EL SÍNDROMEDE SEJUELA

EL SÍNDROMEDE SEJUELA

Los años no pasan en balde, es el inevitable paso del tiempo que mujeres y hombres perciben de diferente manera, y no falta quienes se resistan.

21 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Los años no pasan en balde, es el inevitable paso del tiempo que mujeres y hombres perciben de diferente manera, y no falta quienes se resistan.

Lo notan comprando música y ver que sus gustos no coinciden con el de la juventud. Mientras los mayores prefieren los Beatles, la salsa y baladas viejas, los jóvenes buscan el rock de Molotov, al rapero Nellyville, al punk de Blink o la metálica de Nickel Back, lo demás les suena a chucuchucu.

Los adultos aman las noches de bohemia animadas por boleros, pero los sardinos (as) prefieren los grandes conciertos y escaparse a Capachos que para ellos es una chimba, lo otro les parece boleta.

El espejo hace el papel de abominable polígrafo o detector de mentiras que delata con crudeza sus párpados caídos, las patas de gallina, la celulitis y el deterioro de la piel como relleno fluido de Transmilenio. El espejito es el mejor comercial de las cirugías estéticas: rinoplastia (reparación de nariz), otoplastia (latonería de las orejas de elefante), de la liposucción; de los gimnasios, los spa y cuanta dieta aparezca.

La presbicia les estira la mirada allende el abdomen. El solo olor del whisky les sube de categoría los triglicéridos que pasan a multiglicéridos. Se vuelven calculadores, no por cautela sino por los cálculos en la vesícula. La bilirrubina alta los exaspera y los pone en guardia como a funcionario calificado con semáforo en rojo por el Comité por la Transparencia.

La espalda se les pone sensible y la columna con más discos rayados que programa radial de música de antaño. La hipertensión y la gastritis les producen convulsiones internas como en la Fiscalía. La libido, revaluada como el dólar y los concursos de meritocracia, pide repotenciación.

El colón se torna irritable como ciertos funcionarios públicos, pero la colonoscopia los crispa más que la reelección al partido Liberal. De gestos dulces, no de ternura sino de glicemia alta. La próstata y la vejiga los acosan más que a morosos reportados en Datacrédito.

A ellas las llaman cuchibarbis, a ellos cuchigomelos. Para los obsesionados por el síndrome de sejuela (se jue la juventud), circula en internet un manifiesto juvenil que dice que la "juventud no es cuestión cronológica, sino un estilo de vida" y lo firman jóvenes octogenarios.

Y si siguen obsesionados hay un consuelo: si mueren sesentones, los amigos y la gente lamentarán que hayan estirado la pata muy jóvenes.

* Magister en Desarrollo

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