LOS COMPLEMENTOS DEL TLC

LOS COMPLEMENTOS DEL TLC

En recientes artículos, Rudolf Hommes plantea que la liberación comercial es un componente necesario de la política de desarrollo, el cual debe complementarse con otros como asegurar la estabilidad política y macroeconómica, adoptar una política social efectiva y justa, y procurar instituciones que promuevan la transparencia del mercado y dirijan la inversión hacia donde sea más eficiente.

20 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

En recientes artículos, Rudolf Hommes plantea que la liberación comercial es un componente necesario de la política de desarrollo, el cual debe complementarse con otros como asegurar la estabilidad política y macroeconómica, adoptar una política social efectiva y justa, y procurar instituciones que promuevan la transparencia del mercado y dirijan la inversión hacia donde sea más eficiente.

En defensa de su tesis, cita estudios de diferentes investigadores quienes muestran que no existe correlación entre el cierre de una economía y su crecimiento, mientras que, en todos los casos de rápido desarrollo de un país, el comercio ha jugado un papel fundamental.

No hay duda de la importancia del comercio externo para el desarrollo. No obstante, algunos aspectos merecen un análisis más detenido para precisar cuáles son los complementos necesarios de un TLC.

En primer lugar, un análisis de series históricas muestra que es posible crecer con economía cerrada, al menos por un tiempo. Para conseguirlo, el país necesita proteger la tecnología en uso con medidas de comercio externo que mantienen diferenciales de precio frente al exterior, lo cual garantiza la rentabilidad de esas actividades y asegura que ellas generen un volumen creciente de empleo.

Pero toda economía en desarrollo necesita importar materias primas y bienes de capital, por lo cual la capacidad de exportar se convierte en un limitante para su capacidad de crecer. Cuanto más tiempo dure la política de crecimiento en economía cerrada, tanto mayor será el diferencial entre precios internos y externos y, tarde o temprano, tropezará con el problema de que ya no consigue exportar un volumen suficiente de bienes para atender sus necesidades crecientes de importaciones.

La estrategia de economía protegida falla al fin porque descuida dos elementos clave: la protección permite que la tecnología interna se estanque respecto a la externa, consolidando empresas ineficientes frente al estándar internacional, y, además, genera una cultura de dependencia del Estado, en la que los empresarios se preocupan más por conseguir protecciones que por innovar en tecnología o en productos. Gradualmente, esa cultura moldea la organización productiva y se convierte en una institución en el sentido social del término, es decir, un hábito mucho más persistente que todas las instituciones que pueden crearse o modificarse mediante leyes y normas.

Este elemento debe añadirse al análisis citado por el doctor Hommes, ya que más de 10 años de apertura no han conseguido eliminar la mentalidad empresarial dependiente, ni modificado suficientemente la organización productiva, ni conseguido que la generalidad de las empresas colombianas valoren la innovación como su principal mecanismo de competencia.

En segundo lugar, es cierto que no existe correlación entre crecimiento de largo plazo y economía cerrada, pero también es preciso anotar que no existe entre apertura y crecimiento. Lo que sí aparece con absoluta claridad en las comparaciones internacionales es que hay una correlación positiva y bien definida entre el crecimiento global de los países y el crecimiento de su comercio externo.

La aparente paradoja se resuelve fácilmente: crecen y aprovechan el mercado externo quienes están preparados para competir o aplican políticas industriales efectivas para promover esa competitividad. En cambio, quienes se abren sin asegurar competitividad, pierden su dinámica previa de crecimiento y terminan estancados.

Hay que entender que todo proceso de innovación, al mismo tiempo que crea nuevas fuentes de trabajo, destruye algunas de las anteriores porque la tecnología cambia y, con ella, el tipo de empleo. El ingreso real de los trabajadores no suele disminuir por esto sino que, por el contrario, aumenta gracias a la reducción de costos y precios, lo cual amplía también el mercado para otras empresas y aumenta así el empleo global. Muchos países industrializados han mantenido esta dinámica durante más de un siglo y algunos en desarrollo la han aprovechado para acelerar su ritmo de crecimiento.

Sin embargo, existe una diferencia entre el proceso normal de sustitución de una tecnología por otra mejor, y lo que puede suceder por causa de un choque externo o de un cambio radical en las reglas del juego.

Con el choque externo, el proceso de destrucción sobreviene de inmediato, sea porque las importaciones crecen o bien porque los precios externos impiden ampliar las actividades que tienen tecnologías obsoletas. El desempleo aumenta rápidamente y, como la capacidad de compra de la población disminuye, pocas inversiones dirigidas al mercado interno siguen siendo rentables. Las empresas obsoletas continúan operando mientras pueden cubrir sus costos variables, pero la ausencia de beneficios hace muy difícil renovar la tecnología en uso y la única vía para bajar costos es el despido de trabajadores, con lo cual su problema empeora porque el desempleo reduce ese mismo mercado interno que antes adquiría sus productos.

En otras palabras, el ajuste competitivo debe hacerse antes del choque, o bien hay que prever apoyos especiales para la modernización posterior.

Los ejemplos de apertura exitosa son muy diversos entre sí, aunque prácticamente ninguno tuvo como punto de partida un choque externo. Cabe distinguir cuatro tipos. Uno, el de quienes exportan gracias a su bajo nivel de vida, generalmente en un período de posguerra, como la fase inicial de los Tigres de Asia o el caso de Vietnam. Dos, los que mantienen un sector planificado que subsidia el desarrollo del sector privado, como China o, en menor medida, India. Tres, los que aplican una política industrial con apoyos del Estado a las actividades de exportación, como hicieron los Tigres de Asia durante varios decenios. Cuatro, los que usan transferencias para conservar empleos (políticas agrícolas en países de la OECD) o para inducir una igualación del nivel de vida (ayudas de la Unión Europea a sus nuevos miembros).

Cada una de estas estrategias fue diseñada para una situación concreta, tanto de mercado como institucional, y todas generan distorsiones que deben corregirse en el largo plazo.

El caso de Colombia no permite "importar" ninguno de los cuatro modelos, ya que las condiciones iniciales difieren sustancialmente de las que tuvieron cualquiera de esos países.

Tenemos que buscar otras estrategias que promuevan actitudes de competencia por innovación y que faciliten montar empresas con alta eficiencia tecnológica. Para esto no basta con introducir cambios en leyes y normas, ya que el problema central está en hallar actividades que puedan ser rentables en un entorno de apertura y asegurarles acceso al capital que necesitan para superar las barreras de entrada.

El otro elemento, el de la política social equitativa y justa, pasa por la generación de empleo estable y suficiente, para lo cual hay que comenzar por mantener cuanto sea posible del empleo actual y encontrar formas de distribuir mejor las oportunidades de progreso.

Ambas estrategias requieren tiempo para dar frutos y éste sólo puede otorgarlo una negociación de apertura gradual para los sectores que son más sensibles en términos de empleo.

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