasión con que se hacía setenta años atrás. Salvo unos pocos exaltados, los españoles de nuestros días son republicanos de baja intensidad . Gente que entiende que hoy la Corona constituye un factor de estabilidad. El socialista Felipe González, cuando llegó al poder en 1981, se hizo y se contestó una pregunta clave: si los socialistas suecos o los laboristas británicos habían podido gobernar bajo la sombra simbólica de sus reyes, por qué los socialistas españoles no podían comportarse de la misma manera?.

Dentro de cierto tiempo, ya sea tras la muerte de Juan Carlos, o tras su abdicación, Felipe y Letizia subirán al trono de España, y es muy conveniente que entiendan lo delicado que es reinar en un país donde la mayoría no es monárquica, y en donde las tensiones separatistas probablemente fragmenten el país en dos o tres naciones distintas. Deberán tener el pulso firme y la cabeza fría para hacerles frente a las crisis que se avecinan. Ni siquiera es imposible que comiencen reinando sobre una particular geografía y terminen sobre otra más pequeña. La verdad es que el futuro de los reyes españoles es muy incierto. Tendrán que andar con pies de plomo. Farouk lo advirtió hace ya medio siglo. (Firmas Press).

www.firmaspress.com

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