PARQUEADEROS, UNA RUEDA SUELTA

PARQUEADEROS, UNA RUEDA SUELTA

Los parqueaderos públicos en Bogotá son una rueda suelta y están fuera del control de las autoridades distritales que, además, se rebotan entre sí la responsabilidad de su vigilancia: la Secretaría de Gobierno señala a la Secretaría de Tránsito y Transporte (STT) y esta, a su vez, a las alcaldías locales que, en últimas, se declaran amarradas por las normas para actuar.

23 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Los parqueaderos públicos en Bogotá son una rueda suelta y están fuera del control de las autoridades distritales que, además, se rebotan entre sí la responsabilidad de su vigilancia: la Secretaría de Gobierno señala a la Secretaría de Tránsito y Transporte (STT) y esta, a su vez, a las alcaldías locales que, en últimas, se declaran amarradas por las normas para actuar.

Mientras tanto, los usuarios padecen por los abusos en las tarifas impuestas para el parqueo en lotes o centros comerciales, y por los daños a vehículos y hurtos que muchas veces se quedan sin resolver. Así lo confirman las 25 quejas recibidas por EL TIEMPO en las dos últimas semanas contra parqueaderos de la ciudad.

El descontrol con los estacionamientos se le atribuye inicialmente al decreto 423 de 1995, que liberó las tarifas y permitió que estas quedaran al libre mercado. La norma también dejó sin efecto la clasificación de los estacionamientos según su ubicación y condiciones locativas (antes la tarifa dependía de si eran abiertos, cerrados o subterráneos), y aceptó la eliminación del requisito de la licencia de funcionamiento para operar.

Como consecuencia, la regulación y vigilancia de tarifas terminó en un pinponeo: La STT dijo que la vigilancia está a cargo de su similar de Gobierno a través de las alcaldías, y que su responsabilidad solo llega hasta la regulación del parqueo en la calle. Para rematar, el Plan Maestro de Estacionamientos, que podría meter en cintura al sector, se ha hundido varias veces en el Concejo.

Sin herramientas.

Pero la Secretaría de Gobierno insistió en que la regulación de estacionamientos públicos y privados corresponde a la STT.

"Las alcaldías no autorizamos tarifas. Lo único que nos permite la norma es certificarlas porque es una actividad privada de libre competencia", dijo la alcaldesa de Chapinero, Consuelo Aidé Gómez.

Y esas normas, aseguraron funcionarios de otras alcaldías, les impide controlar a los parqueaderos. "Antes -afirmó Jorge Luis Barbosa de la alcaldía de Fontibón-, si los parqueaderos no cumplían requisitos de operación y sanitarios, no se les daba la licencia de funcionamiento".

Ahora, explicó, si presentan todos los documentos como el registro en la Cámara de Comercio y el pago de derechos de autor, autorizan su apertura. "Y para la aprobación de las tarifas basta que las presenten, las alcaldías no tienen parámetros para exigirlas técnicamente ni pueden negarse a autorizarlas", añadió Barbosa.

Proliferación.

En medio de este desbarajuste, el negocio creció legal e ilegalmente. Por un lado, empresas formales se dieron a la tarea de multiplicar su número, estimulados por el Gobierno Distrital y un acuerdo del Concejo que autorizó exenciones tributarias por 10 años para quienes construyeran nuevos estacionamientos entre diciembre del 98 y el 31 de diciembre del 2001.

Ese beneficio tributario -informó la Secretaría de Hacienda- se acabó en diciembre del 2002 para los nuevos parqueaderos abiertos en el centro de la ciudad.

Hoy, existen 990 parqueaderos públicos registrados en la Cámara de Comercio de Bogotá. Pero esa cifra puede rebasar los mil porque hay un alto porcentaje de parqueaderos de garaje .

"En los últimos años crecieron fuera del control de las autoridades tributarias y las alcaldías, y ejercen una competencia desleal porque no pagan ningún impuesto como los parqueaderos organizados, ni a ellos les caen las auditorías", coincidieron en señalar el gerente de City Parking, Juan Carlos Salazar, y Fernando Dueñas, del departamento Jurídico de Parking Internacional, dos de las más grandes empresas de parqueo de la ciudad.

Tampoco las autoridades saben con certeza -ni los empresarios informan-, cuánto dinero mueve el negocio. Pero basta calcular que un estacionamiento, con capacidad para 300 vehículos en el norte de Bogotá, con una tarifa de 2.500 pesos hora, recibiría en un día 750 mil pesos. Esto en el caso hipotético de que no entraran más carros y no excedieran los 60 minutos de parqueo. Y hay parqueaderos que cobran 3.000 pesos la primera hora y 6.000 si se pasa un minuto de la segunda. Pero el conductor no tiene ante quien reclamar (ver recomendaciones).

Los empresarios de parqueaderos argumentaron que las tarifas se ajustan al mercado y se cobran según la zona, la disposición de infraestructura y seguridad, pues no es lo mismo un lote o un subterrráneo arrendado en el centro que en el norte, donde cuesta más.

Soluciones a la vista no hay por el momento. Los conductores quedan, por ahora, "condenados a la anarquía mientras no se expida el Plan Maestro de Estacionamientos", aseguró el concejal Alfonso Prada. De aprobarse algún día, el costo de parquear en vía pública permitirá regular también el estacionamiento en áreas privadas. Para tener en cuenta Los parqueaderos públicos tienen una libertad de tarifas vigilada. Sin embargo, la prestación del servicio en estos lugares se rige por el Estatuto de Protección al Consumidor, de acuerdo con la Superintendencia de Industria y Comercio. Cuando un conductor deja su carro en un parqueadero público -establece el Estatuto y la Superintendencia-, el dueño del estacionamiento recibe en depósito y custodia un bien y, por lo tanto, de la integridad "de los bienes que lo componen", así como de sus "equipos anexos o complementarios". De ahí que los propietarios de los parqueaderos tienen la obligación de disponer de una póliza de seguros por 20 millones de pesos para que cubra esos accidentes o pérdidas. Para tener derecho a esas reclamaciones, el conductor debe exigir el tiquete o recibo al ingresar al estacionamiento. Igualmente, debe informar al responsable del parqueadero el estado del automotor -que no tiene ningún rayón etc., -.y si tiene otros objetos como joyas y otros elementos de valor en el auto. Y si advierte luego un daño o pérdida, debe hacer la reclamación antes de salir con el auto del estacionamiento. En caso de hurto, se debe colocar la denuncia en una de las grandes estaciones de Policía de la ciudad. Por eso, hay que abrir bien los ojos cuando en un parqueadero no entregan el tiquete de ingreso, o a través de letreros avisan que no responden por objetos, o que el estacionamiento es gratuito. Si se entra a algunos de estos sitios, se asume un gran riesgo. Así como sucede con bicicletas o motos, ya que la mayoría de parqueaderos no están respondiendo por estos vehículos y no hay autoridad que vigile este descontrol. Desafortunadamente, en los casos de hurtos de autos tampoco están respondiendo los parqueaderos, aunque es su obligación. En esos casos, expertos aconsejan averiguar por la aseguradora del parqueadero para hacer la reclamación y si este no la tiene, poner también la denuncia ante un juzgado para seguir un proceso por la vía civil. En últimas, se puede acudir a la Liga de Consumidores.

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