DÓNDE ESTÁN LAS MEDICINAS QUE PROMETIERON LAS FARMACÚTICAS

DÓNDE ESTÁN LAS MEDICINAS QUE PROMETIERON LAS FARMACÚTICAS

Hace una década, las compañías farmacéuticas anunciaron una manera revolucionaria de descubrir medicamentos. En lugar de confiar en las corazonadas de los científicos sobre los productos químicos con los que podían experimentar, adquirieron máquinas para crear miles de combinaciones químicas al mismo tiempo y probarlas con robots. En teoría, la nueva tecnología produciría grandes cantidades de medicinas para los pacientes y beneficios para los inversionistas. (VER GRAFICO: MENOS PRODUCTIVIDAD)

25 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

Hace una década, las compañías farmacéuticas anunciaron una manera revolucionaria de descubrir medicamentos. En lugar de confiar en las corazonadas de los científicos sobre los productos químicos con los que podían experimentar, adquirieron máquinas para crear miles de combinaciones químicas al mismo tiempo y probarlas con robots. En teoría, la nueva tecnología produciría grandes cantidades de medicinas para los pacientes y beneficios para los inversionistas.

(VER GRAFICO: MENOS PRODUCTIVIDAD).

Hoy, algunos químicos de renombre describen este esfuerzo como un fiasco muy caro.

Las máquinas produjeron un producto químico tras otro sin resultados útiles. Y los productos químicos que parecían prometedores a menudo resultaban tener grandes fallas que las pruebas tradicionales hubieran detectado con anticipación. Por ejemplo, algunos medicamentos no podían disolverse en agua o convertirse en pastillas.

Los detractores opinan que estos problemas ayudan a explicar la escasez de nuevos medicamentos en la industria farmacéutica. Ese es el secreto por el que están gastando miles de millones de dólares y no consiguen nada , dice James Hussey, ex gerente de Bristol-Myers Squibb Co. que ahora dirige la compañía de biotecnología NeoPharm Inc.

El año pasado, la Dirección de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó sólo 21 medicamentos nuevos, un descenso constante desde el máximo de 53 en 1996. Muchas de las mayores farmacéuticas del mundo no lograron siquiera la aprobación en EE.UU. de un solo medicamento nuevo en 2003.

La escasez de productos nuevos ha obligado a las compañías a intentar crecer promocionando intensamente sus fármacos y ampliando líneas de productos por medio de pequeñas modificaciones.

La táctica ha generado críticas a nivel político que dicen que el sector está obteniendo grandes ganancias sin mejorar la salud pública.

Los laboratorios, por su parte, opinan que han resuelto sus problemas con la tecnología y prevén un flujo de nuevos medicamentos después de 2010.

Muchos científicos no creen que las máquinas tengan toda la culpa de la escasez de nuevos medicamentos. Mencionan otros factores, como la complejidad de las enfermedades que se enfrentan hoy en día y el endurecimiento de los estándares de la seguridad y la eficacia impuestos por la FDA.

Aun así, la historia de la tecnología química muestra lo difícil que es automatizar un proceso y mantener el espacio necesario para que se produzcan hallazgos inesperados, algo que ha sido responsable de muchos de los grandes descubrimientos de medicamentos.

La penicilina, por ejemplo, se obtuvo gracias a la observación fortuita que hizo Alexander Fleming en 1928 de la ausencia de bacterias alrededor de cierto moho en una muestra de laboratorio.

A principios de los 70, un científico japonés, Akira Endo, tuvo el presentimiento de que los hongos podrían descomponer el colesterol. Tras probar 6.000 tipos de hongos y moho a mano, descubrió que era cierto, y esto evolucionó en las estatinas, medicinas contra el colesterol con un mercado de US$22.000 millones.

Las farmacéuticas adoran estos grandes avances pero detestan su imprevisibilidad. Hace años, muchas de ellas tenían grandes negocios de químicos industriales o productos de consumo para compensar la volatilidad en los ciclos de la investigación de fármacos. La industria se deshizo de esos negocios con el paso de los años para centrarse en los medicamentos por receta, lo que produjo mayores valuaciones en el mercado bursátil. No obstante, el aumento de los genéricos obligó a las compañías a sacar constantemente nuevos productos al mercado si no querían ver como caían las ventas.

Esta necesidad explica la atracción de la química combinatoria , una nueva tecnología que entró en escena a mediados de los 90. La idea era tomar unas cuantas unidades básicas de químicos y combinarlas en miles de maneras. En lugar de hacer que los químicos preparen cada tipo de molécula a mano (lo que puede llevar semanas), las máquinas pueden crear miles de compuestos casi de la noche a la mañana.

A partir de entonces, los robots colocaban pequeñas cantidades de cada químico en frascos diminutos que contenían muestras de sustancias corporales relacionadas con una enfermedad (por ejemplo, la proteína que causa la producción de colesterol). Si los dos reaccionaban de la manera deseada, se denominaba un exito . Este método de prueba se conoce como procedimiento analítico de alto rendimiento.

La maquinaría parecía ofrecer una manera infalible de descubrir nuevos medicamentos. La química médica ha sufrido una revolución , afirmó Lancet, la prestigiosa publicación médica británica, en mayo de 1995. Durante una conferencia en octubre de ese año, Sir Richard Sykes, en aquel entonces presidente ejecutivo de Glaxo Wellcome, dijo ya que no es necesario confiar en la investigación empírica que puede conducir a todo o a nada .

Prácticamente todos los gigantes farmacéuticos de EE.UU. y Europa desmantelaron sus laboratorios para instalar las nuevas máquinas, y muchos invirtieron decenas de millones de dólares en acuerdos con pequeñas compañías que se especializaban en la nueva tecnología. En Glaxo, Sir Richard invirtió más de US$500 millones en la compra de una compañía de química combinatoria.

Sin embargo, las máquinas químicas no funcionaban como se suponía, dicen ahora muchos científicos. Carl Decicco, director de química de descubrimiento de Bristol-Myers, calificó los primeros cinco o seis años de la nueva tecnología como una pesadilla . El doctor Decicco dice que muchos químicos estaban obsesionados con crear miles o millones de químicos para probarlos, sin siquiera pensar si alguno de ellos podría convertirse en una pastilla. acabas por hacer las que puedes hacer, en lugar de las que debes hacer , dice.

A menudo, las máquinas agregaban tantos ingredientes en las pócimas que los productos químicos resultantes eran demasiado grandes , en términos moleculares; funcionaban en la probeta pero se descomponían demasiado fácilmente en el estómago humano. En los tiempos en los que la fabricación de un producto químico llevaba una semana, los científicos normalmente sopesaban estos problemas de antemano.

Ahora, en el principal laboratorio de Schering-Plough, en Nueva Jersey, el químico Johnny Zhu muestra una máquina que le permite hacer varias docenas de variaciones de un químico, todas en estado líquido. La cifra es muy inferior a la que producen las máquinas viejas, pero Zhu dice que puede seleccionar cuidadosamente las combinaciones y obtener mayor calidad.

Schering-Plough dice que uno de los medicamentos más emocionantes que está probando ahora en seres humanos, y que ataca al virus del sida por medio de un nuevo mecanismo, surgió tras el análisis realizado por un robot. El robot descubrió que una molécula descartada hace tiempo para el tratamiento del Alzheimer atacaba con éxito su nuevo objetivo: el sida.

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