EL DELITO POLÍTICO DE HABLAR POR HABLAR

EL DELITO POLÍTICO DE HABLAR POR HABLAR

Uno: a propósito de la ley de alternatividad y de toda la garrulería desatada, príncipes a contrato de los derechos humanos, ex presidentes en busca de auditorio, diplomáticos con sed de reverencia (porque, ah carajo! cómo se crecen los burócratas de la UE cuando nos miran) uno pasa saliva. Y estando ya a punto de soltar un madrazo, surge la madrecita de algún secuestrado y entonces todo respeto es poco y uno se aguanta.

24 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

Uno: a propósito de la ley de alternatividad y de toda la garrulería desatada, príncipes a contrato de los derechos humanos, ex presidentes en busca de auditorio, diplomáticos con sed de reverencia (porque, ah carajo! cómo se crecen los burócratas de la UE cuando nos miran) uno pasa saliva. Y estando ya a punto de soltar un madrazo, surge la madrecita de algún secuestrado y entonces todo respeto es poco y uno se aguanta.

Pero enseguida vuelve a la carga la dulce hermanita Betancur que agita pasaporte francés, su ex cuñado que agita pasaporte ídem, su cuñado que agita pasaporte de otra parte, y los tres vomitan la acusación de que el presidente Uribe es personalmente culpable de lo que sufre Ingrid en la selva (las Farc hacen apenas el papel de nurse compasiva), y ahí duele el estómago de admiración por tan lúcida sutileza.

Luego perora un eurodiputado español que se refiere a Colombia como si fuéramos Uganda y compara a Uribe con Idi Amín -para evitarse mencionar a Franco, del tiempo en que el eurodiputado comía callado- y uno siente que en el mundo donde domina el conocimiento ocurre como con nuestro limpiabotas concejal de Bogotá, con la diferencia de que el de aquí es uno y los de allá unos cuantos.

Lee enseguida el alarde de democracia con que varios delegados belgas, franceses y alemanes piden cerrarle la puerta y los oídos a un presidente que quiere contarles cómo somos, qué nos pasa y quién es él, y discutirlo. Lo califican de parecerse a Mobutu, a quien los papás de ellos protegieron para perpetuar la miseria del Congo, casi tan perenne como la de Haití, supremo ejemplo de lo que el humanismo francés hizo en el Caribe con los negros; y no toquemos la limpia hoja de los alemanes para no cansar.

Al día siguiente el icono de comparación es nada menos que Hitler, para cerrar con grito. Algún compatriota, por radicalmente izquierdista o bruto que sea, podría secundar tamaña idiotez?.

La secuencia sigue con tres chilenos bien pagados -en cheque y en su personal majestad- garroteando al país en la TV con toda suerte de jurisprudencias que el primer mundo dicta pero no aplica, y a uno se le ocurre preguntar cómo estos guerreros contra la impunidad se sentirán con Pinochet, la señora Pinochet y el hijo Pinochet cada día más popochos, oficiando en el curubito de su país.

En fin, que acaba uno entendiendo tras tanto desvivirse por la justicia en lejanías subdesarrolladas -y metamos ahí a Sicilia, porque cabe y para entender la libido judicandi de don Baltazar Garzón, luminoso fin de la lista- que la superabundante bulla no puede ser más que elusión de conciencia. En serio: qué hacemos los colombianos con el fardo de memez revestida de sapiencia y solidaridad internacional, que no nos deja pensar ni discutir entre nosotros lo que toca hacer, ahogados en la jerga y los lugares comunes de unos tipos que, con rarísimas excepciones, no saben de qué hablan, o saben y mienten para lucirse? Eso debería ser delito político.

Yo propongo: páguenle en la presidencia a un par monjes que no tengan otro oficio que soportar la cháchara, mientras el gobierno trabaja y a los demás, uribistas y antiuribistas sin bozal, nos dejan debatir lo nuestro en la poquita paz que nos queda.

Dos: más en serio. El delito político, la rebelión, necesita probarse, dicen. Los `paracos no tienen cómo porque no están luchando contra el sistema, afirma el sabio especialista en semáforos en rojo.

Cabe preguntar entonces: guerrilleros que no pueden explicar ni cómo se llaman, quién gobierna, qué es la revolución ni qué es izquierda o derecha, vale decir, quince mil de los quince mil quinientos que hay, cómo harán para probar el suyo?

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